Caso Buttiglione: la auténtica elección de Barroso

Artículo publicado el 21 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 21 de Octubre de 2004

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El rechazo europarlamentario al comisario designado debe hacer reflexionar al Presidente de la Comisión. Está en juego la naturaleza política de los informes entre el Parlamento y el ejecutivo.

Mientras los comisarios candidatos Rocco Buttiglione y Laszlo Cóvacs han sido rechazados, y sus tres colegas Nelie Kroes, Mariann Fischer-boel e Ingrid Udre duramente criticados, el Parlamento Europeo –con un retraso de más de 25 años desde las primeras elecciones por sufragio universal directo- ha asumido por fin su propia responsabilidad. Aquella de influir, de modo decisivo, en la elección de quién gobernará la Unión Europea durante los próximos 5 años.

”Inquisición anticatólica”

Algunos piensan que ha llegado, de forma inesperada, la hora de la democracia. Otros, como el cardenale Renato Raffaele Martino,

critican la inquisición laicista contra una cultura católica de misa a la carta. En realidad, en esta mano no sólo está en juego la dirección y la cartera de comisario de justicia e interior prometido a Buttiglione, político italiano polémico por sus declaraciones acerca de la homosexualidad y el matrimonio. La alianza mira de nuevo hacia la naturaleza política de los informes entre Parlamento europeo y Comisión: el último capítulo de la lucha cincuentenaria entre quien cree en la confederación de Naciones-Estado como antídoto a la burocrática centralización de Bruselas y quien sabe que en Europa existen condiciones suficientes para crear un gobierno democrático, federal y transnacional.

¿Con un par de llamadas se soluciona todo?

Este episodio puede transformar los propios orígenes de la legitimidad de la Comisión Europea, marcando el fin de la dependencia de las capitales nacionales e inaugurando una auténtica interdependencia con la única institución elegida democráticamente: el Parlamento. Es la creencia y el proyecto de una Europa en la cual las decisiones más importantes han sido tomadas en la sede institucional más transparente e (incluso mediáticamente) controlable. Es la teoría de una Unión Europea en la cual un voto del Parlamento europeo no puede torcerse radicalmente con motivo de un par de llamadas telefónicas entre dos o tres capitales nacionales o por distintos almuerzos entre ministros. Tenemos la posibilidad de invertir en el acto la tendencia hacia una nacionalización creciente de las instituciones comunitarias.

Estrasburgo, acuerdo a escondidas

Sin embargo, en esta Unión Europea, el despiadado ataque de la comisión parlamentaria de Libertades Públicas a Buttiglione podría transformarse en simple anécdota para modestos especialistas de derecho comunitario. Al igual que en la elección-reparto del asiento del presidente del Parlamento Europeo (-ver BBC-), los dos principales grupos del Parlamento han acordado una tregua que huele a componenda: los socialistas no ahondarán en las heridas y en la estima del “populista” Buttiglione y los populares no se encarnizarán contra el socialista húngaro Covacs. Y cuando Barroso se encuentre el 21 de octubre con los grupos influyentes para discutir acerca del voto de confianza a la Comisión, la tormenta ya habrá pasado. Y Buttiglione & Co permanecerán en sus puestos (con sus cargos) con el resentido voto del Parlamento elegido democráticamente y ante las presuntas tentativas de “inquisición laicista”.

Le pertenece a Barroso, en los próximos días, tomar la decisión de establecer la legitimidad y el poder de la propia Comisión: nos podemos contentar con realizar un par de llamadas a Roma y París e ir tirando, o por el contrario, se puede otorgar un nuevo peso al Parlamento y pronunciarse públicamente contra las “inquisiciones”, con un Buttiglione menos y un poco más de democracia.