Casale Podere Rosa: Activismo verde y memoria en la periferia romana

Artículo publicado el 9 de Junio de 2011
Artículo publicado el 9 de Junio de 2011
En Roma, en una periferia desfigurada por la incesante urbanización, los militantes del centro cultural Casale Podere Rosa luchan desde hace más de 20 años para promover otro modo de vida, más agradable y respetuoso con el medio ambiente. Entre sus armas: la ocupación de casas abandonadas, el mercado biológico, la proyección de películas o la instalación de paneles solares.
Además, han emprendido un movimiento para transmitir estas ideas a las futuras generaciones con el fin de evitar que el nuevo marketing verde no deforme el sentido de la palabras desarrollo sostenible.

Lejos de los atascos de Roma, la tranquilidad de este centro ecológico situado en la periferiaLos monótonos bloques de edificios están alineados junto a una autopista por la que pasan coches continuamente. Hay pocas distracciones en este paisaje urbano uniforme: gasolineras y supermercados conviven con carteles publicitarios diseñados para captar la atención al instante. Construida sin orden alguno y expandida de forma aleatoria obedeciendo solamente a las reglas de la especulación inmobiliaria, la periferia de Roma ofrece una imagen poco agradable a diferencia de las maravillas edificadas en el centro de la ciudad. De hecho, existe una palabra del dialecto romano para designar este no-modelo urbano: I pallazinari. "Cuando se construyeron estos edificios, no pensaron ni en parques ni en espacios públicos, y mucho menos en el transporte comunitario. De forma irónica, cerca del 90% de los habitantes de Roma viven en la periferia, teniendo que coger el coche los fines de semanas para ir a los centros comerciales, porque no es fácil salir y estar cerca de sus casas", constata Francesca, una de las fundadoras del centro social de la periferia nordeste Casale Podere Rosa.

Ocupación legal y agricultura local

"Fuimos el primer centro social de Roma en afirmar que los problemas medioambientales no se pueden separar de los problemas socioeconómicos, y que deben tratarse juntos"

Situado cerca del parque natural de Aguzzano, un pulmón verde en medio de la selva de asfalto, esta organización ecologista inició en 1993 un largo combate pacifista contra el modelo especulativo. Proyección de películas temáticas, conferencias, cocina casera: sea cual sea la actividad, el objetivo es demostrar que es posible otro modo de vida más solidaria y más respetuosa con el hombre y el medio ambiente. "Fuimos el primer centro social de Roma en admitir que los problemas medioambientales no se pueden separar de los problemas socioeconómicos, y que deben tratarse juntos", afirma Francesca. Los fundadores también denuncian el derroche de dinero, los problemas derivados del consumismo de la sociedad capitalista y la explotación de los trabajadores y recursos del sur siguiendo un modelo económico desigual y alienante. Por ello, pasaron a la acción y presionaron a las autoridades locales para la legalización de la ocupación de la vieja granja abandonada donde se encuentran hoy día. "Gracias a nuestro movimiento, se votó una ley en 1994 con la que se permitió a los centros sociales de Roma ocupar todos los edificios abandonados de forma legal".

Uno de los primeros centros sociales que instaló paneles solaresPionero del activismo verde, Casale Podere Rosa fue uno de los primeros centros sociales del movimiento ecologista que desterró la Coca Cola, instaló paneles solares y construyó un grupo de compra solidaria acudiendo a los pequeños comerciantes y productores del mercado biológico. “Cuando comenzamos hace 10 años tan solo había 6 o 7 familias”, recuerda Bárbara, otra voluntaria del centro. Ahora, son cerca de 70. Esa familias decidieron además hacer una colecta para crear empleo y permitir así administrar el proyecto, que ha crecido hasta dimensiones inesperadas. Desde hace poco, se celebra también un mercado biológico en el jardín una vez al mes, lo que permite atraer a más gente a participar en el barrio. "Les gusta venir aquí para hablar, degustar distintas variedades de manzanas que habían olvidado. Aunque no estoy segura si son familias con la idea de la agricultura biológica, al menos no van al supermercado los sábados", afirma Francesca, quien se alegra de estas pequeñas victorias.

El movimiento ecológico llega a los más jóvenes

Los voluntarios de Casale Podere Rosa temen que sus ideas sean transformadas por el triunfo de la economía verde. "Se habla de la energía verde, pero no existe ningún replanteamiento de que este sistema conduce a la destrucción del medio ambiente y a las desigualdades sociales", dice Bárbara con inquietud. Con el deseo de transmitir este pensamiento crítico a las nuevas generaciones, la lucha pasa al plano de la memoria histórica. Con el apoyo de las autoridades locales, fundaron en 2002 el Centro de Cultura Ecológica para recordar que "la historia italiana de la segunda mitad del siglo XX no ha sido sólo un desastre ecológico, sino que además ha aumentado la conciencia crítica". En una vieja granja abandonada junto a la Casale Podere Rosa se ha emprendido una iniciativa para archivar y conservar todas las pequeñas y grandes batallas que han conformado la historia del pensamiento ecológico italiano en estos últimos años. El centro ha creado, por ejemplo, una base de datos en línea sobre las universidades verdes que, a partir de los años 80, han florecido por toda Italia. "Promueven el fundamento del pensamiento ecológico moderno de Italia. Hay más de cien universidades verdes en el país, formadas por asociaciones y centros sociales. Proponen actividades como seminarios o conferencias sobre temas ecológicos y económicos. Hoy día, todavía las universidades normales no se ocupan de este tipo de actividades y fundamentos", explica Francesca.

El nuevo centro recolecta las iniciativas ecológicas en la historia reciente del país

¿Falta de compromiso?

En la biblioteca del Centro de Cultura Ecológica estudian en silencio una veintena de adolescentes. Nos preguntamos: ¿Querrán tomar el relevo y continuar este movimiento? Marco, un joven empleado del centro, lo duda: "Tan sólo hay 3 bibliotecas en este barrio de 500.000 habitantes. Los estudiantes vienen aquí para trabajar tranquilamente y no para interesarse por los problemas ecológicos". Tan solo 6 o 7 activistas continúan promoviendo la asociación. Aunque se pueda pensar que existe falta de compromiso, los centros ecológicos de la periferia romana no se han rendido todavía y no pierden la esperanza.

Este artículo es parte de la serie de reportajes Green Europe on the ground, que ya ha pasado por ciudades como Berlín o Bruselas.  No perdáis de vista las próximas ediciones de la serie.

Foto portada: (cc)sergis blog/flickr ; Fotos texto : ©Amélie Mourton