Carta a Donald Trump

Artículo publicado el 9 de Noviembre de 2016
Artículo publicado el 9 de Noviembre de 2016

Los estadounidenses tienen nuevo presidente: un hombre que planea construir un muro con la frontera mejicana, prohibir que los musulmanes entren en el país, y que ha fanfarroneado sobre sus abusos sexuales a mujeres. A veces hay que tener cuidado con lo que se desea porque, en un abrir y cerrar de ojos, se hace realidad.  

Estimado Donald Trump,

Lo has hecho. Te has convertido en presidente de los Estados Unidos. Cuando me levanté esta mañana en Berlín, donde vivo, tu cara aparecía en todas las webs de noticias. Los estadounidenses han votado en una elección democrática, y lo han hecho por ti. Quieres hacer "América grande de nuevo". En el discurso de tu victoria has dicho: "Es hora de que América arregle las diferencias que la separan". Has dicho: "Prometo a todos los ciudadanos de nuestra tierra que seré presidente de todos ellos". 

Señor Trump, me cuesta creerlo. 

Es verdad, América es un país dividido -y tú has hecho todo lo posible para engrandar esa brecha aún más. Por un lado, arremetiste contra los mejicanos a quienes te gustaría echar del país. Para ello, planeas construir un muro en la frontera con México. Por otro lado están los millones de inmigrantes a quienes quieres enviar de vuelta a "sus" países (especialmente si son musulmanes, y por lo tanto, "terroristas"). 

También está la comunidad LGBTQ que no tiene ningún apoyo por tu parte. Al contrario. Te has pasado la campaña metiendo miedo con que vas a anular las leyes que les protegen, y has prometido que vas a dotar el Tribunal Supremo de algunos jueces conservadores que den marcha atrás la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. En cuanto a los transexuales, aún seguimos sin saber si te parece bien o no que usen el baño que prefieran según sea su identidad sexual. 

Ah, y por supuesto, no nos olvidemos de las mujeres. Para un hombre que asegura apreciar tanto a las féminas, tu actitud deja mucho que desear. Hablas de ellas como si todas fueran unas cazafortunas. Nada menos que de tu exmujer Ivana dijiste: "Nunca le compraría ninguna joya o cuadro bonito. ¿Por qué comprarle bienes con los que luego podría negociar?". Has hablado continuamente de la belleza de tu hija Ivanka -y de cuanto te gustaría montártelo con ella. Claro que, esto solo era una broma, por supuesto. ¿O... no? Has llamado a las mujeres "perras", "feas", "gordas" y "muñecas barbie". Primero dijiste que las agarrarías del "coño" [grab them by the pussy, ndlr] y luego saliste del apuro diciendo que era un comentario entre bambalinas. Acusaste a tu contricante Hillary Clinton de no poder cumplir con las expectativas de EE.UU. porque claro, ni ella misma pudo "satisfacer a su marido", el Don Juan, Bill Clinton. Tu esposa Melania es una barbie andante y parlante diseñada para sonreír y estar siempre perfecta. Porque, así es como te gustan las mujeres, ¿no?

Lo más triste es que, aun con todo esto, muchas mujeres han votado por ti. Más de las que se esperaba. Mujeres a las que les gustaría que les metieran mano, como recogen algunos medios, ya que eso para ellas es todo un cumplido. Mujeres que admitieron que no les gustaban tus comentarios sexistas pero que, vaya, hay cosas más importantes en las que preocuparse. Como era de esperar, muchas mujeres blancas entradas ya en años han votado por ti. Tal vez porque a ellas, también, les gustaría que alguien les diera un revolcón y que luego todo siguiera igual. Quieren hacer que EE.UU siga teniendo el mismo rostro: blanco, masculino y conservador. Y así ha sido. 

Gracias a ti, y a todos los que han votado por ti, señor Presidente, los estadounidenses más jóvenes crecerán con la idea de que se puede ser sexista, misógino, racista y homófobo y aun así convertirse en un líder. Las minorías pueden temer por sus derechos ahora que saben que una gran parte de la población norteamericana ni se preocupa por ellos. Lo que todos hemos aprendido hoy, americanos o no, es que el odio y el miedo sobrepasan al amor y a la esperanza. En el más fiel sentido de la palabra. [Trump, en inglés, significa triunfar, superar, sobrepasar, ndlr]

Señor Trump, sé que no te interesa mi opinión. A fin de cuentas, ni siquiera soy una ciudadana de los Estados Unidos. Vivo en un país gobernado por Angela Merkel, - una mujer a la que tú comparaste en su día con Hillary Clinton (y no lo digo precisamente como un cumplido) y luego la calificaste como la "líder mundial más grande".

Quizá no sea lo suficientemente atractiva como para llamar tu atención. Quizá no quieras agarrarme por el coño a mí también. Pero soy una mujer "asquerosa", como tú llamaste a Clinton durante el debate electoral. Y deberías enterarte de que somos muchas las mujeres asquerosas en contra tuya.

Sinceramente, 

Julia Korbik