Combatir el terrorismo: ¡Con democracia, tío!

Artículo publicado el 30 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 30 de Noviembre de 2015

[OPINIÓN] Los atentados de París han sacudido a Europa y al mundo entero. ¿Había alguna forma de impedir todo esto? ¿Más vigiliancia a partir de ahora o quizás haya otra alternativa? Hablamos de todo ello.

Tras los atentados del 13 de noviembre en París, todo el mundo intenta responder a la difícil cuestión de si somos capaces de poner fin a todo esto. Por un lado están los "hollandistas", partidarios de responder al terror con el mantenimiento de la declaración del estado de emergencia ¡durante tres meses!, nuevas acciones militares y un incremento de la vigilancia. Otros, en cambio, creen que la solución está en el amor: "Abrazos gratis contra el terrorismo" y otras medidas por el estilo.

Sin embargo, ambas posturas resultan igual de falsas e inefectivas. Más vigilancia supondría en primer lugar menos libertad individual y mayor número de controles para todos nosotros. A las seis de la mañana, en una fiesta tecno, la gente plantea otro tipo de solución, mucho más sentimental y flowerpower, y la presentan como medida ideal para acabar con el terrorismo... En realidad, nada en concreto. ¿Y ahora, qué? ¿No podemos hacer nada? En cualquier caso, y si tuviera que elegir, prefiero escoger la primera opción y optar por incrementar las medidas de vigilancia y control, que quedarme de brazos cruzados y asustada por lo que pueda venir.

Pues bien, aquí va la solución, una muy simple: ¡Democracia, tío! Nada de cambiar la foto de perfil de Facebook para mostrar al mundo que somos solidarios con este tema, sino a través de acercamientos políticos. Y sé que no es fácil, porque la democracia no significa colocar un parlamento ahí y ya está todo arreglado, no. La democracia se basa en las relaciones con los ciudadanos, en la autonomía, en garantizar los valores y principios fundamentales, democráticos y humanos todos los días. Un trabajo agotador y nada sencillo.

Las raíces del asunto

La comunicación interpersonal, la autonomía, la manifestación de valores morales fundamentales... Todas estas ideas aparecían en el programa de la Comisión Europea, "Citizens of Europa", en 2005, un programa basado en siete pilares, con la ayuda del cual, se conseguiría hacer del europeo, un ciudadano autónomo y libre. A esto es a lo que se conoce como competencia democrática, y tendría que enseñarse en las escuelas, a través de la enseñanza de la actividad política sí, pero también mediante la puesta en marcha de métodos pedagógicos democráticos, como por ejemplo el 'aprendizaje cooperativo'. Estaríamos hablando de un método de trabajo en equipo, perfectamente estructurado, en el que cada alumno tendría que hacer frente a una tarea básica, pero fundamental e imprescindible, poniendo de su parte todo lo necesario para llegar a un resultado que sea justo para toda la clase. Y aquí, la palabra clave sería participación en los procesos de decisión. Para ello, Francia instauró, al inicio del curso escolar 2015, la Enseñanza Cívica y Moral (EMC) que cuenta, entre sus objetivos de aprendizaje, con aspectos clave como el compromiso, la tolerancia y el respeto.

Es posible que algunos vean en el trabajo en equipo el arma secreta de lucha contra el terrorismo, pero ¿de verdad puede aportar algo en este tema? Al menos así lo cree el psicólogo danés Preben Bertelsen, tras constatar que efecivamente, hay determinadas situaciones que favorecen una radicalización agresiva, política y religiosa, siendo una de ellas, -¡atención!- el sentimiento de vivir excluído de la sociedad, de no contar para nada y en definitiva, tener la sensación de vivir en inferioridad de condiciones, sobre todo a nivel social. ¿La solución a todo ello? La psicología. En Aarhus, en Dinamarca, se acaba de iniciar la ejecución de un proyecto, hasta la fecha completamente novedoso, y consistente en la reinserción de antiguos combatientes daneses del ISIS, durante el cual, los más jóvenes tienen que ser capaces de aprender, mediante una terapia de diálogo y comunicación, a canalizar de manera positiva su energía política. Todavía es pronto para empezar a hablar de resultados satisfactorios, pero este proyecto es una vía que va más allá de lo que antes hablábamos de usar medidas extremas, como la vigilancia 24 horas, o bien, de optar por el buenismo más angelical.

Ciertamente, sería una equivocación y una falsedad, afirmar que los terroristas son siempre víctimas de su situación, porque ninguna circunstancia puede, en modo alguno, justificar el asesinato a sangre fría. Ahora bien, en lugar de centrarnos en tomar medidas antiterroristas expeditivas, propagandísticas y que, fundamentalmente surgen en caliente, deberíamos intentar coger al toro del terrorismo por los cuernos y golpear al extremismo donde más le duele. Y ahí, de nuevo, la solución sería... ¡La educación, amigo!: La formación en valores democráticos, para crear ciudadanos independientes que respeten los valores y principios humanitarios y de igualdad. Ello supone, ante todo, ser libre y no sentirse vigilado. Supone confianza, igualdad... ¡Y ya! En una época como la nuestra, ¿hay algo más lamentable que considerar todo lo que no está sometido a control como algo potencialmente peligroso?