Colonia: cerveza, caramelos, carnaval

Artículo publicado el 20 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 20 de Febrero de 2006

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Colonia se considera el centro por excelencia del carnaval en Alemania. Cuando llega la llamada "quinta estación", la gente abarrota la villa renana para celebrar con kölsch (cerveza típica de Colonia) y kamelle (caramelos) los días de fiesta.

El día 11 del mes 11, a las 11:11h, comienzan las celebraciones y se da inicio oficialmente a la "quinta estación del año" en Colonia. Sus habitantes, pertrechados con disfraces de todos los colores, se apiñan en la plaza del Alter Markt (mercado viejo), en el casco antiguo de la ciudad, y disfrutan del carnaval acompañados de Kölsch y de música. La fiesta está organizada por 160 agrupaciones y culmina -tras aproximadamente 500 reuniones, bailes y desfiles- en el Rosenmontagzug (gran cabalgata del Lunes de Carnaval).

Panaderas con nariz de payaso

Al contrario de lo que ocurre en otras ciudades como Maguncia o Düsseldorf, el Carnaval de Colonia no tiene tintes políticos. Es cierto que las celebraciones tienen un tema social común, pero la reivindicación política es más bien casual o subliminal. Este año, los habitantes de Colonia han sido pragmáticos y han elegido el fútbol como tema: al fin y al cabo, Alemania será la anfitriona del mundial de 2006.

Para dar un poco de seriedad política a la fiesta, los estudiantes crearon la Stunksitzung en 1984. Se trata de una especie de cabaret político para meterse con los mandatarios locales y nacionales. Surgió como alternativa a las clásicas Prunksitzungen (las actividades organizadas como parte del carnaval oficial). Sin embargo, con el tiempo se ha convertido en un acto de gran envergadura que no puede faltar en la agenda tanto de los carnavaleros más acérrimos como de los ocasionales.

Los acontecimientos más importantes del Carnaval de Colonia tienen lugar en la semana que va desde la Altweiberfastnacht (noche de las mujeres), el jueves, hasta el Miércoles de Ceniza: este año, del 23 de febrero al 1 de marzo.

Durante esa semana, la ciudad se encuentra en estado de excepción. Los bares están abiertos 24 horas al día, lo cual resulta muy práctico, las cajeras del supermercado saludan a los clientes con un matasuegras, la panadera lleva una nariz de payaso y en las oficinas se brinda con alguna que otra copa de champán. Un buen consejo para los inexpertos y los turistas: el disfraz es indispensable. El que no se ponga por lo menos unas gafas de sol llamativas o una peluca lo pasará mal.

El muñeco se lleva todas las culpas

El buen ambiente aparece por sí sólo o, a más tardar, después de la primera Kölsch (la cerveza de la región, que se sirve en pequeños y cómodos vasos). Hasta que llega el Zoch (o Rosenmontag, Lunes de Carnaval), hay tiempo para acostumbrarse a la peculiar forma de hablar de los colonienses y cantar las canciones de carnaval en perfecto e ininteligible Kölsch (el dialecto de Colonia, no confundir con la cerveza del mismo nombre). Entonces, ya nada sorprende. Ni siquiera las morcillas locales (flönz) que los alegres soldados arrojan desde las caravanas tras los kamelle a la ansiosa masa de gente.

Por cierto, todos los pecados que se cometen durante la semana de carnaval son perdonados el Miércoles de Ceniza. Al fin y al cabo, la culpa sólo la tiene él: el Nubbel. Este chivo expiatorio universal no es más que un muñeco de paja que cuelga a la entrada de cada bar y que se quema en la noche del Martes de Carnaval en una suerte de procesión que simboliza la expiación de los pecados cometidos en los días pasados.

Quien se quiera divertir tendrá que aprender las palabras mágicas: Kölle Alaaf.