Carlos Westerdorp, en la cuerda floja atlántica

Artículo publicado el 22 de Julio de 2006
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 22 de Julio de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Embajador de España en los Estados Unidos, Carlos Westendorp es un diplomático de raza y un experimentado político socialista. Charla con nosotros sobre la relación transatlántica, los Balcanes y la Alianza de Civilizaciones.

El embajador y ex ministro de asuntos exteriores de España me recibe puntual en su amplio despacho de Pennsylvania Avenue, a pocos metros de la Casa Blanca. Westendorp, diplomático avezado poco dado a la fanfarria protocolaria me saluda afablemente. Parece una persona cálida y con ganas de hablar sin rodeos. Es una persona distinguida pero llana y cercana que desmiente el tópico de los diplomáticos de porte aristocrático.

Atlantismo en el aire

Cuando aún se está recostando en su asiento, ya nos hemos puesto a hablar de Irak y de su influencia en la relación transatlántica. No pillo desprevenido a este español nieto de un ingeniero holandés que vino a España a trabajar en el ferrocarril, lo que explica su exótico apellido: “La relación transatlántica nació con la necesidad de combatir un enemigo común [la Unión Soviética], y parece perder importancia con el final de la Guerra Fría; percepción equivocada, pues en un mundo globalizado hemos seguido trabajando juntos ante la gravedad de los problemas a los que nos enfrentamos. La guerra de Irak interrumpió por un momento esta relación con buena parte de Europa. La delicada situación en Oriente Medio, con independencia de la posición que se mantenga sobre la decisión de invadir Irak, nos obliga a superar esas diferencias y a seguir trabajando para resolver estos problemas”, nos explica en su tono siempre conciliador alguien que tiene mucha práctica en el arte de negociar y templar gaitas.

La minuciosa respuesta del embajador confirma mi sensación de que tiene ganas de charlar sin estar pendiente del reloj, y cuando cuestiono si hay que relacionarse con los EE UU a través de la OTAN antes que de la UE, él se muestra claro: “La UE debe dotarse de personalidad propia en política exterior que le permita mantener una relación de igual a igual con los EE UU.” La OTAN, a su juicio “es útil pero debe revisarse para que permita el despliegue de una identidad europea de defensa y una redefinición de sus misiones”. Este europeísta convencido sostiene que “si la UE hablara con una sola voz en la OTAN, se resolvería el desequilibrio estructural de ésta en favor de los EE UU”, recordando, eso sí, que la preponderancia norteamericana queda matizada porque se decide por unanimidad.

El embajador enjuaga su garganta con un caramelo no sin antes ofrecerme uno, que acepto encantado. “¿Está a favor de promover un gran mercado interior transatlántico como el que han propuesto hace poco Aznar y su ex ministra Ana Palacio?” Westendorp carraspea anunciando con su sonrisa algo de ironía en su respuesta: “A veces da la sensación de que algunos ideólogos, como los mencionados, están descubriendo el Mediterráneo. La idea”, dice, “es muy buena y se viene discutiendo al menos desde 1995. El problema reside más en EE UU que en Europa, pues tienen muchos sectores protegidos. Esto no sucede en la UE, con excepción de la agricultura.”

Imaginando Kosovo

Consciente de que la relación transatlántica es una de mis obsesiones personales, pero no necesariamente del embajador, cambio de tercio para hablar de los Balcanes, un tema que Carlos Westendorp conoce muy bien tras su experiencia como Alto Representante de la comunidad internacional en Bosnia.

“Claro que hay esperanza en los Balcanes”, señala optimista, “la situación en Bosnia ya está pacificada, aunque aún permanezcan allí muchas tropas internacionales. Si bien las heridas de la guerra tardarán unos años más en curarse, el principal problema de Bosnia hoy es el económico”. El embajador me relata como él se encargó de diseñar símbolos como la bandera y el himno de Bosnia. Pero, “no hay cultura empresarial en el país, y hacer negocios es algo que los demás no podemos hacer por los Bosnios”, me dice Westendorp, no sin antes dejar claro con otro deje irónico que si él supiera hacer negocios no sería embajador. Nuestro interpelado se muestra también preocupado por el futuro de Kosovo. Opina que se puede desestabilizar la región si no se tiene en cuenta a los serbios, que son minoría tanto en Kosovo como en Bosnia. Con relación al territorio kosovar, nos da una clave: “hay que ir a soluciones imaginativas y no simplistas. La independencia pura y dura no es la fórmula mágica”.

Constitución Europea y Alianza de Civilizaciones

Westendorp no se resiste a mostrarme, orgulloso, un ejemplar de Newsweek con Zapatero en portada y el titular “Making Socialism Work”. “Esto”, dice satisfecho, “lo tengo siempre en mi mesa para que lo vean mis amigos estadounidenses”. Zapatero fue decisivo para desbloquear la aprobación de la ahora durmiente Constitución Europea y en el lanzamiento de la Alianza de Civilizaciones. Sobre lo primero, Westendorp se muestra posibilista. “Nos gustaría que la Constitución hubiera sido aprobada, pero la construcción europea sigue adelante de todos modos. Es difícil enmendar el texto, sobre todo con relación al modelo social, porque es un paquete cerrado en el que todos cedían algo, como España, que renunció al peso en el Consejo que nos daba Niza. No veremos grandes novedades en materia constitucional hasta después de las elecciones presidenciales en Francia en 2007, por lo que es prematuro discutir esto ahora. En cuanto a la Alianza de Civilizaciones, Westendorp afirma con claridad que es algo diferente al diálogo intercultural: “No se trata de convencer al otro de tus valores, que por supuesto son irrenunciables, sino de encontrar un terreno intermedio en el que se pueda convivir”.

Irán: “Es el momento de la diplomacia”

Esperando que todavía disponga de tiempo no me resisto a preguntarle sobre Irán. Westendorp responde directamente. “El uso de la fuerza no puede excluirse, porque nadie quiere que un país como Irán tenga un programa nuclear de carácter militar, pero esta posibilidad no está ahora sobre la mesa. Ahora hay que esforzarse por encontrar una solución pacífica. No tenemos la certeza absoluta de que el enriquecimiento de uranio se quiera destinar a un programa militar”. Con esta reflexión se despide y se dispone a tomar un avión a Boston donde dará una conferencia en la Universidad de Harvard sobre la relación transatlántica. Hay obsesiones que nunca mueren.