Camarero, hay un demonio en mi cabello

Artículo publicado el 13 de Junio de 2012
Artículo publicado el 13 de Junio de 2012
En la comunicación con los demás seres humanos es muy importante saber exteriorizar a tiempo las propias emociones, antes de que las consecuencias sean irreparables. Especialmente si se trata de advertir a alguien que no habla vuestro idioma de que estáis realmente furiosos.

Una mañana gris, que la lavadora pierda agua, que los bonos del Estado griegos os hagan perder 400 euros o los resultados de las oposiciones: todas buenas razones para sentir entre el pelo una picazón que no se va. Es lo que los italianos llaman “avere un diavolo per capello” (tener un diablo en el cabello), expresión popular que combina sabiamente creencia en el más allá y picores insoportables en los focos del autocontrol. Así como en la Divina Comedia Dante y Virgilio atravesaron el centro del mundo agarrándose a los pelos de Lucifer, en la imaginación popular el demonio paga con la misma moneda a la humanidad: tirando del pelo y controlando a placer a quien se deja dominar por la ira.

La tradición religiosa italiana, presente en todos los ámbitos de la vida cultural, no se suele encontrar en otras lenguas. En este caso, no obstante, tenemos a los españoles, que están “de un humor de mil demonios”. La personificación del “genio malvado” existe entre los ingleses, que dicen “she had hair like the devil”. Menos religión y más fantasía en otros países: "fuchsteufelswild sein" es un término alemán compuesto que designa a alguien diabólicamente furioso como un zorro (“Fuchs”), una especie de diablo (“Teufel”) en miniatura. A medida que avanzamos por la Europa continental, las emociones se hacen menos violentas y casi arrancan una sonrisa: en Francia es común el dicho “voir rouge” (“ver rojo”), pero se usa "chier une pendule" (“cagarse en un péndulo”) para quien monta en cólera por una tontería. Una expresión capaz de hacer callar hasta al más furioso de los indignados, un poco como el polaco “wisciekly jak osa” , literalmente “cabreado como una abeja”.

Fotos: portada, (cc) Vicente Alfonso/flickr