Caso Battisti y Monhaupt: aires de primavera que recuerdan al otoño alemán

Artículo publicado el 22 de Marzo de 2007
Artículo publicado el 22 de Marzo de 2007

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Con la detención internacional en Brasil de Cesare Battisti, antiguo activista de la Brigadas Rojas italianas, se abre un nuevo capítulo en la Historia de la extrema izquierda europea.

En los años setenta, numerosos grupúsculos revolucionarios de extrema izquierda surgieron en el seno de los Estados Europeos, tales como las Brigadas Rojas (BR), Acción Directa (AD) o la Fracción del Ejército Rojo (RAF). Esas organizaciones llevaban a cabo un programa basado en la comisión de atentados, asesinatos y demás acciones violentas destinadas a derrocar los regímenes que ellas mismas consideraban como “opresores”. Así, al atentado del presidente de la patronal alemana, Hanns Martin Schleyer, cometido por la denominada Rot Armee Fraktion (la Fracción del Ejército Rojo), en 1977, le siguió el asesinato, en 1978, de Aldo Moro, antiguo primer ministro y lider del partido democristiano italiano, asesinato llevado a cabo por parte de las Brigadas Rojas. En Francia, fue Georges Besse, el entonces presidente de Renault, quien sufriera un atentado mortal en 1986, perpetrado por el grupo anarquista “Acción Directa”.

class="external-link">RAF). Dans les années 70, plusieurs groupuscules révolutionnaires d’extrême gauche se sont constitués au sein des Etats européens. Au programme : attentats, assassinats, actions violentes afin de renverser des régimes jugés ‘oppressifs’. Au meurtre du patron des patrons allemands Hanns-Martin Schleyer par la RAF [Rote Armee Fraktion] en 1977, a par exemple répondu l’assassinat d’Aldo Moro, ancien Premier ministre et leader du parti démocrate chrétien italien par les ‘Brigate Rosse’ en 1978. En France, c’est Georges Besse, le président de Renault, qui est abattu par le groupe anarchiste ‘Action directe’ en 1986.

Si bien la reacción social de cada una de estas organizaciones terroristas ha sido diferente en Alemania, en Francia o en la península itálica, los actuales gobiernos de esos países se enfrentan hoy en día a una idéntica realidad: la presencia de antiguos terroristas recluidos en prisiones europeas desde hace más de dos décadas.

Los treinta años del denominado “otoño alemán”

El próximo día 27 de marzo, Brigitte Mohnhaupt, de 57 años y figura histórica de la “Banda de Baader” (de la Fracción del Ejército Rojo), se acogerá a los últimos grados penitenciarios de acuerdo con lo previsto en la ley penal alemana, aunque seguirá estando sometida a control judicial periódico. Este hecho ha reabierto en Alemania las viejas heridas que en su día ocasionó el “otoño alemán” de 1977, en el que una sucesión de asesinatos, el secuestro de un avión de Lufthansa y el suicidio de varios miembros de la organización revolucionaria, con Andreas Baader a la cabeza, conmocionó al país.

Detenida en 1982 y posteriormente juzgada y condenada en 1985 a cadena perpetua por la comisión de nueve asesinatos consumados, y varios más en grado de tentativa, Monhaupt no presenta en la actualidad, y de acuerdo con lo que aseguran las resoluciones judiciales, rasgo alguno indicativo de peligrosidad que pudiera generar alarma social. Sin embargo, y hasta la fecha, la propia Monhaupt no ha mostrado ningún tipo de arrepentimiento por los actos criminales cometidos, lo que lleva a suscitar el debate en Alemania sobre la pertinencia de su inminente excarcelación. Paralelamente, otra petición de indulto solicitada por un antiguo miembro de la RAF, Christian Klar, está pendiente de resolución por parte de la justicia de aquel país.

Francia hierática

Hace poco, Jean Marc Rouillan, antiguo dirigente galo de Acción Directa, en prisión desde hace dos décadas, declaraba al diario Le Monde que seguía siendo partidario de avanzar en su particular lucha contra el capitalismo. Sus declaraciones no han provocado sin embargo ningún tipo de reacción en los medios de comunicación franceses.

Si bien es cierto que los franceses se han visto menos golpeados por este tipo de organizaciones terroristas vinculadas a la extrema izquierda que sus vecinos alemanes e italianos y que el recuerdo de una época que se conoce como “los años de plomo” aparece un tanto desdibujado en el tiempo, el silencio no puede interpretarse en modo alguno como petición de clemencia, perdón y olvido. Al contrario, las solicitudes de puesta en libertad de Rouillan han sido sistemáticamente denegadas por la justicia francesa, lo mismo que las interesadas por sus acólitas, Régis Schleicher y Nathalie Ménigon. Joëlle Aubron, el cuarto miembro en prisión de Acción Directa, fue liberada por motivos de salud en 2004 y murió dos años más tarde.

La confusión italiana

Por el contrario, en Italia, el terrorismo de la década de los setenta se halla bien presente en la mente de los ciudadanos de un país en el que numerosos atentados, procedentes tanto de la extrema izquierda como de la extrema derecha, tiñeron de sangre aquella época. La inicial desidia de las autoridades judiciales durante “los años de plomo” dio lugar más tarde a la promulgación de leyes especiales que atentaban de pleno contra los derechos y libertades de aquel país. Esa situación ha impedido un tratamiento racional del problema terrorista durante ese período de la Historia.

La consecuencia más evidente de aquella inicial inactividad judicial es el conocido como “caso Battisti”, un escritor y activista italiano, antiguo miembro del Ejército Proletario por el Comunismo (Proletari Armati per il Comunismo), condenado en Italia a cadena perpetua, en 1995. Battisti halló refugio en Francia, al amparo de la entonces “doctrina Miterrand”, y es que, en 1985, el Presidente francés François Mitterand se comprometió en público a no responder a las demandas de extradición respecto de los antiguos militantes italianos de extrema izquierda, siempre que hubiesen mostrado algún tipo de arrepentimiento respecto de las actividades llevadas a cabo en los “años de plomo”. Con ello, además, se les permitía empezar una nueva vida en el país galo.

En febrero de 2004, un giro en el modo de actuar de la justicia francesa permitió que se autorizase la extradición de Cesare Battisti como consecuencia de una petición de las autoridades italianas, lo que suscitó un amplio debate en los entornos intelectuales y políticos de izquierda a uno y otro lado de los Alpes. Algunos meses más tarde, Battisti decidiría pasar a la clandestinidad, permaneciendo huído desde entonces. Su detención, el pasado 18 de marzo, parece indicar el surgimiento de una nueva etapa de tolerancia cero respecto del terrorismo de extrema izquierda.