Cómo es... aprender a conducir en francia

Artículo publicado el 31 de Julio de 2014
Artículo publicado el 31 de Julio de 2014

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Uno de los planes que tenía para este año sabático era sacarme el carné. Empecé recibiendo solo clases teóricas, por lo que iba a la autoescuela a estudiar durante dos o tres horas todos los días. Los resultados teóricos iban cada vez mejor. Sí, estaba empeñada en sacarlo. Estaba más que motivada para conseguirlo hasta que conocí a mi profesor de prácticas. Es ahí donde empezaron los problemas.

Prólogo

Uno de los planes que tenía para este año sabático era sacarme el carné de conducir. Me inscribí en la autoescuela, firmé el contrato, pagué los 860 euros que cuesta la matrícula ese mismo día y empecé las clases. Tenía un objetivo y estaba ansiosa por cumplirlo. Empecé solamente recibiendo clases teóricas, iba la autoescuela todos los días durante una hora y me dedicaba a responder las preguntas sobre el comportamiento seguro en la carretera. Después de un par de semanas, aumenté la carga de estudio y me pasaba dos o tres horas al día en la autoescuela. Mis resultados teóricos iban cada vez a mejor. Sí, estaba empeñada en sacarlo. 

Sin haber acabado con la teoría, cuando me sentí más o menos cómoda, pedí que empezáramos con las prácticas. Al parecer, en Francia, antes de que el profesor empiece a enseñarte de verdad, debe hacer un promedio de cuántas clases vas a necesitar; estás obligado a hacer un examen de una hora de duración que se divide en dos partes de treinta minutos cada una: un pequeño examen oral sobre teoría y una práctica de conducción. Esta evaluación cuesta 40 euros. ¡Toma ya! Mi profesor calculó que necesitaría unas 36 prácticas en total.

Es importante aclarar que dentro de los 860 euros que ya había pagado se incluían 20 prácticas, por lo que el profesor quería casi doblar el precio por sus servicios. Por cierto, cada clase práctica, que no forme parte de las 20 ya mencionadas, cuesta 40 euros.

Métodos de enseñanza

Una vez compruebas cómo da las clases, entiendes por qué vas a necesitar incluso más de 36 horas. Mi profesor tenía arraigado el método “ir paso a paso”. Es decir, hasta que no eres un experto con el volante, no te va a enseñar qué es lo que tienes que hacer con los pedales; hasta que no eres un experto con el volante y los pedales, no te enseñará a manejar la caja de cambios, etc. etc.

Como fue en mi caso, durante las ¡tres! primeras clases solo manejé el volante, mientras él hacía todo lo demás, sentado a mi lado. Era aburrido y se hacía eterno, incluso para él. ¡Me lo puedo imaginar!

Así que en la tercera clase empezó a gritarme y humillarme con frases del tipo: “¿Estás borracha?  Venga, despierta, que son las cuatro de la tarde, ¿estás dormida? ¿Bebes vodka? Si bebes, ¡¡no vengas a clase!!”. La gente que me conoce podrá decir sin dudar que apenas bebo, y en cuanto al vodka…lo he probado una vez en mi vida, hará cosa de dos años.

Una serie de eventos dolorosos 

Estaba muy preocupada por su actitud y pensé que igual debía concentrarme en la teoría para poder orientarme mejor en la carretera, conocer todas las normas, etc.  Así que aprobé mi examen teórico a la primera. Era algo por lo que tenía que estar orgullosa; por lo que la gente me decía, no era tan fácil.

Mi cuarta clase práctica fue unos días después de haber aprobad, y estaba casi segura de que mi profesor lo tendría en cuenta y dejaría de atacarme. Por desgracia, estaba equivocada. Parecía que no tenía derecho a cometer ningún error mientras estaba aprendiendo a conducir, se reía de mis errores en vez de preverlos y era muy irrespetuoso. En una ocasión le expresé mi descontento y lo que recibí fue una avalancha de respuestas negativas, literalmente: “No me cuentes historias”; “No me digas lo que tengo que hacer”; “¡Solo te voy a dejar pasar una!”; “Concéntrate más en la carretera”.

Si os digo la verdad, funcionó, pero no durante mucho tiempo.

Lo que ocurrió después fue que no apareció en la clase práctica que habíamos acordado previamente. No me llamó para avisarme de que llegaría tarde y su secretaria tampoco tuvo la molestia de hacerlo, ni siquiera estaba en la autoescuela cuando llegué.

Intenté contactar con él por teléfono dos veces, a las 15:19 y a las 15:20, pero no hubo respuesta. Cuando volví a llamar a las 15:30, el mismo profesor me informó sobre su supuesta ausencia y también me dijo que acababa de perder la clase. ¿¡CÓMO!?

Siempre llegaba tarde a las clases, pero nunca TAN tarde. Nunca tan tarde como para que llegase a dudar de que habíamos programado esa clase.

En definitiva, la falta de puntualidad del profesor, combinada con la negativa de reconocer sus responsabilidades, que no tuviese intención alguna de recuperar la hora perdida ni de acabar con sus retrasos  no puede considerarse un comportamiento profesional. Tengo todo el derecho a esperar que su actuación esté a la altura de los servicios que he contratado.

Pensaba que tenía derecho a recibir un buen trato…

 (Fin de la primera parte)