Cédric Klapisch : « Mi trilogía cuenta la historia de la globalización »

Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2013

Si sólo pu­die­ra que­dar uno, Cé­dric Kla­pisch sería el úl­ti­mo ci­neas­ta con­tem­po­rá­neo au­tén­ti­ca­men­te eu­ro­peo. Con mo­ti­vo del es­treno de Cas­se-tête chi­nois (“Rom­pe­ca­be­zas”), su úl­ti­ma pe­lí­cu­la sobre las tri­bu­la­cio­nes de Xa­vier,  el di­rec­tor fran­cés nos re­ci­be en una suite del hotel Fou­quet’s para ha­blar del cubo de Rubik, de la vejez y de Eu­ro­pa.

Ca­fé­ba­bel: ¿Qué es exac­ta­men­te un cas­se-tête chi­nois (rom­pe­ca­be­zas, en es­pa­ñol)?

Cé­dric Kla­pisch: la ex­pre­sión rom­pe­ca­be­zas (cas­se-tête chi­nois) es es­pe­cial en Fran­cia. Tiene una parte de puzz­le, y una parte de enig­ma sin re­sol­ver. Es algo di­fí­cil de des­ci­frar, un cubo de Rubik com­pli­ca­do.

Ca­fé­ba­bel: se le ocu­rrió el tí­tu­lo muy pron­to, justo des­pués de Las Mu­ñe­cas Rusas ¿Qué que­ría ar­ti­cu­lar al­re­de­dor de este con­cep­to?

Cé­dric Kla­pisch: el hecho de que la vida no se guía por el sen­ti­do de la sim­pli­fi­ca­ción. Y hablo de la Vida con V ma­yús­cu­la. Eso de que la vida va hacia cosas ex­po­nen­cia­les, hacia cosas cada vez más so­fis­ti­ca­das y com­ple­jas. No creo que sea un pro­ble­ma sino sobre todo algo bueno: lo vivo se desa­rro­lla bien por­que tien­de hacia la com­ple­ji­dad. En esen­cia, yo tenía una in­tui­ción - que luego he com­pro­ba­do - y que en la vida de Xa­vier (Ro­main Duris) este rom­pe­ca­be­zas, es tam­bién lo que le em­pu­ja a en­con­trar una so­lu­ción. Un motor que le per­mi­te al­can­zar una cier­ta ple­ni­tud.

"¿Quién se cree que con 40 años ya es viejo?"

Ca­fé­ba­bel: en cam­bio esta ter­cera pe­lí­cu­la es la que más tiem­po le ha lle­va­do es­cri­bir ¿Por qué?

Cé­dric Kla­pisch: dado que ya co­no­cía a los per­so­na­jes, pen­sa­ba que sería mucho más fácil. Pero a me­di­da que iba desa­rro­llan­do el hilo de la his­to­ria me daba cuen­ta de que es­ta­ban apa­re­cien­do al­gu­nas evi­den­cias un poco de­cep­cio­nan­tes. De re­pen­te hacía falta ahon­dar, pro­fun­di­zar, de­di­car tiem­po a in­ten­tar sor­pren­der a la gente. Y a sor­pren­der­me a mí mismo.

Ca­fé­ba­bel: esta era una pe­lí­cu­la es­pe­ra­da ¿Le ha in­flui­do la pre­sión?

Cé­dric Kla­pisch: sí. Y esto ha com­pli­ca­do tam­bién la es­cri­tu­ra. Sen­tía esa ne­ce­si­dad no de ha­cer­lo mejor, sino de no ha­cer­lo peor. Esta sen­sa­ción se vol­vió muy an­gus­tio­sa du­ran­te bas­tan­te tiem­po.

Ca­fé­ba­bel : desde el prin­ci­pio de esta ter­ce­ra pe­lí­cu­la el es­pec­ta­dor tiene la im­pre­sión de re-en­con­trar a los per­so­na­jes en el mismo punto donde les dejó, pero han pa­sa­do 10 años desde Las Mu­ñe­cas Rusas ¿Cómo ha es­cri­to a sus per­so­na­jes?

Cé­dric Kla­pisch : es­ta­ba obli­ga­do a re­to­mar lo que sa­bía­mos de Xa­vier. Al mismo tiem­po, tenía que ha­cer­le cam­biar. Esto fue com­pli­ca­do para mí y para Ro­main (Duris). Ahora ya tiene 40, y no puede ser tan torpe, tan in­ma­du­ro como antes. Que­ría mos­trar cómo se ha trans­for­ma­do en adul­to, cómo se ha vuel­to más « hom­bre ».

Ca­fé­ba­bel : sin em­bar­go da la im­pre­sión de que Xa­vier es caó­ti­co, que corre cons­tan­te­men­te de­trás de cual­quier cosa.

Cé­dric Kla­pisch : Creo que asume sus res­pon­sa­bi­li­da­des, sólo que de una ma­ne­ra poco con­ven­cio­nal. Po­dría que­dar­se en Paris, sin sus hijos. Pero va a vivir una vida que no le ape­te­ce es­pe­cial­men­te. Cuida bien su lado más in­fan­til, sobre todo cuan­do habla del hecho de ha­cer­se viejo. Mi padre, que vino a ver la pe­lí­cu­la, me dijo: « pero ¿quién se cree que con 40 años ya es viejo? ». Creo que tiene razón: con 40 años no somos vie­jos. Nues­tra ci­vi­li­za­ción en­sal­za de tal modo la ju­ven­tud que, de re­pen­te, a los 40, te­ne­mos la im­pre­sión de que la vida ha ter­mi­na­do. Todo lo con­tra­rio, co­mien­za una nueva vida. Yo creo que la pe­lí­cu­la habla mucho pre­ci­sa­men­te de eso, de una es­pe­cie de se­gun­da vida que em­pie­za cuan­do lle­ga­mos al ecua­dor, cuan­do ha­ce­mos ba­lan­ce.

« Cada uno con su mier­da »

Ca­fé­ba­bel : esta se­gun­da vida se or­ga­ni­za pre­ci­sa­men­te fuera de las fron­te­ras del viejo con­ti­nen­te ¿No se lleva Eu­ro­pa un serio golpe de en­ve­je­ci­mien­to en su pe­lí­cu­la?

Cé­dric Kla­pisch :  Se lleva un golpe a secas. Sobre todo en com­pa­ra­ción con la ima­gen de la Eu­ro­pa que grabé du­ran­te Una Casa de Locos, cuan­do exis­tía una es­pe­cie de es­pe­ran­za, de aper­tu­ra, donde se decía aque­llo de « todos somos her­ma­nos ». Hoy ya no es­ta­mos en ese punto.

Ca­fé­ba­bel : ¿Qué ha pa­sa­do en­ton­ces en 10 años?

Cé­dric Kla­pisch : Se han co­me­ti­do erro­res. Como su­ce­de con los an­ta­go­nis­mos entre es­pa­ño­les y ca­ta­la­nes, entre va­lo­nes y fla­men­cos, entre grie­gos y ale­ma­nes, entre paí­ses ricos y paí­ses po­bres, ahora se dice « que cada uno se ocupe de su mier­da ». Cla­ra­men­te, la cri­sis de 2008 ha sido un au­tén­ti­co freno, in­clu­so un parón para la ex­pan­sión eu­ro­pea. Al mismo tiem­po, he te­ni­do la sen­sa­ción de que esta Eu­ro­pa re­sis­te. Puede que yo sea ton­ta­men­te op­ti­mis­ta pero se per­ci­be una cier­ta so­li­da­ri­dad en la cri­sis. Por otra parte, en esta ter­ce­ra pe­lí­cu­la no que­ría ha­blar tanto de Eu­ro­pa sino de la glo­ba­li­za­ción. Al final, esta tri­lo­gía cuen­ta la his­to­ria de una glo­ba­li­za­ción que es­ta­mos vi­vien­do desde hace 20 años.

Ca­fé­ba­bel : al pre­sen­tar a veces a Xa­vier como un re­pre­sen­tan­te de la vieja Eu­ro­pa ¿la pe­lí­cu­la no trata la di­fe­ren­cia con la que Eu­ro­pa y Es­ta­dos Uni­dos abor­dan la glo­ba­li­za­ción?

Cé­dric Kla­pisch : así es, y lo he bus­ca­do. La gente se va a Ca­na­da a los Es­ta­dos Uni­dos, a paí­ses que pro­bla­ble­men­te han vi­vi­do la cri­sis de forma más duras que no­so­tros. Pero saben ges­tio­nar­lo mejor, es in­creí­ble. Hay una es­pe­cie de no­ción de en­tu­sias­mo mien­tras que, en Eu­ro­pa arras­tra­mos la de­pre­sión con no­so­tros. Es­ta­mos de­pri­mi­dos.

 

Trai­ler de Cas­se-tête chi­nois.

Ca­fé­ba­bel : hace un año es­cri­bió una tri­bu­na sobre el pro­gra­ma Eras­mus ¿Le gusta tanto como para ha­cer­le pu­bli­ci­dad?

Cé­dric Kla­pisch : sí, por­que creo que es lo mejor que le ha pa­sa­do a Eu­ro­pa. Es in­cues­tio­na­ble que el pro­gra­ma Eras­mus es todo un éxito. He ha­bla­do con las per­so­nas que crea­ron este pro­gra­ma en Bru­se­las. Du­ran­te 10 años in­ten­ta­ron ven­der la idea a gente que tenía miedo a una « fuga de ce­re­bros ». Al final es justo lo con­tra­rio de lo que ha ocu­rri­do, hemos vi­vi­do una afir­ma­ción de la iden­ti­dad eu­ro­pea.

Ca­fé­ba­bel : al final hemos cre­ci­do un poco con sus pe­lí­cu­las ¿Cómo lo hace para cap­tar la esen­cia del tiem­po?

Cé­dric Kla­pisch : miro lo que ocu­rre a mi al­re­de­dor. Una Casa de Locos cam­bió la vida de al­gu­nas per­so­nas por­que vie­ron mi pe­lí­cu­la. Y es algo de lo que estoy or­gu­llo­so.

Cas­se-tête-chi­nois se es­tre­na en fran­cia el 4 de di­ciem­bre. pró­xi­ma­men­te en es­pa­ña.