Cadáver exquisito en El País de los Mirlos Negros: capítulo dos

Artículo publicado el 18 de Agosto de 2014
Artículo publicado el 18 de Agosto de 2014

¿Fue Kosovo, a comienzos del 2000, escenario de tráfico de órganos de prisioneros serbios perpetrado por guerrilleros kosovares? Nuestra siguiente investigación trata de una ciudad colorida con Mercedes antiguos y una extraña casa amarilla.

II. es una casa amarilla...

En los Balcanes, el silencio es al mismo tiempo de plomo y de oro. Desde el fin de la guerra, una verdadera omertà reina entre los habitantes sobre las posibles extorsiones cometidas por los exmiembros del UÇK (Ejército de Liberación de Kosovo). Ahora, los guerrilleros han desertado el maquis por el foro político. La inmensa mayoría de los antiguos rebeldes uniformados, con barba espesa y kalachnikov se han convertido en hombres de poder e influyentes tanto en Albania como en Kosovo. Con trajes italianos, grandes berlinas negras y gafas de sol.

Llego en una noche de abril a la capital albanesa, Tirana, que adquiere en primavera un falso parecido a Roma. Fachadas de color ocre, una arquitectura de inspiración fascista, terrazas abarrotadas y largas palmeras. El ambiente parece estar en plena ebullición: bandas de jóvenes se pasean a todas horas del día y de la noche. Los embotellamientos de cláxones de los Mercedes de los años 80 -o de campesinos subidos en sus carretas- hacen vibrar los tímpanos. En otra época fue una ciudad triste y gris, ahora, gracias al alcalde y pintor de profesión Edi Rama, también Primer Ministro desde septiembre de 2013, Tirana ha cogido tonos coloridos. Desde su elección en el 2000, ha replantado zonas verdes, ha limpiado las orillas del río Lana que atraviesa la ciudad y, sobre todo, está infligiendo una terapia de choque para "animar la moral de los habitantes". Las fachadas de los bloques de edificios fueron repintados de amarillo limón, rojo vivo o verde manzana, un auténtico bloc de colorido urbano.

Esta avalancha de colores no hace ni mucho menos olvidar los oscuros años de conflictos. Es en los días posteriores de la guerra de Kosovo cuando surgen en Albania los primeros rumores sobre un supuesto tráfico de órganos. Un crimen odioso que habría sido perpetrado al día siguiente de la guerra sobre prisioneros serbios. Estos detenidos serbios habrían sido encerrados en campos de concentración secretos situados en zonas de difícil acceso, precisamente en las montañas del norte del país, justo en la frontera con Kosovo. Según varios testigos, el tráfico habría favorecido para alimentar los fondos ilícitos del Ejército de Liberación de Kosovo y para apoyar su resistencia.

Una de las primeras personas que oyó hablar del caso fue un periodista de investigación albanés, nacido el mismo día de la muerte del sangriento dictador Enver Hoxha, en 1986. Escondido en la humareda de un comedor de Blloku, el barrio de la antigua nomenclatura comunista, Arben (su nombre ha sido cambiado) hace aros de humo con sus cigarrillos. A principios del 2000, Arben trabajaba como fixer (guía local) para Michael Montgoméry, un reportero de radio americano que se interesó por el pasado turbulento del UÇK. La tarea resultaba muy difícil, si no imposible para Arben. "En Albania, es imposible obtener la menor información sobre los posibles crímenes de guerra cometidos por los soldados del Ejército de Liberación. Ningún albanés hablaría mal del UÇK. Ellos son los 'patriotas' que liberaron a Kosovo de la tutela y de la opresión serbia. Poco importa lo que pudo suceder durante la guerra. Los guerrilleros del UÇK son considerados como héroes aquí y seguirán siéndolo".

Sin embargo, Montgoméry logró obtener testimonios de varios antiguos combatientes, notablemente presos de remordimientos. En sus cintas de audio, un antiguo chófer del UÇK, cuenta que tuvo que escoltar a varios prisioneros serbios hasta una misteriosa "casa amarilla", no muy lejos de Burrel, en las montañas al norte de Albania. Él dice haber recibido de sus superiores la consigna de "no herir a nadie". Describe a médicos que garantizaban la "buena salud" de los capturados. Este testimonio evoca la conversación de otros chóferes que mencionan palabras como "órganos, riñones y tránsito hacia el aeropuerto". Según otra fuente, camiones que cruzaban regularmente la frontera con Albania con cargas de prisioneros y que posteriormente regresaban vacíos a Kosovo. Otro observador le dice a Montgoméry que el UÇK "ha hecho una fortuna con el tráfico de órganos", recibiendo cerca de "45.000 dólares" por cuerpo.

Arben acompañó a Montgoméry al pueblo de Burrel  para verificar las informaciones que había recogido y tratar de identificar a los testigos. Realmente, incluso él mismo encontró dificil creer en esta historia. "Burrel está en un rincón remoto en las montañas. Las carreteras son muy malas. No hay ninguna infraestructura. La hipotética retención después de los transportes de órganos hacia el aeropuerto de Tirana en pleno conflicto kosovar, mientras que los militares estaban por todas partes en la región, y que los enlaces eran imposibles, en realidad, a mí me parecía muy poco creíble", explicó.

Sin embargo, encontraron la famosa "casa amarilla": una gran granja cerca de Burrel. Sin embargo, la falta de pruebas suficientes para interrogar a los propietarios hizo que tuvieran que abandonar la investigación. En 2003, Michael Montgoméry decidió pasar el testigo. Convencido de que los funcionarios internacionales enviados a Kosovo para administrar el país después del conflicto tendrán más medios humanos y materiales para perseguir la investigación, Montgoméry transmite sus informaciones a la MINUK, la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo a cargo de la reconstrucción del país.

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