"Cese definitivo" de la actividad armada: ETA, una culebra moribunda

Artículo publicado el 21 de Octubre de 2011
Artículo publicado el 21 de Octubre de 2011
Fin a casi media década de terrorismo en España. ETA anunció el 20 de octubre el "cese definitivo" de la actividad armada. Tras 829 asesinatos, la banda terrorista emitía el comunicado más esperado por la sociedad española tan solo unos días después del final de la Conferencia de Paz de San Sebastián.
Hace tiempo que ETA reclamaba mediadores internacionales para “resolver” el conflicto y ahora es ya una culebra moribunda. Recuperamos un artículo de 2010 para hablar del pasado y del presente de la banda terrorista.

Empezaron como un grupo resistente más, una guerrilla urbana al estilo “foquista” de los años sesenta, y fueron encadenando ataques hasta que en 1973 hicieron volar por los aires al Número Dos de la dictadura franquista, el Almirante Carrero Blanco, con una explosión tan violenta que el coche superó un edificio de seis plantas. Para la oposición (en el exilio), fue como alcanzar a Goliat entre las cejas.

Poco después llegó la democracia y una parte de ETA no quiso adaptarse. El periodista vasco Raúl González Zorrilla, director de País Vasco Información, afirma en cafebabel.com que “la ETA original y la actual no tienen nada que ver; el primer grupo estaba formado por personas de ideología socialista que, aunque en mi opinión estaban profundamente equivocadas en su forma de lucha, eran conscientes de pelear por la democracia y la libertad. Con el nacimiento en 1974 de ETA Militar (la actual ETA), los terroristas pasaron a luchar ‘por la independencia de la patria vasca’, una independencia que los ciudadanos vascos, una y otra vez desde 1975, hemos demostrado en las urnas que no queremos”.

Sus correligionarios desaparecieron hace ya tiempo: la alemana Baader Meinhof se disolvió oficialmente en 1998, cuando llevaba siete años sin matar; Acción Directa, en Francia, fue barrida por una ola de detenciones a mediados de los ochenta, y las Brigadas Rojas, por suerte para Italia, están prácticamente extinguidas desde hace mucho. Pero ETA sigue retorciéndose…

…Retorciéndose en soledad

La cooperación hispano-francesa ha desmantelado la cúpula etarra seis veces en apenas dos años.

Según el euskobarómetro (encuesta sociológica realizada cada seis meses), en mayo de 2010 el 62% de la sociedad vasca rechazaba completamente a ETA, un 12% justificaba sus objetivos pero no sus métodos, y sólo el 0,2% le daba un apoyo total. Fuentes policiales estiman que la banda está formada por entre 30 y 100 miembros, y 726 están en prisión, un número que no deja de crecer: la cooperación hispano-francesa ha desmantelado la cúpula etarra seis veces en apenas dos años.

Citado por BBCMundo, el periodista navarro Florencio Domínguez destaca la organización interna de la banda: “No hay un debate libre y horizontal dentro de ETA, entonces no hay margen para una evolución ideológica ni una evolución estratégica, el debate es siempre vertical y lo controla la dirección de ETA”. Ésta parece una constante, y no debe extrañar; temer el oxígeno es natural entre quienes se autoproclaman estalinistas.

Tras el fracaso del proceso de paz por un atentado etarra en 2006, el Gobierno socialista reanudó la ofensiva policialAsí es el fanatismo, una bacteria que gana con la sencillez y la contundencia, casi indestructible cuando entra a edades tempranas. El fanatismo sustituye el libre albedrío y la percepción mundana por un código de puntos muy concretos que simplifican la vida. Frente a esa terquedad, los Gobiernos lo han intentado todo: fuerza, diálogo, ilegalización de partidos e incluso una guerra sucia nunca aclarada durante los años de Felipe González. En vano. La serpiente enroscada a un hacha, símbolo de los terroristas, ha seguido matando y mareando con una estrategia llena de dobleces. Medio-plagiando a Winston Churchill, podríamos decir que “Nunca tan pocos molestaron tanto a tantos”.

La nueva generación

Pero ETA ha cambiado algo en la última década, como apunta Raúl González Zorrilla: “Durante los años ochenta y noventa, el terrorista de ETA era una persona extremadamente fanatizada y bien preparada técnica y materialmente. A partir del 2000, y con el ascenso a ETA de los jóvenes que se habían formado en el terrorismo callejero, la banda fue perdiendo destreza técnica y ganó en posturas integristas”.

¿Qué hace un puñado de treintañeros, nacidos y educados en la prosperidad europea, dirigiendo una banda de asesinos? A lo mejor disfrutan cavando zulos en el monte, detectando cámaras de seguridad y usando barba y gafas de mentira como en una película de espías; quizás, tras poner la primera bomba lapa bañados en sudor frío, desarrollen una adicción al peligro y necesiten más. Puede que incluso se vean a sí mismos como el Che Guevara en la foto de Alberto Korda: un guerrillero heroico que mira hacia el futuro... Y todo para crear un hipotético mundo medievo-comunista sin “hamburguesas, rock, ni internet”, como sugiere Arnaldo Otegi:

ETA ha marcado mucho a España: primero a sus víctimas, y luego a la ciudadanía entera y a la política, envenenada legislatura tras legislatura. Pero sea por presión policial, justicia o simple desgaste biológico, los pistoleros han pasado de matar a unas 40 personas anuales en los años ochenta, a dos o tres en los últimos años. Toda la prensa coincide: ETA ya no es una serpiente, sino una culebra; una culebra moribunda. Esperemos que estos sean sus últimos estertores.

 Pistola enroscada: (cc) S†e's photostream/Flickr; Zapatero: ©European Parliament/Pietro Naj-Oleari; vídeo: Youtube