Cine europeo, teatro de la duda

Artículo publicado el 17 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 17 de Mayo de 2004

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¿Tiene el cine europeo un alma propia que lo diferencie del cine japonés, estadounidense o iraní? Sí, más allá de los prototipos y de las individualidades, el cine europeo es el cine de la duda.

«¿Han encontrado ya los europeos un alma común en los cines de Europa?» se pregunta el director griego Théo Angelopoulos. Es fácil negarle al cine europeo cualquier especificidad; pero a pesar de los escépticos, de las críticas fáciles, a pesar, sobre todo, de la dificultades y limitaciones debidas al restringido alcance de las verdades establecidas (el cine se hace, en primer lugar, a base de prototipos e individualidades), esta alma se puede identificar.

A decir verdad, entre las tentativas de definición, son pocas las que llegan a convencer. Muy a menudo se produce el mismo error, es decir, el de definir el cine europeo por su estética minimalista, carente de happy end y por su contenido social. Esta definición oculta a todo el cine de género europeo, que es mayoritario, pero sí que refleja una parte del cine japonés de los años 50 o el cine iraní de nuestros días, que podrían definirse en términos paralelos. De igual manera, la identificación del cine europeo según su modelo de producción sufre la comparación única con el modelo hollywoodiano, sin preocuparse mucho por todo el sector independiente estadounidense, cuyo funcionamiento se asemeja bastante al modelo europeo.

Así pues, parece bastante claro que los criterios estéticos, económicos o relativos a los temas tratados no son específicos de una cinematografía concreta, ya que son numerosas las influencias mutuas en estos campos.

Filosofía de la duda

Lo que puede diferenciar al cine europeo de los demás es la filosofía subyacente en las historias que se cuentan. Una cierta visión del mundo que no tiene motivo para copiarse, ya que no siempre es compartida entre las diferentes civilizaciones. Una visión del mundo cuyo pilar fundamental sería la noción de duda, basándose en el concepto filosófico de Descartes, pero ampliable a numerosos campos de la actividad humana. De cualquier manera, se presenta la duda como medio de reflexión, así como una actitud hacia el mundo. De esta forma tan particular de ver el mundo nacería también una forma especial de representarlo. Así, Angus Finney, interesándose más en los argumentos, afirma que si el cine estadounidense explica el mundo a sus espectadores, el cine europeo lo comenta. Así pues, de alguna forma, el argumento europeo es más reflexivo (sin necesidad de encontrar una connotación intelectual).

Oscuridad, escepticismo, distancia...

La hipótesis que sostiene el realizador francés Bertrand Tavernier, especialista en cine estadounidense, es la siguiente: «el cine estadounidense se basa en la afirmación y el cine europeo en la duda. Si examinamos atentamente un cierto número de directores europeos que trabajan en Hollywood (Lubitsch, Wilder, Lang, Boorman), podemos darnos cuenta de que el punto en común de sus películas es la oscuridad, a menudo el escepticismo, la distancia... que no encontraremos, o al menos de una forma totalmente diferente, en las películas de Hawks y Walsh, por ejemplo. [...] Si nos vamos hasta la misma esencia del cine europeo, de Rossellini a Renoir, de Vigo a Powell, de Fellini a Bergman, etc., podemos darnos cuenta de que la duda también tiene un papel fundamental. Las películas de estos cineastas cuestionan, se hacen preguntas, dudan del mundo y no siempre nos dan una respuesta a estas preguntas. Las películas estadounidenses, incluso si son críticas, nos dan siempre una respuesta.»

Así pues, el cine estadounidense será, en general, behaviorista: los actos, los gestos y los diálogos permiten entrar en la conciencia del individuo. Por el contrario, el cine europeo es más bien introspectivo, ya que se autoanaliza. La prueba es la cantidad de películas en las que el actor pasa por ser el doble del director.

Un malestar que no se puede explicar con hechos

Muy a menudo, el cine europeo se centra en la memoria, como si tuviese una relación obsesiva con el pasado. La consecuencia es una actitud del cineasta europeo más centrada en la interrogación, actitud que en muchas ocasiones no puede plasmarse en hechos acaecidos en el presente.

Finalmente, los personajes de ficción estadounidenses son en su mayoría positivos, anclados en la acción para superar un conflicto, mientras que sus homólogos europeos sufren de un mal y de una culpabilidad insuperables: la metafísica existencialista está en la base de este malestar que no se puede explicar con hechos.