Cine: La Banda de Baader, realidad, mito y terrorismo

Artículo publicado el 12 de Noviembre de 2008
Artículo publicado el 12 de Noviembre de 2008
La película Baader-Meinhof-Komplex, estrenada en septiembre en Berlín y que llegará a las pantallas españolas a finales de enero, será la candidata alemana a los Oscar. La historia sobre una desmitificación de la organización terrorista alemana Fracción Armada Roja (RAF)

“¡Temblad burgueses, temblad!” Baader-Meinhof-Komplex (El complejo Baader-Meinhof, traducido en español) muestra los actos de las dos primeras generaciones de la RAF, una organización terrorista nacida a partir del movimiento estudiantil de finales de los 60. Esta fracción había declarado la guerra contra el ‘sistema’ y consideraba que la ‘desnazificación’ que las potencias de la ocupación querían llevar a cabo todavía estaba pendiente: para ellos, el nuevo Estado alemán no era más que un nuevo Estado fascista. La lucha armada en forma de guerrilla urbana (atentados contra los bancos, instituciones del Estado)estaba dirigida por una vanguardia comunista ‘iluminada’ y tenía como objetivo despertar a las masas y dirigirlas contra la patronal y las fuerzas americanas instaladas en Alemania (vistas como un ocupante imperialista).

Millares de simpatizantes

La RAF permaneció activa de 1970 a 1998, casi tres décadas en las que asesinó a 34 personas. Una parte de la Historia de la República Federal, que aparece aquí retratada en uno de sus momentos de debilidad, especialmente hasta 1977, cuando la RAF contaba con millares de simpatizantes.

Así, en 1971, el 51 % de la población alemana consideraba a los miembros de la organización como combatientes políticos. La sociedad estaba dividida sobre el modo de actuar para enfrentarse a los terroristas. ¿No irían las severas medidas tomadas por el Estado a alentar otros impulsos terroristas? Pero, por otro lado, la ausencia de una acción tajante podría ser interpretada como un principio de victoria de la organización. Resumiendo, la tensión aumentó a lo largo de los llamados ‘años de plomo’ hasta alcanzar el paroxismo en 1977, con el suicidio en prisión de tres terroristas y con el secuestro y asesinato de Hans-Martin Schleyer, presidente de la unión de patronos alemanes. Para muchos, la República corría el peligro de verse envuelta en una guerra civil.

¿Mito o realidad? Hoy las cosas han cambiado. Treinta años después, la película cuenta con actores bien conocidos por el público, como Moritz Bleibtreu en la piel de Andreas Baader, una de las figuras más simbólicas del grupo. Aparece como un rebelde de gran corazón, en contra del sistema y de la autoridad, un hombre al que le gustaba salir y conducir deportivos, y que proclamaba la liberación sexual. Una especie de pistolero sin pudor capaz de enfrentarse solo a una brigada de policías y sus coches blindados.

El espectador comparte el subidón de adrenalina que parece buscar Baader en sus aventuras armadas. Sin embargo, la realidad parece alejarse mucho de esta vida de Billy el Niño versión moderna. En una entrevista al periódico Die Zeit, Bleibtreu explica que cuando escuchó las cintas del proceso de Stammheim quedó decepcionado por la voz de Baader, que no dejaba traslucir el más mínimo carisma: “En aquella época, el Estado no quería dejar filtrarse ninguna grabación, no quería hacer del proceso una tribuna política para la RAF. Esta estrategia fue contraproducente ya que si hubiesen divulgado esas cintas, el 50% de los simpatizantes habría empezado a plantearse dudas”.

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Interpretaciones muy discutibles

En la película, sin embargo, Baader se enfurece contra el juez y llega a insultarlo, reciebiendo los aplausos de los asistentes al proceso. ¿Podría hablarse aquí de manipulación? ¿Pretende verdaderamente desmitificar la RAF? La viuda de una víctima ha decidido denunciar al director por no haber plasmado el asesinato de su marido tal y como realmente sucedió.

Eichinger, el guionista de la película, debería haber sido más honesto con el público. Adornar ciertos acontecimientos para hacer una historia que pueda ser rodada y que resulte interesante a nivel cinematográfico no tiene nada de malo, con la condición de que ese objetivo haya sido declarado. Por otro lado, era eso lo que estaba deseando la mayoría de los espectadores: ver una especie de nuevos Bonnie and Clyde. “Solos contra todos”. Es lo que la periodista Tanja Dückers pone de manifiesto cuando dice que los personajes despiertan un cierto “calor doméstico”.

¿Y el quid de la verdad histórica?

Hoy esos personajes ya no son, como hace treinta años, peligrosos anarquistas con el cuchillo entre los dientes en plena locura asesina. En un mundo donde los peligros y conflictos se multiplican por razones a menudo oscuras para el común de los mortales, esa otra época en la que el mayor peligro era una banda de jóvenes que, con la perspectiva del tiempo, parecen tan ingenuos, solo puede suscitar un cierto alivio.

El problema radica en ese deseo de hacer una película que pueda hacer ponerse a todos de acuerdo sobre la historia de la RAF. Más vale buscar las respuestas a las cuestiones históricas allí donde se las puede encontrar y que los cineastas hagan, sin otras pretensiones, lo que mejor saben hacer: contarnos historias.

Agradecimientos al autor de este artículo, miembro del blogHistoria(que no es solo una...) de cafebabel.com. Para visitarlo, haz clicaquí