China viste a Europa

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2005
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Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2005

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Desde la liberalización del mercado mundial del textil, la entrada masiva en Europa de piezas de ropa elaboradas en China hace tambalear a la industria textil europea.

Entre enero y junio de 2005, la entrada en Europa de algunas mercancías textiles procedentes de China aumentó en un 534%, según datos de la Comisión Europea. Las protestas de Euratex, la asociación que agrupa a los principales productores textiles europeos, y de países como Italia, Francia o España no tardaron en llegar. Para contrarrestar las quejas, la UE llegó a un acuerdo de limitación de las importaciones chinas de diez productos sensibles hasta 2008. Pero el conflicto del textil entre la UE y el país asiático se retomaba en agosto, cuando 80 millones de piezas de ropa elaboradas en China eran retenidas en puertos y fronteras de la UE por haber superado las cuotas establecidas. Después de un mes de negociaciones, Pequín y Bruselas llegaban a una solución: el contingente de ropa entraría en Europa y el excedente de stock se descontaría de las cuotas de 2006.

¿Quién se viste y quién queda desnudado con la ropa china?

Durante el año 2004, la UE vendió a China el equivalente a 514 millones de euros en productos textiles mientras que esta exportó a Europa una cantidad de ropa valorada en 16 billones de euros. El contraste es abismal y tiene más de una lectura. La entrada de productos textiles chinos no se puede considerar únicamente como exportación. Del contingente bloqueado el pasado verano, una gran parte eran encargos que las grandes cadenas de distribución europeas (Zara, H&M, Marks & Spencer...) habían hecho a China. Elaborar parte de su producción en países asiáticos para abaratar costes es una práctica que las convierte en uno de los pocos sectores del textil no afectados por el alud de mercancías chinas.

A otro nivel, sin embargo, la situación no es tan positiva. Las pequeñas y medianas empresas del sector de la confección de países como Italia, Francia, España, Grecia y Portugal, viven malos momentos. La crisis no es nueva, ya hace años que viven un claro retroceso, pero los efectos de la liberalización han agudizado su situación. En estos países, las estimaciones de pérdida de puestos de trabajo son escalofriantes: Francia podrá perder 7.000, España 70.000 e Italia, 200.000.

El textil y la confección, uno de los pilares de la economía italiana, sufre una grave crisis acentuada por la liberalización del sector y la existencia del “Made in Chinitaly”: los productos que los propios chinos inmigrados fabrican en el país de la bota. Ahora, la lucha de Italia se concentra en el etiquetaje y la mención del origen geográfico de las piezas de ropa, un requisito que la Federazione SMI-ATI (Sistema Moda Italia y Associazione Tessile Italiana) considera indispensable para ofrecer una mayor transparencia.

Francia, que tiene la segunda industria textil de Europa, suministra el 75% de su producción a países de la UE. El efecto de la entrada de productos chinos es evidente: pérdida de cuota de mercado con la consecuente desaparición de puestos de trabajo. Así lo expresa Enmmanuelle Butaud, Directora de Asuntos Económicos e Internacionales de la Union des Industries Textiles francesa (UIT): “En los últimos años ha habido una reducción anual del 10% de puestos de trabajo y este año se calcula que será del 12%”.

La producción textil española, también sufre los estragos de esta crisis. Formada principalmente por pequeñas y medianas empresas, ha visto en los últimos años cómo cerraban muchas de ellas y desaparecían profesiones vinculadas a la confección de piezas de ropa. Una de las causas que han provocado la erosión del sector es la deslocalización que algunos gigantes europeos de la confección, como el grupo Inditex, que agrupa a Zara y Massimo Dutti entre otras marcas, vienen haciendo desde hace décadas. La estrategia de Inditex, que importa un 30% de sus productos de Asia, es una buena manera, según declaraba Víctor Fabregat, director de Centro Información Textil y de la Confección, a Expansión, de hacer frente a una crisis anunciada.

¿Amenaza china?

China es un inmenso mercado con unas peculiaridades que lo convierten en un competidor difícil. Lo que algunos ven como una oportunidad de negocio, otros lo perciben como una gran amenaza. Lo cierto es que el volumen de la producción china tiene el poder de desestabilizar los mercados en los que entra.

Muchos son los que ven el fin del mercado textil europeo si no se producen cambios inmediatos. Sin embargo, la realidad es que esta es “una crisis anunciada”, como afirma Pablo Rovetta, analista de Iberglobal. “Desde hace una década estaba prevista la liberalización de este mercado. Observando el dinamismo económico chino, era previsible que se produjera un alud de productos textiles. De esta manera, podríamos pensar que las empresas europeas del sector no se han preparado lo suficiente para el nuevo escenario internacional”, concluye.

Qué hacer ante el dragón amarillo?

Las estrategias que ha adoptado la industria textil europea se han unificado mayoritariamente en una línea: potenciar el valor añadido de los productos, es decir, la calidad de los tejidos y el diseño. Quien no ha optado por deslocalizar o abrir mercados en Asia, no tiene otra alternativa que esforzarse por ofrecer un producto diferente y de calidad que esté por encima de la comparativa de precios y que pueda competir con la masificación de mercancías confeccionadas. En esta línea, Butaud destacaba la necesidad de desarrollar la investigación en los sectores textiles y proteger la propiedad intelectual de los productos textiles.

Y es que es necesario emprender estrategias porque las previsiones de futuro no son demasiado alentadoras: según el Banco Mundial, China podría controlar en pocos años la mitad del comercio mundial del vestido.