Charlie en Libération: "Bueno, ¿pasamos al periódico?"

Artículo publicado el 11 de Enero de 2015
Artículo publicado el 11 de Enero de 2015

Los periodistas que han sobrevivido al atentando volvieron al trabajo el pasado viernes, aún pensando en los fallecidos y en los heridos, para publicar el número del miércoles. Reportaje.

En total, la reunión de redacción de Charlie Hebdo habrá durado más de tres horas. Sólo que, además del diseño de las páginas, de temas o de fechas de entrega, la mañana del viernes tenían que hablar también de muertos, heridos, homenajes, funerales. La sala donde el rotativo francés Libération (conocido como Libé en Francia) celebra habitualmente su reunión diaria, ha sido ocupada en esta ocasión por los supervivientes del semanario satírico. La habitación, iluminada en una parte por una gran ventana redonda, tiene la calefacción muy alta a la vez que la ventana está abierta de par en par para hacer desaparecer el humo de los cigarrillos.

Sobre la gran mesa redonda, hay ordenadores prestados por el grupo Le Monde. Sentados todos alrededor: Willem, Luz, Coco, Babouse, Sigolène Vinson, Antonio Fischetti, Zineb El Rhazoui, Laurent Léger…En total, más de 25 personas, con caras sombrías y ojos hinchados, cercanos o colaboradores ocasionales, están ahí para preparar el siguiente número de Charlie Hebdo. Tiene que salir el próximo miércoles, y serán publicados un millón de ejemplares, es decir, alrededor de veinte veces su tirada habitual.

"He podido ver a todo el mundo en el hospital". Gérard Biard, el redactor jefe de Charlie, comienza así. "Riss (uno de los dibujantes del periódico que se ha salvado) ha sido herido en el hombro derecho pero no le ha tocado el nervio. Evidentemente le duele mucho. Lo primero que ha dicho ha sido que no está seguro de que podamos seguir haciendo el periódico". Fabrice Nicolino, alcanzado varias veces durante el atentado, "va mejor", incluso si "evidentemente, está sufriendo mucho". Patrick Pelloux, médico de urgencias y cronista en Charlie, explica entonces la herida en la mandíbula de otra víctima, Philippe Lançon, también periodista en Libération. En cuanto a Simon Fieschi, su webmaster, a éste se le ha "inducido al coma artificial". Una joven se derrumba. "No tienes por qué sentirte culpable", la reconforta Gérar Biard. Todo el mundo asiente con la cabeza en silencio. La que llora es la periodista Sigolène Vinson, presente en la redacción en el momento del drama el miércoles pero perdonada por los agresores.

Biard continúa hablando. ¿Cómo organizar los funerales? ¿Y el homenaje nacional? ¿Con qué música? ¿Sin banderas, a pesar de todo? "No hacen falta símbolos que ellos mismos habrían detestado", apunta alguien de alrededor de la mesa. "Han matado a gente que dibujaba muñequitos. Nada de estandartes. Tenemos que recordar la sencillez de estas personas, de su trabajo. Han muerto nuestros amigos, pero no vamos a exponerlos en la plaza pública". Todo el mundo asiente.

SOLICITUDES DE SUSCRIPCIÓN EN MASA

Una periodista explica que gente desconocida ha creado en internet de forma espontánea un bote que ha reunido 98.000 euros en menos de 24 horas. Los supervivientes de Charlie están desbordados por las solicitudes de suscripción, las cuales, por ahora, no consiguen gestionar. No obstante, en muy poco tiempo, deberían recibir ayuda del grupo Lagardère para tramitarlas. El abogado de Charlie HebdoRichard Malka, toma la palabra. "Llega dinero de todas partes. Ayudas, locales, personal para gestionar las solicitudes...". "Hemos recibido apoyo de muchos medios de comunicación", añade Christophe Thévenet, otro abogado, "hay donaciones, ya 250.000 euros a través de la Asociación Prensa y Pluralismo (Association Presse et pluralisme), el millón de euros prometido por Fleur Pellerin... ¡Vais a tener más financiación que nunca en Charlie!". El abogado sabe de lo que habla: es él quien ha creado los estatutos del periódico, quien ha organizado las asambleas generales. Estos últimos meses, el semanario había hecho un llamamiento a las donaciones para intentar sacar a flote las fastidiadas cuentas del periódico.

"Bueno, ¿pasamos al periódico?", pregunta Gérard Biard, visiblemente con ganas de cambiar de tema, "¿qué ponemos en las páginas?". "No sé, ¿qué hay de actualidad?", lanza Patrick Pelloux. Risa nerviosa. Biard continúa: "Yo haría un número, entre comillas, normal. Que los lectores reconozcan Charlie. Ni siquiera es un número excepcional". "¡No está nada mal!", lanza alguien de alrededor de la mesa. Algunos mencionan la idea de dejar espacios en blanco en los lugares donde los muertos del miércoles deberían haber escrito o dibujado. Pero, finalmente, el equipo está en contra. "No quiero que, materialmente, haya un vacío", argumenta Gérar Biard, "tienen que estar todos ahí, en las páginas. Y Mustapha también". Mustapha Ourrad, el corrector, forma parte de la larga lista de asesinados en el atentado del miércoles. "Entonces dejad mis faltas", bromean Patrick Pelloux y los demás.

"¡Anda, mira! ¡Fidel Castro ha muerto!", salta Luz haciendo la peineta al descubrir la información (desmentida rápidamente) en su móvil. El reportero Laurent Léger intenta volver a centrar el debate sobre el periódico: "Creo que no debemos hacer necrológicas, no vamos a hacer un número de homenaje". La redacción discute sobre el contenido del periódico. Gérard Biard: "Espero que dejen de tratarnos como laicos integristas, que dejen el 'sí, pero' en la libertad de expresión". Laurent Léger: "Creo que también podemos decir que hemos estado muy solos estos últimos años". Luz: "Este número también tiene que hablar del después". Corinne Rey: "¡Hagamos llegar el mensaje de que estamos vivos!". Richard Malka: "Y que no dejamos a un lado la crítica de las religiones".  

Charlie Hebdo es un periódico curioso: no cuenta realmente con secciones, sino con "espacios" atribuidos a este autor o a aquel dibujante. En cuanto a los espacios de los difuntos, el equipo decide desempolvar inéditos aún por publicar. Así, en el número que estará en los kioskos el miércoles, estarán Charb, Cabu, Wolinski, Honoré...Durante las discusiones hay sollozos por aquí y por allá, como pequeños fuegos que se encienden para terminar apagándose en los brazos del vecino. Hay manos cogidas y miradas humedecidas.

Richard Malka se aclara la voz: "Manuel Valls acaba de llegar a los locales". El equipo suspira, se dispersa y unos charlan con otros. Acompañado por la ministra de Cultura y Comunicación, Fleur Pellerin, que luce en el pecho una pegatina Je suis Charlie, y toda una jauría de periodistas externos, auxiliares y trabajadores de comunicación, el Primer Ministro va a estrechar la mano a los presentes, dando información sobre la intervención que estaba teniendo lugar en Dammartin-en-Goële – "Hemos atrapadao a los dos asesinos" – antes de desearles "mucho ánimo".

Biard lo intenta: "Bueno, ¿ya no hay periodistas? ¿Ya no hay ministros? ¿Qué hacemos para la página 16? Su pregunta se pierde entre el ruido al abrir las latas de Coca-Cola, al comer bollitos de chocolate, al disimular las lágrimas y, fuera, el de las sirenas de policía. En su sitio, Patrick Pelloux se ríe: "Así que esto es una reunión de redacción auténtica, un caos, ¡empezamos bien!".

Este texto ha sido publicado originalmente en francés en Libération, desde donde han tenido la brillante idea de dejarlo en Creative Commons para que pueda ser publicado en otros medios de comunicación. Les damos las gracias.