Cambio climático, sanidad y economía: tres consejos prácticos de Europa para Obama

Artículo publicado el 19 de Enero de 2009
Artículo publicado el 19 de Enero de 2009
La investidura del 44º presidente de EE UU el 20 de enero se anuncia como el debut más dramático y espectacular desde la llegada de los Beatles a Nueva York. Pero pronto la presión mediática y el despliegue publicitario se habrán acabado y será hora de que el equipo Obama aporte resultados

Este lado del Atlántico es más verde...

Europa ha dado muestra recientemente de su liderazgo ecológico mundial con la aprobación del plan 20-20-20, en el que se compromete a recortar las emisiones de dióxido de carbono de origen humano que contribuyen al calentamiento global al menos un 20% para 2020. Lo harán con un marcado incremento del uso de las energías renovables hasta alcanzar al menos el 20% de su consumo de energía, y legislando el sistema más ambicioso de comercio de emisiones. Europa da muestra de un principio importante que resultará crucial para cualquier acuerdo mundial del clima: las naciones más ricas del continente acordaron contribuir en mayor medida en la lucha contra el cambio climático que las naciones más pobres.

Downing Street/ FlickrLo que es más importante, Europa no ha permitido que la actual crisis económica desbarate su iniciativa. El 13 de diciembre, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, declaró a la BBC: “Podemos hacer de ello una situación en la que todos salgamos ganando, crear más empleos verdes, promover una mayor inversión en la economía de bajo carbono del futuro”. En un reto amistoso al presidente electo, añadió: “nuestro mensaje a nuestros socios mundiales es: Sí, podéis… Especialmente a nuestros socios americanos”.

Sanidad: Francia y Alemania en cabeza

La Organización Mundial de la Salud considera que las naciones europeas tienen los mejores sistemas de sanidad del mundo. De media gastan mucho menos que los Estados Unidos en una cobertura médica universal y, sin embargo, el resultado es de calidad. Francia cuenta con el sistema sanitario de mejor calificación. Los Estados Unidos figuran en el puesto número 37, justo por delante de Cuba y Eslovenia.

ben_templesmith / FlickrSin embargo y en contra del estereotipo, Francia, Alemania y otros países no emplean una ‘medicina socializada’ gestionada por el gobierno. A diferencia del “sistema de salud de un único pagador” (el llamado single-payer system) del Reino Unido o Suecia, esta tercera vía supone el uso de compañías de seguros privadas, listas de espera cortas y la libre elección de médico (la mayor parte de los cuales recibe en su consulta privada). Este híbrido llamado de tercera vía se basa en el principio de una responsabilidad compartida entre los trabajadores, los empresarios y el gobierno. Todos contribuyen de una manera justa para garantizar una cobertura universal. La participación es obligatoria para los ciudadanos, de igual modo que es obligatorio estar en posesión de un carné de conducir para conducir.

Pero hay dos diferencias importantes entre el sistema de atención sanitaria de Francia y Alemania: las compañías de seguro privadas no tienen ánimo de lucro. Los doctores, las enfermeras y los profesionales de la atención sanitaria están bien remunerados, pero no tienes presidentes de grandes corporaciones de atención sanitaria embolsándose cientos de millones de dólares, como en los Estados Unidos. La segunda diferencia clave es el área de control de gastos. En Francia y Alemania el importe del servicio se negocia entre representantes de los profesionales de la atención sanitaria, del gobierno, representantes de los pacientes como consumidores y las compañías de seguro privadas sin ánimo de lucro. Como en el sistema americano de Medicare, juntos llegan a un acuerdo nacional de procedimientos para el tratamiento, estructura de comisiones y tarifas, así como los topes de las mismas. Esto evita que los costes de atención sanitaria entren en una espiral desquiciada y salvaguarda a las empresas europeas del aumento de los costes sanitarios que ha representado una plaga para las empresas americanas.

Poner en marcha la economía

A veces se critica a Europa por su falta de unidad. Pero a veces esa hidra de muchas cabezas proporciona ciertas ventajas. Tener tantas naciones-Estado potentes le permite a cada nación funcionar como laboratorio de las demás, aprendiendo mutuamente de los éxitos y defectos ajenos. Cada país de la Unión Europea trató inicialmente su propio fórmula de rescate durante la tremenda debacle financiera de otoño de 2008. Tras dos semanas, la estrategia británica de primer ministro Gordon Brown resultó ser la más efectiva. El resto de Europa la adoptó con prontitud, igual que la adoptaron los Estados Unidos al final, dado que el plan de rescate de 700.000 millones de dólares (477.000 millones de euros) resultó ser poco efectivo.

Cosmic Smudge / FlickrEl plan europeo también incluye controles más estrictos sobre el dinero del rescate y una participación en el capital de los bancos y concesiones de los dirigentes de los bancos, detalles estos que no figuran en el plan de rescate estadounidense. Europa ha legislado un estímulo fiscal por un importe de cientos de miles de millones a nivel nacional y europeo, los Estados Unidos todavía están a la espera del plan de la administración Obama.

Con quinientos millones de habitantes, Europa es el mayor bloque comercial del mundo y también el más pudiente, representa casi un tercio de la economía mundial, tanto como los Estados Unidos y China juntos. Ridiculizada como terreno abonado a un ‘socialismo solapado’, en realidad Europa tiene más compañías que figuren en el índice Fortune 500 que los Estados Unidos, China o Japón. Tanto los Estados Unidos como Europa luchan para encauzar la riada económica. Pero algo en su ‘capitalismo social’ parece especialmente bien adaptado a este siglo decisivo que se avecina, con el reto de la depresión económica mundial.

Steven Hill es director del Programa de Reforma Política de New America Foundation. Su libro 'Europe Rising' (El auge de Europa) será publicado por University of California Press en 2009