Claudia Contin: arlequín errante

Artículo publicado el 21 de Octubre de 2006
Artículo publicado el 21 de Octubre de 2006
La artista y directora italiana recupera la tradición de la Comedia del Arte. En clave contemporánea, entre el Hamlet de Shakespeare y los cuadros de Schiele.

Domingo por la mañana. El verano lanza sus últimos susurros en el anómalo calor de septiembre, en el nordeste italiano –el del reciente milagro económico- hoy convertido en fragua cultural de escritores, actores y directores como el actor Marco Paolini -que ha llevado a escena la tragedia de Vajont-, el director Carlo Mazzacurati, los escritores y periodistas Claudio Magris y Paolo Rumis, tan solo por citar a algunos. Al fondo resuenan los altavoces con voces de escritores contemporáneos venidos de Italia y del extranjero para animar a podenonelegge.it, el festival italiano de literatura, rival directo del de Mantua.

“Ser o no ser…”, “Comer o vomitar…”. Tal era el diálogo entre Arlequín y su alter ego Hamlet de memoria Shakesperiana, en Arlequín y su doble, tragicomedia llevada a escena por Claudia Contin y la Experimental del Actor por toda Europa. Donde la máscara burlona de Arlequín se enfrenta con su doble, Hamlet, en un diálogo que lleva al público a reflexionar sobre los grandes temas de la modernidad: ¿cómo afrontar las dificultades de este mundo? ¿Como Arlequín, un optimista, nuestra parte buena, máscara nacida de hecho durante el Humanismo, o como Hamlet, que por el contrario “ lo ve todo y sufre al ver las penas del mundo y se hace cargo de las guerras que no conoce”?

Helo aquí, Arlequín. Me viene al encuentro, detrás de un antiguo convento, en el centro de una ciudad medieval donde tenemos una cita para el almuerzo. Es una mujer de expresión intensa y ojos magnéticos, vestida de modo sencillo y poco maquillada.

El ojo clínico de la antropóloga

Me saluda sonriente, con mirada penetrante y sincera. Analítica. Y es que Claudia Contin es de profesión antropóloga: “Estoy acostumbrada a estudiar a las personas, pero mientras los antropólogos a menudo estudiamos poblaciones lejanas, para mí, haber escogido la Comedia del Arte quiere decir haberme puesto en un punto de distancia también de la sociedad de la que provengo. En una sociedad donde nadie mira, donde todos nos preocupamos por ser vistos”, explica. De este modo, Arlequín, para ser construido como personaje y entrar en el imaginario colectivo, es un receptáculo de virtudes y defectos, donde “no hay un juicio de valor, pues el defecto es una cualidad de una persona”.

Claudua Contin Ha vivido años intensísimos. Se inició en el teatro con sólo 14 años. Tras pasar por la escuela de arte se inscribe en la facultad de arquitectura de Venecia, y aún hoy sigue como oyente de la Academia de Bellas Artes: “eran años en los que dormía tres o cuatro horas por noche, buscando tiempo para trabajar, estudiar y hacer estas cosas”, cuenta ante su plato ahumado de tortellinis con requesón.

Una Comedia dell Arte inspirada en los cuadros de Egon Schiele

Como cada artista, también la Conti tiene su maestro espiritual: Egon Schiele. E inspirándose en el pintor austriaco “que a principios del siglo XX ya previó al hombre vacío, anoréxico, problemático que tenemos ahora en el XXI”, la actriz ha reconstruido la Comedia del Arte. “Partí de la iconografía antigua para reconstruir las máscaras de los personajes, para una reescritura de la Comedia, que hablase de cosas populares, que no fuese legada al teatro de nuestra tradición, donde se usaba una aproximación psicológica.” Y así nace un verdadero y propio “adiestramiento físico, vocal, de teatro dramático”. Una verdadera técnica sui generis que se inspira en los motivos de Egon Schiele. En suma, una caracterización más dramática de la máscara, menos para los niños.

En el extranjero actúa a veces en italiano e incluso en su dialecto, pues el público lo demanda. Pero esta arlequín a menudo distribuye durante el espectáculo un libreto con la traducción en la lengua de Shakespeare. En algunas partes recuerda a “Shakespeare, Janis Joplin y los Rolling Stones, pasando del estilo del dandy del siglo XVI al del XX”.

Una herencia europea

El fenómeno de la Comedia del Arte, que hoy se extiende en el extranjero, sobre todo en España, Francia, Dinamarca y Japón, era aún más fuerte hace tiempo, en el viejo continente del siglo XVI. Porque en esos tiempos “los extranjeros se comprendían mucho más entre ellos. Todos se las arreglaban, los mendigos sabían decir cuatro palabras en multitud de lenguas y se adaptaban”. Así, los italianos mantienen esta herencia y en el extranjero se sigue y se practica con vivísimo interés. “En la escuela de Charleville, en Francia, donde he enseñado, en mi clase tenía sudafricanos, chinos, indios…”.

¿Pero de dónde viene todo este éxito? “Seguramente es por el hecho de que Arlequín ha entrado en el imaginario colectivo: digamos que es un arquetipo universal, hay un poco de Arlequín en cada uno de nosotros que sepa reírse de sí mismo.” En nuestra época, las influencias de la Comedia del Arte, me explica, las encontramos en el teatro y en el cine. En Dario Fo, Charles Chaplin o Buster Keaton. Roberto Benigni no es un Arlequín, es arlequinesco, no tiene necesidad de la máscara. Una máscara contemporánea es tal cuando se consolida de tal modo que se vuelve independiente de su actor. Y cuando muere el actor aún otros pueden endosársela con fidelidad”.

Claudia-Arlequín vive muy al día: “Tengo que decir que todo es siempre muy precario. Soy afortunada por haberme iniciado muy pronto, acostumbrándome a la vida precaria, todo un recurso de libertad. Para vivir y hacer mucho hace falta tener poco. Yo trabajo con horarios muy variables. Pero si tuviera un trabajo con horario fijos todos los días me volvería loca.” El trabajo forma también parte del reparto con su compañero Ferruccio Merisi, que escribe las piezas teatrales junto a ella.

Y no ha podido tener hijos “porque los niños tienen que ir a una escuela fija, tienen que tener certezas. ¡Pero yo tengo tantos hijos en mis alumnos!”, exclama sonriente, mientras sorbe el café.