Comercialización del miedo

Artículo publicado el 19 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 19 de Abril de 2004

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Quien tiene miedo no vive peligrosamente. La instrumentalización de la criminalidad por los medios de comunicación y la política ha reforzado la percepción de una amenaza subjetiva – ya mucho antes del 11 de septiembre.

Ese sedimento de ciudadanos, para los que las medidas de justicia y orden existentes nunca fueron suficientes, ha experimentado en Europa desde comienzos de los noventa una continua fermentación. Miedos que estaban ligados a amenazas abstractas como la guerra fría, se liberaron, las guerras de los Balcanes centraron de nuevo la atención europea sobre el potencial de violencia y amenaza. Además se buscaba una vía de escape a los crecientes problemas económicos y sociales.

Esa sobrecarga de miedos sordos y emociones sacaron a la luz a populistas como Jörg Haider en Austria, Ronald Schill en Alemania, Pim Fortuyn en Holanda y dio impulso a arraigados ultraderechistas como Jean-Marie Le Pen en Francia. A sus programas les une que no tienen que resistir a controles racionales, porque sus medidas palían la necesidad de algún culpable con juicios generales sobre ”extranjeros criminales”.

La prensa como medio de fermentación

Sin los portavoces del hombre normal, sin la prensa amarilla, no hubiese sido posible el inflamiento del tema de seguridad interior. Ya en 1997 el crítico publicista alemán Otto Diederichs habló de un “circuito cerrado de la comercialización del miedo por medios y política”. Como ejemplo valga la información sobre las, así llamadas, estadísticas criminales. Estas se orientan a delitos registrados policialmente, pero no informan sobre si de verdad ha habido un incremento de crímenes o si el incremento se debe a una actividad mayor -muchas veces por motivos políticos- por parte de la policía. De esta manera, un procedimiento reforzado contra delitos menores de drogas puede hacer explotar la estadística – y así ser usada ésta como argumento para otras actuaciones policiales. Si la prensa corona la ya confusa información con titulares puntiagudos, en los que por ejemplo Berlín avanza como “Metrópolis europea del crimen“, no se puede evitar la confusión ciudadana.

Realmente existe un aumento del miedo como muestran expertos a través de evaluaciones de varios estudios.

Ese temor estaría mayoritariamente influenciado por “la imagen criminal mostrada en los medios de comunicación” o por “la situación política general”. Y no sólo la prensa amarilla, sino también los medios europeos serios como “Der Standard” o “Der Spiegel” atizan miedos, en opinión de investigadores mediáticos, a través de la conocida metáfora de “la barca está llena”. Metáforas como ésta, al ser retomadas una y otra vez en distintos medios de comunicación, se consideran un dogma. Se aviva el miedo a la extranjerización y se combina con los ya existentes sentimientos de inseguridad.

Política de seguridad como trampolín para la trayectoria profesional

La investigación criminal internacional también muestra que grandes partes de la ciudadanía desean un procedimiento más severo contra la delincuencia porque “ven la solución sobre todo en sanciones más duras”. Esta fórmula tan fácil posibilita sobre todo a políticos interiores el ganar rápidamente popularidad, al anunciar leyes y sanciones más severas -incluso si éstas no son llevadas a cabo o resultan como poco eficaces. Esto lo demuestra el éxito persistente del ministro del interior alemán y antiguo abogado de terroristas Otto Schily, que encontró su verdadera vocación en el terreno de la seguridad interior. Y Nicolas Sarkozy utilizó la carta blanca que le concedió Chirac como ministro del interior francés, para imponer medidas de seguridad y está a punto de quitarle el puesto a su jefe. Que los políticos no aprenden nada con el tiempo lo demostró últimamente el senador del SPD Körting. En un "mapa de barrios" denunció nueve barrios como zonas conflictivas. Su único criterio: el porcentaje de extranjeros. Como los medios tomaron el material sensacionalista ansiosamente no hay que sorprenderse que en las encuestas los ciudadanos mismos manifiesten miedos respecto a esos distritos, que se encuentran bajo el punto de vista de estadísticas criminales por debajo de la media.

Paradójicamente, un calentamiento fatal del clima puede provocar un aumento de los delitos -sobre todo los de trasfondo ultraderechista, que en Berlín incrementaron de nuevo en 2004.

Del miedo difuso a la paranoia

A pesar de todo reina en Europa una cierta tranquilidad respecto al tema de la seguridad interior en comparación con los EEUU. Espectadores de la película “Bowling for Columbine“ podían tranquilamente menear la cabeza y creer los análisis de Michael Moore sobre las paranoias de seguridad de los estadounidenses tan lejos como el ancho del Atlántico. Pero ya antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre los EEUU eran un ejemplo para algún político europeo. Ya muestran las medidas de Sarkozy en París similitudes con la política de “tolerancia cero” de Giuliani en el Nueva York de los noventa y Schily orienta sus esfuerzos hacia unos servicios secretos centralizados como los poderosos modelos americanos. Y hasta comentaristas de periódicos liberales coquetean con orientaciones derechistas en los procesos contra terroristas.

La impotencia tanto por parte de los ciudadanos como por parte de los políticos frente al peligro del terrorismo enciende el mercado de las emociones y hace girar más rápido el tiovivo de informaciones ávidas de sensacionalismo, miedo ciudadano y simbólicas medidas políticas. Queda por esperar que por lo menos buena parte de los que deciden y de los periodistas mantengan el control, porque sino amenaza una pérdida de equilibrio fatal, del miedo a la paranoia, lo que podría minar a la larga la confianza ciudadana y los derechos cívicos.