Camareros para Su Majestad

Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2006
Desde la ampliación de la UE, cada vez más polacos jóvenes prueban suerte en Gran Bretaña. Embalan, trabajan de camareros y aguardan a la espera de su gran oportunidad.

En el ala de los empleados del Museo de la Ciencia de Londres, un hombre correctamente vestido y de origen pakistaní sobresale entre un grupo de jóvenes polacos y les da recomendaciones: ajustarse bien la corbata, el delantal sobre las rodillas, nada de pendientes ni collares, la melena fuera de la cara. “Al baño sólo se va cuando yo lo permita. A quien vea comer a escondidas, puede irse directamente a casa.” Agnieszka mira sus lustrosos zapatos. Su amiga Magda llegó cinco minutos tarde y recibió en vez de su esperado sueldo el “permiso” para volverse a casa. Una conocida personalidad de la alta sociedad londinense da en las representativas salas del museo una cena para 300 invitados. Allí no se permiten retrasos.

Agnieszka está contenta de estar contratada hoy para la recepción, y de poder servir hasta las dos de la noche. Con el salario mínimo británico de 5,5 libras esterlinas por hora, gana 49,50 en una tarde. En Polonia, esto es un cuarto del salario semanal de un profesor. Después de haber acabado en Wroclaw sus estudios para convertirse en óptica, Agnieszka Olszowka llegó hace un año y medio a Londres. Para perder su acento, trabaja para la firma polaca Silver Catering. El trabajo duro y los largos turnos no le importan. Al fin y al cabo, así empezó su jefa, Kamila.

Un salario de ensueño

Kamila Wiesniewska-Galka fue “Miss Polonia” en 1998. Entonces viajó por el mundo, bebió champán y ganó mucho dinero. El mismo año acabó sus estudios de informática. Tres años más tarde, Kamila siguió a su novio hasta Londres. Allí se colocó como camarera y sirvió en recepciones, en las que en otros tiempos ella misma habría sido recibida. Hoy, a sus treinta años, está en la entrada de colaboradores del Museo de la Ciencia y comprueba uno de sus tres móviles. Lleva una chaqueta de tweed a cuadros marrones y violetas sobre su jersey naranja. Kamila es hoy una dama de la alta sociedad; por eso, se ha trasladado al selecto barrio de South Hampstead para vivir.

Algunos de los 650 camareros que trabajan para ella tuvieron incluso el honor de servir en el tradicional campeonato de polo de la Reina. Dos tercios de los empleados de Kamila son polacos, que han llegado hasta ella por medio de amigos, familiares o algún anuncio en periódicos polacos. Ningún inglés trabajaría tan duro por 5,50 libras. Para polacos, checos y eslovacos, este es un salario de ensueño. También el Gobierno británico pensó en ello hace dos años.

Miedo a la invasión polaca

Cuando en mayo de 2004 diez países de Europa central y oriental entraron en la Unión Europea, los británicos aprovecharon la oportunidad para lograr mano de obra barata. Gran Bretaña fue uno de los tres países que ofrecieron a los nuevos ciudadanos de la UE permisos de trabajo ilimitados. Según el informe sobre migraciones del Gobierno británico, hasta junio de 2006, casi medio millón de trabajadores de los nuevos países de la Unión lograron trabajo en Gran Bretaña. La patronal británica estima que otros 100.000 entraron sin registrarse en la Secretaría de Trabajo. El 82% de los inmigrantes tienen -según la estadística gubernamental- entre 18 y 34 años.

Uno de cada dos inmigrantes registrados viene de Polonia. Como la mayoría de los inmigrantes, trabajan en fábricas, en almacenes o embalando. Pero también sirven a los británicos el té de la mañana y la pinta de la tarde. La expresión “polish waiter” (camarero polaco) es ya un concepto establecido. Los tabloides ya advierten de una “invasión polaca” de jóvenes poco formados, jóvenes del Este de Europa que buscan hacerse de oro en Gran Bretaña.

Potencial polaco

Sin embargo, los nuevos inmigrantes apenas reclaman nada al sistema social. La mayoría de los polacos en Gran Bretaña están bien formados. Muchos tienen títulos universitarios y no saben cuando volverán a su país –si deciden volver-. El doctor Olgierd Lalko, presidente de la Asociación Cultural y Social Polaca en Gran Bretaña, no quiere volver a oír hablar de la historia de los “camareros polacos”. “Este miedo a la invasión es absurdo. Con los polacos en el exilio no ha habido aquí aún ningún problema”, dice.

Es evidente que gran cantidad de polacos vinieron porque podían ganar más dinero como mano de obra barata en comparación con su país. Pero también hay una generación de inmigrantes que fueron expulsados por los alemanes durante la guerra y que se labraron una nueva existencia en Gran Bretaña.

Como Lalko, también Ania Lichtarowicz, de 31 años, bebe té antes que vodka. Ha estudiado en el prestigioso King’s College de Londres. Hoy es reportera veterana en la BBC. Ania pertenece a una elite bien formada de europeos –como muchos otros jóvenes polacos. Algunos quieren trabajar más tarde en la Comisión Europea, otros en la dirección de empresas internacionales o en las Naciones Unidas.

Vuelta a la tierra natal

¿Qué puede ofrecer Polonia a estos jóvenes? Eso mismo se preguntan varios políticos en Varsovia. La senadora polaca Ursula Gazek quiere devolver mediante una serie de iniciativas legislativas a los emigrantes al país. Algunos de sus colegas han viajado hasta Londres para presentar a polacos con buena formación en sus distritos electorales. Han ofrecido hasta 500 libras a la semana. Aun no ha vuelto ninguno a Wroclaw.

Con semejantes menudencias, Kamila Wiesniewska-Galka no se deja engatusar. Pero tampoco es necesario. Mucho más a gusto que en Inglaterra se siente en Posnan: “Nosotros los polacos estamos tan acostumbrados a esta tierra, que al final siempre volvemos en algún momento”. No obstante, al menos desde el ingreso en la UE, también en la otra orilla del Oder han pasado los tiempos en que uno estaba siempre atado a un pedazo de tierra. Los jóvenes polacos no se van hoy al extranjero sólo a servir a la Reina de Inglaterra. Aunque los tabloides británicos insistan en lo contrario.