Cadáver Exquisito en el País de los Mirlos Negros: capítulo ocho

Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2014
Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2014

¿Fue Kosovo, a comienzos del 2000, escenario de tráfico de órganos de prisioneros serbios perpetrado por guerrilleros kosovares? Tal vez, la respuesta se encuentra en una antigua línea del frente, en el norte de Kosovo, donde el presidente de la Asociación de las Familias de los Desaparecidos Serbios nos concedió una entrevista entre dos tanques.

VIII - En el puente de Mitrovica

Quince años después del conflicto, miles de personas siguen desaparecidas. La cifra oficial es de 1.799 según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Para defender la memoria de estos, se llama a la "Missing Persons", existen nada más y nada menos que 22 asociaciones oficiales: hay familias de los desaparecidos "albaneses" y las de los desaparecidos "serbios". El presidente de la Asociación de las Familias de los Desaparecidos serbios, Milorad Trifunovic, aceptó encontrase conmigo: me dio cita en Mitrovica, en el norte del país.

La región, mayoritariamente poblada por serbios, escapa del control de las autoridades de Pristina y se convierte en escenario de actos violentos esporádicos. Anidada en colinas verdosas, la vieja ciudad de Mitrovica cristaliza siempre las tensiones entre comunidades serbias y kosovares. Los edificios oficiales son regularmente bombardeados, atentados, e incluso se efectúan genocidios. Las últimas elecciones municipales en diciembre de 2013, puestas  bajo alta vigilancia, tuvieron que ser renovadas.

Antigua línea del frente durante la guerra de Kosovo, el río Ibar en Mitrovica todavía separa los barrios albaneses en el sur del barrio serbio en el norte. Sobre el puente de Mitrovica, Fadil, mi fixer albanés se frena en seco y dice: "No iré más lejos". Con su dedo, señala con un cierto aire inquieto la otra orilla: una barricada y un campamento improvisado sobre el cual flotan pequeñas banderas serbias que son custodiados por unos paramilitares desaliñados y notablemente alcoholizados. Fadil se niega a avanzar. Aparte de los hombres de negocios, empleados internacionales y algunos curiosos, la mayoría de los habitantes casi nunca cruzan el puente de Austerlitz para llegar a la otra orilla, excepto si es necesario. Después de diez minutos de charloteo, Fadil acepta traducir la entrevista en medio del puente. Cerca del tanque de la KFOR y de los carabinieri italianos engominados que vigilan la zona.

Bigote, chándal y cadena de oro, Milorad Trifunovic llega pronto trotando con sus zapatillas. Encasillado en un monólogo constante, solamente interrumpido por el sonido de su teléfono móvil, Trifunovic no se hace de rogar para contar la guerra, "su guerra". Este exminero que trabajaba en la gran mina de carbón de la región, en el conglomerado de Trepča, con un restaurante, adinerado, con familia, muchas relaciones y con "el comienzo de una carrera política", vio como su vida dio un vuelco en 5 minutos. En junio del 99.

"Los bombardeos de la OTAN en Kosovo agravaron terriblemente la situación en la región y provocaron un verdadero ajuste de cuentas", confiesa él. Muchos secuestros se produjeron después de la instauración del protectorado internacional, en junio de 1999. "Cerca de 25.000 serbios fueron cazados, 2.000 fueron asesinados y 1.000 se volatilizaron. Milošević no ha sido el único que ha realizado una gran limpieza étnica", dice Trifunovic suspirando.

Su casa, que era el cuartel general de la KFOR en la época, "fue quemada por los albaneses ante la mirada de la comunidad internacional que no movió ni un dedo". Su hermano desapareció con 35 años, con otros nueve colegas de trabajo. "No sabemos nada mientras esperamos. Incluso si han pasado ya quince años, nosotros guardamos la esperanza  de que esté vivo en alguna parte, a pesar de todo".

Para los que todavía no obtuvieron información sobre sus allegados y que todavía continúan vivos y fijos en sus recuerdos, se están cometiendo "verdaderos chantajes con los desaparecidos en los alrededores. Bandidos que utilizan la desesperación de las familias para hacer dinero". Trifunovic tiene constancia de que le hicieron creer durante estos últimos años que sus hijos, sus hermanos y sus padres estaban vivos y que se le revelaría el lugar de su cautividad, a cambio de dinero. "Una vez enviadas las cantidades, evidentemente estos mafiosos desaparecían sin dejar rastro".

Fue hacia el final del año 2000 cuando Trifunovic oyó hablar por primera vez de tráficos de órganos en la región. Primero rumores, luego sospechas, nacidas de una realidad sórdida. Durante el conflicto, recuerda Trifunovic, a menudo se topaban a lo largo de los caminos con cadáveres de combatientes de edad avanzada. "Pero los cuerpos de los jóvenes, con buena salud, nunca nos los encontrábamos".

Trifunovic afirma que conoce a uno de los testigos mencionados en el primer informe de la MINUK. Es un vecino albanés, un "antiguo chófer del UÇK". Cuando le pregunté si sabía dónde podía encontrarle, comenzó a reírse en mis narices. Antes de proseguir, con aire amenazante me dijo: "¿Usted quiere que él me mate? ¿O que él sea ejecutado? Hace ya mucho tiempo que no confiamos en los extranjeros. Aquí todo el mundo manipula la verdad. Los serbios se corrompen en prisión y los albaneses guardan su impunidad protegidos por los americanos y las potencias occidentales".

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