Chipre, la fractura identitaria

Artículo publicado el 17 de Marzo de 2010
Artículo publicado el 17 de Marzo de 2010
Encajada entre Grecia y Turquía, una línea formada por alambres de espino y torres de control divide la isla de Chipre desde 1974. A ambos lados de la Línea Verde, los jóvenes chipriotas reavivan sus trastornos identitarios, divididos por el peso de las comunidades y las ganas de encontrar una vida normal a través de la integración europea

En 1974, con la invasión turca, se impuso la Línea Verde en la parte norte de la isla, una fractura que no fue subsanada en 2003, cuando se abrieron varios de los puntos de control que existían en el corazón de la isla, ya que aún así una ‘Línea Verde psicológica’ continuó existiendo en las almas de los chipriotas de manera aún más fuerte que cualquier barricada. En 2004, más del 75% de los greco-chipriotas rechazaron el plan de paz de la ONU que estudia la creación de dos federaciones. Después, solo la parte sur de Chipre se ha adherido a la Unión Europea. De esta manera, la reunificación continúa siendo un factor condicionante para la adhesión. Dentro de esta situación de statu quo que parece eternizarse, las dos poblaciones intentan ser reconocidas como miembros de un mismo Estado.

Dos identidades, una nación

La bandera turca, en la parte norte de la isla“Para mí, que siempre he vivido la situación tal y como es ahora, no me parece en absoluto natural vivir con los turco-chipriotas”, comenta Andreas, un joven greco-chipriota de 26 años. “Existen grandes diferencias entre nosotros. El idioma ha sido siempre una barrera, incluso antes de 1974”, afirma otro greco-chipriota de más edad. El idioma, la religión, la cultura... son muchas las diferencias constantemente nombradas para explicar la utopía de comprenderse en Chipre. De la misma manera, son muchos también los argumentos que desde hace medio siglo nutren el sentimiento nacionalista de unos y otros. Una vez más, es Andreas el que explica con cierto fervor que se siente “ante todo, griego”. Al norte de la isla, se escucha el mismo discurso: “Me siento turco-chipiota, pero también turco”, afirma un estudiante de 20 años. Aquí, es la pertenencia a una comunidad la que modela la identidad. Cuando se les pregunta el significado que le dan al término ‘chipriota’, la mayoría de los greco-chipriotas responden greco-chipriota, al igual que los turco-chipriotas contestan... turco-chipriota. Sólo una minoría señala que ‘chipriota’ engloba a “los turco-chipriotas y los greco-chipriotas”.

Una historia desgarrada

Ver : Radio Mayis, una radio bilingüe y pacifista en Chipre

“Chipre ha sido un esclavo del Mediterráneo durante siglos”, me comentó un día un amigo greco-chipriota. Amarga constatación de una historia acusada de ser la culpable de todos los males de la isla. Hasta 1960, Chipre fue constantemente colonizada y de esta frenética historia nació una sociedad bicomunitaria privada de una conciencia nacional común. Sin embargo, en el siglo XX los greco-chipriotas se dieron cuenta de que poseían una identidad y una cultura propias, siendo este sentimiento creciente el que conduciría a la isla a la independencia en 1960. Entonces, los turco-chipriotas se unieron a este impulso, pero rápidamente vieron como su comunidad era rechazada. Y lo que es aún peor, la aspiración de los greco-chipriotas de unirse a Grecia conducirá a la oprimida minoría turco-chipriota a idealizar Turquía como una madre patria protectora. Fue así como en 1974 la recién nacida identidad chipriota se vio truncada cuando los turcos invadieron la isla y causaron la división del territorio y la separación de las dos comunidades.

Cuatro actores para una sola isla

La calle Ledra separa la isla en dos territorios diferentesHoy en día, Grecia y Turquía son omnipresentes en Chipre y la visibilidad de sus respectivas banderas es una prueba más que suficiente. En marzo de 2010, los primeros ministros Recep Tayyip Erdogan y Georges Papandréou han prometido verse para intentar encontrar una “solución justa”. Por una parte, los greco-chipriotas se emanciparon en 1974 y consiguieron fundar una nación autónoma y libre. Por otra, el norte de la isla, con sus 30.000 soldados turcos, se encuentra más ligada a Ankara que nunca no solo a nivel militar, si no también político y financiero. La situación demográfica es extremadamente compleja debido a la afluencia masiva de ‘colonos’ turcos, que a día de hoy ha superado el número de turco-chipriotas, impidiendo que se beneficien de su derecho de autodeterminación sobre su propia tierra. “¿Cómo vamos a decidir nada por nosotros y con respecto a Europa si ellos son mayoría?”, se pregunta una turco-chipriota. En cuanto a los greco-chipriotas, exigen la salida de los turcos como requisito indispensable a cualquier negociación.

La esperanza de la perspectiva europea

“Me gustaría ser una turco-chipriota europea”

La entrada de la República de Chipre en la Unión Europea marcó un punto de inflexión en 2004, cuando sin intervenir directamente, la UE presionó a los chipriotas para buscar de forma activa una solución. Sin resultados. En efecto, esta adhesión que debería acelerar el proceso de reunificación, ha sido acusada de sembrar de nuevo la ambigüedad en las relaciones entre greco-chipriotas y turco-chipriotas, ya que a los primeros no les convence la idea de unirse a los segundos desde que tienen en sus manos la carta europea. Se sabe que no se encontrará ninguna solución de hoy para mañana. La idea de una única identidad chipriota es reciente, cuenta con apenas treinta años y ha crecido en el dolor. Pero la idea ha creado su propio camino, hasta tal punto que las dos comunidades de la isla han entablado un verdadero diálogo. En poco tiempo, los greco-chipriotas y los turco-chipriotas podrían reunirse alrededor de la integración europea: “Me gustaría ser una turco-chipriota europea”, comenta Mel.

¿Podremos contemplar en el futuro una nación multiétnica y pluricomunitaria estable, integrada en la Unión Europea? Una cosa es segura, el ejemplo de esta pequeña isla que baña el mar Mediterráneo encarna los errores modernos sobre la concepción de identidad. Múltiple, vacila entre el vínculo comunitario, regional y europeo. No se puede continuar reduciendo el concepto de identidad a prejuicios rígidos, hay que liberarlo de cortapisas como la lengua o la religión para tener en cuenta su multiplicidad en el seno de una nación. Esta es la dura tarea a la que Chipre se enfrenta.

Fotos: Chypre, isla dividida: ©cedricd ; torre de la ONU : ©Liza Fabbian