Cine de animación en Estonia: conciliar el arte y la cartera

Artículo publicado el 25 de Noviembre de 2008
Artículo publicado el 25 de Noviembre de 2008
Desde el 19 de noviembre, el mundo de la animación se reúne en Tallin gracias a Animated Dreams, su festival local. Mientras que los dibujantes de la antigua generación, instalados en viejos estudios soviéticos, exportan su arte gracias a las subvenciones públicas, los jóvenes intentan llegar a fin de mes y unir creación y remuneración

K¡Pom! Portazo. Una corriente de aire frío, nórdico… deprimente. En una antigua manufactura de calcetines, al fondo de un pasillo oscuro y lleno de cuerpos inanimados estorbando, un cartelito anuncia el estudio Nukufilm. Agarrándose al techo, un extraño personaje de madera cuelga, como si fuera un tótem, ennegrecido por el humo de una vela. “Es el Dios de Nukufilm. Cada vez que acabamos un cortometraje, encendemos la vela, rezando para que tenga una larga vida”. Una cabeza rubia sobre un jersey de colorines acaba de abrirnos la puerta a lo que el cine de animación estonio hace de más artesanal y marginal: las películas de marionetas.

(J.M)

La historia de la lucha por la independencia

Nuku, en estonio, significa títeres. Junto con Joonisfilm, su homólogo en el sector de dibujos animados, este estudio representa el blasón del arte de animación báltico. “Es cine de autor”, insiste Mait Laas, un director que ronda la cuarentena, niño en esos parajes a la vez encantados y polvorientos. Cuenta las obras visuales, las antiguas estrellas articuladas de la gran pantalla que ahora duermen en las vitrinas de los museos. Cuenta también los esfuerzos realizados por los estudios para mantenerse en pie tras la independencia y la retirada soviética de su territorio. “En Estonia existe una gran tradición de cine de animación. Nuestro estudio celebró sus bodas de oro el año pasado”, nos recuerda. “Representamos al cine estonio en Europa, una mezcla de saber hacer artesanal y de tecnología punta, pero sin el dinero público, no existiríamos”.

“Refrescante”, “poco habitual”, “esquizofrénico”… A menudo los estonios no tienen palabras para hacer justicia a la descripción del universo que anima las películas de este diminuto país del noreste de Europa. Poético, lúgubre, solo para adultos, vivo en todo lujo de detalles cuando aparecen las marionetas, abigarrado o con un aire color sepia, arriesgado. Y sobre todo… imposible de vender. En una pared de Nukufilm, un mapamundi está colgado y lleno de chinchetas. Sobre Europa, todo un ejército de puntas se acumula: “Es el mapa de los festivales en los que pasan nuestras películas”, señala Mait. Sin esos viajes por la Unión Europea (favorecidos por la creación de Anoba – Animation Nordic and Baltic-), que a veces les llevan a la otra punta del mundo, ni pensar en cine estonio. El cortometraje no se difunde demasiado en el cine. Y en la televisión, son las series para niños las que arrasan. El cine de autor está brotando en terreno abrupto.

Puestas en escena muy singulares

(J.M)“En algún lugar de Europa, al borde de un gran mar, la ciudad de Trastolandia”. Sobre un decorado de colores abigarrados, varias generaciones de pequeños estonios han seguido en televisión las maravillosas aventuras de Lotte, una niña perro con una palmera en la cabeza. Eesti Joonisfilm, el estudio de dibujos animados estonio nacido hace 31 años, cuenta con ese proyecto clave para conseguir los fondos necesarios para lanzarse a empresas artísticas más arriesgadas.

Para Priit Pärn, el más célebre autor estonio, Lotte (y productos derivados) no permite asegurar tan satisfactoriamente como se debiera la “supervivencia económica” del estudio de animación, uno de los únicos en Europa que ha sobrevivido a la caída del bloque soviético: “Las cadenas de televisión te dicen lo que esperan de ti. Imponen demasiadas reglas, demasiados límites”, dice sin pelos en la lengua.

“Somos un país pequeño, no podemos competir en el terreno de las series mastodónticas y comerciales, las de los grandes estudios europeos”, se queja Rao Heidmets: él, reivindica con fantasía su “músculo de la locura" bien desarrollado.

Profesor y fundador, en 2006, de la escuela de animación de Tallin, Priit Pärn, de 67 años, ama su independencia y la libertad de escribir guiones particulares. En su última película, de 40 minutos, Life without Gabriella Ferri, una pareja se une en un baile pegajoso, sensual, con un pez en una mano, un cuchillo en la otra y, entretanto, su hijo, encerrado en su cuarto, se golpea la cabeza contra el tabique. Cuando menos, perturbador y evocador de una sociedad amenazadora donde hasta los lazos familiares se disgregan.

Animated Dreams: la panda de la animación por fin reunida

(J.M)Siguiendo los pasos de esa vieja guardia de locos por el lápiz, los jóvenes artistas de Tallin se lanzan también a aventuras arriesgadas pero esperando escapar pronto a la precariedad, sinónimo de creatividad. La idea es simple: solo quieren ganarse la vida. Martin Rääk, el mánager, y sus colegas creativos, han instalado su cueva en una vieja barraca de madera transformada en taller ‘design’. Gracias a algunos buenos contratos con la tele estonia, su pequeña empresa, Tom Studio, ya está en marcha.

“Hay un lugar para nosotros, entre los viejos cortometrajes de Nuku, vamos, los dinosaurios, y las otras actividades que permiten mover una empresa”, considera Martin. “Es un sueño poder dedicarse por entero a nuestros proyectos personales, pero esperamos poder alternar esto con una actividad comercial y visualmente bien hecha”, insiste Joosep Volk, un joven realizador de 27 años. Y, a ser posible, con una pizca de humor: “Cuando nosotros, los estonios, intentamos ser graciosos, es un desastre total. Nuestro universo es deprimente por culpa de nuestro pasado”.

(http://blog.tolmstuudio.ee/)Nostálgico y triste, profundo. Los viejos no lo ocultan: “Cuando intento hacer una película divertida, ingenua, como tan bien saben hacer en el Oeste, siempre acaba siendo deprimente”, confirma Rao Heidmets. A finales de noviembre, y por décimo año, la banda de la animación se reúne alegremente en el viejo cine Soprus del centro histórico de Tallin con motivo del Animated Dreams, el festival de animación estonio. Una fiesta familiar donde el principal objetivo será reír y pasarlo bien, uniendo a varias generaciones, a profesores y alumnos, maestros y chicos malos.