cómo es... aprender a conducir en francia (parte 2)

Artículo publicado el 1 de Agosto de 2014
Artículo publicado el 1 de Agosto de 2014

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Siento que mi experiencia aprendiendo a conducir en Francia ha sido como si me hubiesen violado, tuviese que decir quién es el violador y describir los detalles de cómo pasó intentando que se haga justicia. Pero… ¿de verdad existe la justicia?

Justicia o No Justicia

Hablé con mi profesor sobre su falta a clase en tres ocasiones. Después de tres intentos fallidos y su constante evasiva para solucionar mi caso, fui a las oficinas de asesoramiento jurídico (Antenne de Justice) para arreglar el problema con la ayuda de una fuerza jurídica externa.

Hablé con una mujer (consejera de Justicia) que resultó ser su vecina; ¡no! Y tampoco funcionó. No conozco los detalles de la conversación que tuvieron, pero por lo que me contó el profesor, fue más o menos así: “¿Considera que tiene un problema con la estudiante?”; “No”, contestó él; por lo que ella respondió: “Entonces no puedo hacer nada, aquí terminan mis credenciales”. ¡Genial!

Cuando el hecho de que mi profesor faltase a la clase estaba todavía candente, seguí cumpliendo con mi horario, porque si no cancelas la clase 48 horas antes, la pierdes.

Al parecer, hay tres reglas:

Pagar.

Si no vienes a la clase, se cumple la primera regla.

Si tu profesor no viene a la clase, se cumple la primera regla.

Pase lo que pase, tienes que PAGAR.

Ojala hubiese podido cambiar de profesor, pero solo había uno, que también era el dueño de la autoescuela. Por lo tanto, estaba atrapada en un callejón sin salida.

En total, hice diez horas de prácticas. Durante esas horas escuché sus humillaciones y ataques, desde el ya mencionado “¿estás borracha?” hasta “eres una estudiante pésima, menos mal que los demás no son como tú” y decirme “veo que no haces deporte, si no, ya dominarías los pedales” la primera vez que me explicó cómo se usaban.

La gota que colmó el vaso cayó en mi última clase, cuando su explicación sobre cómo funcionaban los pedales de repente consistió en tirar del freno de mano de manera brusca, lo que casi me hace vomitar encima del salpicadero, para decir “¿te gusta conducir así?".

Por mi propia salud mental y para seguir teniendo la esperanza de poder recibir una educación de calidad, decidí romper mi contrato con la autoescuela. La imposibilidad de confiar en que se cumpliría mi plan de estudios, el entorno estresante de las prácticas, los retrasos, el comportamiento incompetente y los comentarios irrespetuosos del profesor hicieron que tomase la decisión de terminar con el contrato y sacar mi expediente de allí.

Antes de hacerlo, consulté con otra autoescuela qué documentos tenían que devolverme, cómo apuntarme en otra, etc, etc. La secretaria me preguntó que cuál era la autoescuela que quería dejar y, después de nombrarla, se encogió de hombros y exhaló “no eres la única, hay muchos que se están yendo de esa autoescuela a otra”. Al hablar con ella, tomé la decisión de llevarme los documentos de allí lo antes posible.

Fui esa misma tarde y pedí que rescindieran mi contrato y me reembolsasen las clases que no había recibido. Mi petición les sorprendió y me respondieron con un ultimátum: “o te quedas hasta que agotes las 20 horas de prácticas que ya has pagado, o te vas ahora sin recibir ningún tipo de compensación por las clases que no has tenido”, añadiendo que las razones que expuse para irme y que me indemnizaran eran "ilegítimas".

Al final no recibí ninguna indemnización por las 10 horas de clase que me quedaban ni acceso al examen práctico.

Poco después, preparé una carta de reclamación y la envié a las trece instituciones siguientes:

· El fiscal de la República (dos direcciones)

· La prefectura

· Oficinas de asesoramiento jurídico (Antenne de Justice)

· La comisaría de policía

· La gendarmería

· El defensor de los derechos de los ciudadanos (Le défenseur des droits)

· Casas de la Justicia y del Derecho (Maison de Justice et du Droit)

· ENPC

· Responsables de la misión de los derechos y la igualdad de las mujeres (Chargèe de mission aux droits des femmes et a l’égalité)

· Centro de información sobre los derechos de las mujeres y familias (Centre National d'Information sur les Droits des Femmes et des Familles) (dos direcciones)

· Asociación de Mediación y Ayuda a las Víctimas (Association de Mèdiation et d'Aide aux Victimes)

Las tres últimas cartas no llegaron a su destino, los Responsables de la misión de los derechos y la igualdad de las mujeres respondieron que ellos no tenían nada que ver con este asunto pero que sienten que haya vivido esta mala experiencia; ¿dónde está vuestra igualdad?

El resto de las instituciones han recibido mi carta, pero hasta ahora solo he recibido una respuesta; respuesta en la que me sugieren que contacte con un abogado de derecho civil, cuyos servicios son gratuitos,  que podría ayudarme a calcular los daños y completar mi dossier para poder mandarlo a un juzgado. 

Pero... ¡adivina qué! ¡Los abogados de derecho civil están en huelga hasta septiembre! Estoy yo sola con mi problema, las leyes francesas y la burocracia. ¿Habéis visto la fraternidad, por casualidad?

Así que solo tengo dos opciones: o hacerlo todo yo misma o contratar a un abogado privado; el coste del abogado privado no me lo van a reembolsar, por supuesto.

Conclusión

¿Dónde está el amor?

¿Qué debería hacer?

¿Qué pasa con la libertad?