Cadáver Exquisito en el País de los Mirlos Negros: capítulo doce

Artículo publicado el 27 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 27 de Octubre de 2014

¿Fue Kosovo, a comienzos del 2000, escenario de tráfico de órganos perpetrado por guerrilleros kosovares a prisioneros serbios? Continuación y fin de nuestra investigación que toca el tañido fúnebre a cargo de la UE, que no responden precisamente a todas las preguntas.

Después de más de tres años de investigaciones, el comunicado de prensa decayó: la investigación sobre el tráfico de órganos de la Unión Europea está oficialmente "terminada". El 29 de julio de 2014, entre los conflictos de Ucrania y la Franja de Gaza, el procurador Clint Williamson devolvió sus conclusiones. Es un mazazo en el corazón del "agujero mediático" estival ya que el acta de acusación es pesada: crimen de guerra y crimen contra la humanidad. La investigación de la UE confirma las afirmaciones de Carla Del Ponte y el informe Marty. Durante el conflicto de Kosovo, miembros del UÇK mataron a serbios para extraer y vender sus órganos. Según Williamson: "esto se produjo a una escala muy limitada. Menos de una decena de individuos". Aun así, no deja de ser una "práctica horrible, una tragedia terrible, y que sea a pequeña escala no reduce el salvajismo del crimen". Evocamos la posible inculpación de una "decena" de ejecutivos del "nivel más alto" de la antigua guerrilla, cuyos nombres todavía no son conocidos. 

La jurisdicción por la que Williamson presentará su informe definitivo debería salir a la luz en 2015, en un país que aún se desconoce. En el pasado mes de abril, bajo la presión directa de sus compañeros occidentales, Kosovo aceptó el principio de la creación de un tribunal internacional especial y pensado para investigar los crímenes de guerra cometidos en Kosovo. Este tribunal debería formarse bajo la jurisdicción de Pristina, acogiendo a investigadores y a magistrados internacionales. Para tratar de limitar las presiones sobre los testigos, las voces se elevan para pedir una deslocalización de la institución. Hashim Thaçi aseguró que este tribunal "injusto" representaba "el insulto más grande para Kosovo", pero que su creación era ineluctable. ¿Está dispuesto Kosovo a afrontar su pasado? Los europeos pasan la mano, ¿para lo bueno o para lo malo? 

"Ninguna nueva investigación no llegará a ningún resultado porque no hay ninguna voluntad política. No hace falta que la situación en Kosovo evolucione", profetizaba Carla Del Ponte. Durante casi una decáda,  han sido llevadas a cabo seis investigaciones sobre el tráfico de órganos en Kosovo, de Belgrado a Bruselas, pasando por Pristina. Desde entonces, ocurrieron presuntas desapariciones en la naturaleza, pruebas suprimidas, persecuciones abandonadas, intimidaciones y denegaciones atronadoras, incoherencias incomprensibles y virajes de situaciónes improbables. Cuando se procura obtener la global picture, observamos que las fechas del asunto se desgranan según una cronología perfectamente programada, como si las divulgaciones fueran calzadas sobre importantes acontecimientos diplomáticos. El calendario de las revelaciones se sobrepone a la agenda geopolítica de la región, particularmente el reconocimiento de la independencia de Kosovo. Como si un misterioso deus ex-machina movía los hilos de acontecimientos que no surgían nunca al azar.

Ver el timeline de los acontecimientos

La autonomía de Kosovo es una realidad. Sin embargo, ciertos juristas subrayan que el reconocimiento a priori de la existencia de un tráfico de órganos, criminalmente considerado como un crimen contra la humanidad, habría podido hipotecar gravemente el proceso de independencia. ¿Cómo reconocer a antiguos guerrilleros acusados de crimen de guerra de cualquier legitimidad política? ¿Por qué reconocer un Estado autoproclamado y dirigido por criminales de guerra? ¿Cuál era la parte de responsabilidad de la comunidad internacional que sostuvo ampliamente a los rebeldes del UCK? Sobre todo,¿cómo juzgar un crimen de guerra de manera imparcial? 

Con su independencia, que todavía no es reconocida por el conjunto de la comunidad internacional, Kosovo, una suerte de Frankenstein del derecho internacional, creó el precedente peligroso. Sí, es posible redibujar las fronteras, de intervenir militarmente y sostener una guerrilla dudosa que, una vez en el poder, escapará de todo control. Sí, es posible privatizar un país en ruina, y una década de presencia internacional a veces significa más corrupción que cualquier consolidación de un statu quo frágil. 

Quince años después de la guerra, la única realidad de los tráficos de órganos son los centenares de desaparecidos, cuyos restos todavía no han sido encontrados. El sufrimiento de sus allegados es tangible, su espera, insoportable. Con su silencio, la comunidad internacional contribuye a ahogar una saga increíble, que mezcla embrollo geopolítica y serial judicial. ¿Sin prueba material, ni cadáver, ni protección de los testigos, una jurisdicción enésima y especial la ha permitiido hacer todas las aclaraciones? 

Ganar la paz es más complicado que ganar la guerra. Una especie de espejismo golpeó vagos testimonios, caras enmascaradas, indicios fluctuantes o un cuento balcánico de una verdad variable. La historia del tráfico de órganos ilustra la madeja de las heridas siempre vivaces que no acabaron de abrazar a los pueblos de Kosovo y de Serbia. A falta de no haber sido resuelto nunca en una sala de audiencia, el asunto debería llegar pronto a las pantallas de cine. La ficción permite ir a veces a más cerca de la realidad. El director Emir Kusturica escogió este asunto para hacer su próxima película. En cuanto a Ilir, él no respondió nunca más a mis llamadas. Me había contado que Kosovo venía de la palabra serbia kos, que significa mirlo negro. Y que durante el "giro", el paseo tradicional y familiar de la tarde, se podía oír en las cuatro esquinas del país el canto de los mirlos confundirse con el del muecín. Mucho después de nuestro encuentro, supe que su familia pertenecía a uno de los clanes mafioso más poderosos de Albania, allegados de Hashim Thaçi, quien me pidió escribir la historia de su país.

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