Ciudadanía: la gran olvidada del derecho comunitario

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2009
Artículo publicado el 16 de Febrero de 2009

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¿Es Europa poco accesible y jurídicamente poco adaptada a las necesidades de cada uno?

“El acceso al derecho y a la justicia en Europa” es el tema que reúne a menudo a profesionales del derecho, a políticos y a representantes de la Comisión Europea. Porque si, según el informe “El ciudadano y la aplicación del derecho comunitario” (investigación dirigida por el eurodiputado conservador Alain Lamassoure), este derecho común de los Estados miembro es satisfactorio para las empresas, no se puede decir lo mismo para el ciudadano europeo, siempre en movimiento y ávido de flexibilidad.

La Europa del día a día, ¿un viacrucis?

"Legislar en materia civil toca el hueso de la soberanía de los Estados"

Frente a las normas comunitarias pensadas para facilitar la circulación de los ciudadanos en Europa, éstos se ven confrontados cada día a incoherencias y complicaciones administrativas cada vez mayores. El señor Cornelissen, jefe de sección de la dirección general de empleo en la Comisión, lo confirma. Nos explica en especial cómo la coordinación comunitaria (o su ausencia) de los sistemas de seguridad social engendra todavía situaciones aberrantes.

Por ejemplo, la Corte Europea de Justicia ha reconocido a un italiano que trabaja en Francia el derecho a beneficiarse sólo de las prestaciones a las que tendría derecho si se hubiese quedado a trabajar en Italia. Un ejemplo, que, al fin y al cabo, no hace más que sacar a la luz y denunciar el "opting out" (la inacción) y la regla de unanimidad del Consejo, factor determinante de la mala aplicación en los Estados miembro de reglamentos complejos y obsoletos. Jacques Toubon, diputado conservador, por su parte, ha llegado a la conclusión de la ineficacia de la directiva como instrumento legislativo, ya que, interpretada en sentido contrario, es utilizada para satisfacer las veleidades de los Estados miembro más que para construir una Europa “cuyo derecho ya no se sabe elaborar”.

Una justicia ordinaria

Ilustración: Comisión europea)Jacques Toubon se asombra también ante la falta de reglamentación en dominios cotidianos e intenta explicárselo: “Ya sea porque legislar en materia civil es vulgar, o porque concierne a la soberanía de los Estados miembro”. Reconoce, sin embargo, que la creación de una procuración europea y del Eurojust (órgano europeo de cooperación judicial entre Estados creado en 2002) constituyen avances considerables.

Para Béatrice Weiss-Gout, presidenta del grupo de trabajo “familia” en el Consejo de abogacía europea, “la Europa de las familias que se construye y se des-construye no conoce Europa, es decir la Europa del derecho”. Los reglamentos conocidos como “Bruselas I” y “Bruselas II” contienen las leyes sobre los conflictos de jurisdicción, la guarda y custodia de los niños y las obligaciones alimentarias en materia de divorcio transfonterizo, pero la ley aplicada varía de un Estado a otro. Las partes del divorcio se entregan entonces al forum shopping (elección del fuero más ventajoso) eligiendo al juez en función de la ley que éste aplica. Frente a una situación tan poco sostenible, la Comisión ha propuesto el reglamento “Roma III” que permitiría ver la misma ley aplicada por doquier, con independencia del juez elegido en Europa.

Otra dificultad que el ciudadano de base encuentra frente a la justicia en Europa es la de ser representado. Como recuerda Jean-Yves Feltesse, abogado en el Colegio de Abogados de París, "el derecho cuesta dinero". Ciudadanos y abogados se ven confrontados a la heterogeneidad en el régimen de ayuda jurisdiccional y de IVA sobre los servicios que obedecen a la regla de unanimidad en el Consejo.

Avances aún tímidos

Las recientes iniciativas de la Comisión como la red judicial europea en materia civil y comercial, o el portal “e-justicia” van a facilitar sin duda el intercambio y el acceso a la información en el ámbito civil. El derecho comunitario del día a día sin embargo continúa en un estado balbuciente en Europa y, de creer al eurobarómetro sobre la cooperación judicial en materia civil, sería más la ausencia de Europa que su omnipresencia la responsable de alimentar un cierto euroescepticismo.