Carme Riera: “El catalán tiene los días contados”

Artículo publicado el 1 de Abril de 2010
Artículo publicado el 1 de Abril de 2010
De visita en Lisboa por una exposición en su honor durante la Semana de la Cultura de las Islas Baleares, BeBalear, la escritora nos habla de su opinión sobre los lectores y de su amor por la cultura catalana

A primeros de marzo, Lisboa alberga la exposición cultural de las Islas Baleares, organizada por la asociación CatalunyApresenta y presentada por segunda vez en una capital europea. Me cuelo fácilmente en una sala abarrotada de la Universidad Clásica de Lisboa, llena de espectadores que asisten a la conferencia de la escritora mallorquina Carme Riera, cuyas obras han sido recientemente traducidas al portugués. Escuchándola, me pierdo entre sus palabras en catalán y su mirada profunda me fascina tanto a como su nuevo público. 

"Las palabras son propiedad del lector"

“No tengo el valor de releer mis textos”, señala Carme Riera. A veces, no recuerda siquiera los personajes que se cruzan en algún extracto, ni las personalidades que representan. Para Carme, un escritor escribe, incluso demasiado, pero cada palabra plasmada sobre sus hojas se transforma en propiedad total del lector. “¡El lector debe ser el propietario del libro!”. Es, pues, imposible escoger a sus lectores y, a veces, es hasta imposible imaginar quién puede leer bien y estar interesado en la obra de un escritor: “¡Me sucedió una vez solamente!”, recuerda, con una sonrisa en los labios. Durante un vuelo, el piloto le llamó desde su cabina y le pidió un autógrafo: él trataba de leer Dins el darrer blau. Con el miedo a caer al vacío, intentó convencerlo de dejar de leer y seguir pilotando hasta que, risueño, el hombre le explicó que un avión vuela solo y que el piloto hace bien poco. Un poco como un escritor que propulsa sus textos, luego planea en el vacío, a la espera de retomar pedidos y de aterrizar con destino a su público.

En el fondo, Montjuic

“Comencé a escribir muy joven, pero aún hoy tengo que corregirme”, dice sonriendo. Durante su infancia, escribir en catalán era difícil. Tenía sólo 16 años cuando empezó a componer sus primeras hojas en la lengua en la que su abuela le contaba historias y en la que habla con sus amigos y su familia, gracias a un profesor. Los estudios de letras le fueron casi impuestos, ya que en la época era la única vía abierta para las jóvenes chicas de su edad. Hoy, ha tenido su recompensa. Carme observa su libro y lo acaricia, inmersa en sus recuerdos: “¡Mi sueño era ser médico!”. Así fue como desembarcó en Barcelona, a los 18 años. Ella estudiaba filología hispánica en la Universidad Autónoma, donde la enseñanza del catalán estaba reducida a un solo módulo, como si fuera otra lengua extranjera. Decide entonces estudiar portugués y entrar por primera vez en contacto con un país que le tiene hoy una alta estima: “¡Lisboa es magnífica! Adoro a los portugueses, sus buenas formas y su cordialidad”.

El catalán, en peligro

Un símbolo de la cultura de la región“¡El catalán tiene los días contados!”, afirma Carme, un poco agitada. Si no fuera así, no habría tal necesidad de defender una lengua y, con ella, una cultura. La presión de lenguas escritas más fuertes, como el inglés o el castellano, le hace temer una muerte dulce y lenta de su lengua materna, rica en tradiciones y de variantes casi desconocidas. La imagen del catalán provinciano, hablando sólo catalán, odiando el castellano, esencialmente cerrado, es falsa. La gente es sociable y abierta, basta con saber conocer y descubrir este pueblo, entre pasado y presente. Hoy, la lengua no es sólo un elemento identificativo fundamental, ya que para la generación de la escritora, ha sido durante mucho tiempo el objeto de una lucha contra la prohibición de estudiar su propia lengua. El catalán fue el escudo de las reivindicaciones antifranquistas. Ahora que se puede estudiar, no es lo mismo. “A mi edad, hablábamos castellano en la clase y catalán en el patio. ¡Hoy, es lo contrario!”, concluye mojando los labios en su vaso de vino de Oporto.

Apoyar las culturas

CatalunyApresenta tiene por objeto dar a conocer a los europeos un archipiélago poco conocido todavía, aunque muy transitado por turistas. Esta exposición explora la riqueza cultural de las Islas Baleares y la catalana en su conjunto. En esta Europa interconectada, “hace falta dejar más sitio a lo desconocido”, a las lenguas y culturas más débiles, aquellas que necesitan apoyo. “Muchos de mis estudiantes Erasmus, por ejemplo, quedan asombrados tras su primera toma de contacto lingüística con la realidad catalana”. Algunos saben a penas que el catalán existe, otros piensan que el castellano es suficiente para vivir y visitar la región. Las reacciones a este contacto con una nueva lengua parecen positivas según Carme. “La mayoría de los estudiantes extranjeros, sobre todo aquellos venidos de países vecinos como Italia, Portugal o Francia, o de los países del Este, terminan hablando las dos lenguas. ¡Eso es un privilegio!”. Según la escritora, cada lengua está asociada a una cierta visión del mundo. España, con sus cuatro lenguas oficiales, está lejos de estar mal colocada en términos de diversidad de visiones sobre el mundo. 

Fotos: Pelòdia/flickr, Alexandra Guerson/flickr