Campaña electoral débil en Polonia

Artículo publicado el 16 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 16 de Septiembre de 2005

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El 25 de septiembre, Polonia elegirá un nuevo Parlamento y dos semanas después a su Presidente. La campaña electoral reflejará de nuevo la voz del pueblo: es cuestión de pasado en lugar de perspectivas de futuro.

Las elecciones son un secreto aunque las campañas electorales realmente no lo son. Es la primera vez, después de las primeras elecciones libres de 1989 en Polonia, que coinciden tan cercanas la elección del Parlamento (Sejm) y la elección del Presidente. Sin embargo, el caluroso otoño que se esperaba en Polonia se queda atascado todavía en la época veraniega. Hay poco interés por las elecciones. Pareciera que no las hay.

La decadencia de la Solidarnosc

Los polacos se interesan más por el pasado que por el futuro, como lo demuestra la dimisión del candidato de izquierdas, Cimoszewicz. Buscan su propia identidad desde que el obrero del astillero de Danzig que se puso en huelga diera comienzo, hace 25 años, a un movimiento de liberación que llevó en 1989 a las elecciones libres y finalmente a la caída del Comunismo en toda Europa. El poder de Solidarnosc, que antiguamente unificaba a toda la sociedad, revela 25 años después un trauma: la corriente formada por 10.000 de sus 600.000 socios ya no alimentará el sentimiento de unidad de los polacos. El líder del movimiento -y después primer Presidente de Polonia elegido en unas elecciones libres, Lech Walesa- es considerado por muchos un traidor a los ideales de Solidarnosc y, ahora, quiere incluso salirse del sindicato.

Husmeo en vez de política

El país no se ocupa de sí mismo. La superación del comunismo, el encubrimiento de antiguos espías y trabajadores del servicio secreto, así como los escándalos de corrupción, por ejemplo, entorno al ex Primer Ministro, Miller, determinan el día a día de la política. Por ello, el trabajo de esclarecimiento legítimo se convierte cada vez más en un husmeo estrecho de miras, mientras la superación de los escándalos se superpone permanentemente a los debates políticos.

En esta situación, la política es sólo la administración de las tareas estatales y no la variación de las condiciones de vida. Por ello: casi un quinto de los polacos son desempleados, la mejor universidad polaca se encuentra en el puesto 400 en las listas internacionales, Polonia se sitúa a la misma altura que Perú en el índice de corrupción y transparencia internacional y en la provincia de Lubelskie, en medio de Europa, hay niños hambrientos. Sin embargo, una visión constructiva y un programa pragmático no pueden conducir a ningún partido ni candidato a la presidencia. Las encuestas para la elección del Sejm muestran una carrera codo con codo entre el PIS (Partido Popular Conservador Derecho y Justicia) y el Partido Liberal Conservador PO (plataforma de los ciudadanos), mientras que los Populares de izquierda de la Samoobrona (Autodefensa), la izquierdista SDL, los socialdemócratas y la Liga Nacional Conservadora de familias polacas andan de capa caída.

¿Gemelos a la cabeza de Polonia?

La lucha por la presidencia pareció recaer durante mucho tiempo en el alcalde de Varsovia Lech Kaczynski (PIS) o en el antiguo Primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores Wlodzimierz Cimoszewicz (SDL), dos antiguos profesores de derecho, hasta que los rumores en torno a irregularidades en la declaración de la renta del último le han hecho dimitir.

La elección de Kaczynski como Presidente podría hacer que, al mismo tiempo, su hermano gemelo, Jaroslaw, se convirtiera en el Primer Ministro siendo esto un éxito para el partido, el PIS. Esto no sólo reduciría los límites entre los dos candidatos de una forma óptima sino que también programática. El historiador Donald Tusk (PO) podría ser en el mejor de los casos peligroso para él. Es el único candidato cuyo valor en las encuestas aumenta en este momento de forma clara, y Lech Walesa y el presuntuoso cardiocirujano, Zbigniew Religa, apoyan al historiador, a pesar de que el cardiocirujano también se presenta al puesto de Presidente.

En último lugar, es el pasado el que elegirá de nuevo quién será el nuevo presidente; no las perspectivas de futuro. El espíritu de Solidarnosc presente en el pensamiento colectivo podría cuestionar dónde estuvieron estos candidatos el verano de 1980. Por aquel entonces, Kaczynski se unió de forma espontánea a los trabajadores en huelga del astillero Lenin, y Tusk apoyó a Solidarnosc a través de publicaciones que salían a la luz en la clandestinidad. Por el contrario, Cimoszewicz afinaba sus conocimientos de lengua inglesa en los EE UU.