Cómo escapar del ciberacoso

Artículo publicado el 27 de Julio de 2016
Artículo publicado el 27 de Julio de 2016

La era digital ha cambiado el periodismo de muchas maneras, y ha hecho que cada vez más lectores acudan a las páginas de los periódicos a través de una pantalla. Aunque esto puede llegar a ser muy valioso, también puede tener sus efectos negativos. Exploramos el temido mundo del acoso virtual. 

"¡No leas los comentarios"! Me dice Maggie Downs, escritora de Los Angeles Times y The Washington Post. Después de escribir una historia personal sobre ir al trabajo y dar positivo en anfetaminas, Maggie sabe bien lo que significa hacerse viral. Debido a su puesto de responsabilidad, su publicación en Narratively fue compartida en toda la red. Solamente en Facebook tuvo 17,000 visitas. Los comentarios están por todas partes, es bastante difícil evitarlos. Downs prefiere no mirar.

Amy Binns, profesora universitaria de periodismo en la Universidad de Central Lancashire explica cómo la sección de comentarios de las nuevas plataformas y las redes sociales es algo que puede generar un gran debate, con criticas constructivas, por un lado, y con un intercambio de opiniones muy fructífero, no sólo para los lectores, sino también para los periodistas, por otro. Sin embargo "un lugar interactivo" puede también "acarrear problemas". El ciberacoso se ha convertido ya en parte de la rutina diaria.  

¿A quién vais a llamar para defenderos?

Según el Pew Research Centre, cuatro de cada diez usuarios de internet son víctimas de algún tipo de acoso en la red. Un artículo publicado por el periódico The Guardian titulado The dark side of Guardian comments [El lado oscuro de los comentarios de The Guardian, ndlr], definía el abuso como todo tipo de "amenazas de muerte, violaciones, mutilaciones" y/ o menos extremas- "denigrar o insultar con mensajes de difusión al escritor de un artículo u otro comentarista."

Este periódico automáticamente bloquea este tipo de abusos, al igual que lo hacen otras muchas plataformas. Sin embargo, éste no es el caso de otras publicaciones. Además, el lugar de trabajo de los periodistas digitales va más allá de los medios de comunicación: Twitter, Facebook, Youtube, blogs e Instagram son un buen nicho para los acosadores.

"Los medios de comunicación están poco preparados para este tipo de actividades y requieren preparación para recibir el apoyo necesario", dice Michelle Ferrier, fundadora de TrollBuster, un control de acoso online para mujeres escritoras, donde las víctimas pueden reportar incidentes. "El acoso en la red es a menudo desestimado por las leyes y frecuentemente ignorado por algunas plataformas que permiten este abuso".

Lo que es verdaderamente un problema es que algunas plataformas nuevas se beneficien de este trafico de mensajes, sin importar el daño que hagan. Preguntarse, antes de escribir nada, la pregunta ¿qué funciona mejor en Facebook?, es ya más regla que excepción. Por ejemplo, El Huffington Post usa pruebas de encabezamiento a tiempo real para ganar más lectores. La lógica detrás de esto es simple: engaña al algoritmo. Mantente en cabeza. Gana la guerra de la información.

Democracia deliberativa 2.0

Para restablecer la confianza en las redacciones tradicionales en una era en la que cualquiera puede filtrar la información que no quiera leer, y donde el contenido se fomenta gracias al numero de clics y en función de las veces que se ha compartido la noticia, el contacto de los periodistas con la audiencia parece inevitable y necesario.

Ilka Jacobs del departamento de Comunicación de la Universidad de Mainz, argumenta que gracias a internet, los "comunicadores" y "receptores" ahora tienen un intercambio de información dinámico, además de preparar el camino para un cambio político individual.

¡Al fin ha llegado la democracia deliberativa 2.0! El filósofo alemán Habermas estaría feliz. Cuando la realidad cumple las expectativas, las cosas parecen algo diferentes.

La escritora de The Guardian Jessica Valenti, resume el problema así: "Imagina ir a trabajar todos los días y atravesar a un puñado de unas cien personas diciendo: Eres estúpido, eres malísimo, das pena, no me puedo creer que te paguen por esto". Es, sin duda, una manera pésima de empezar el día.

Cuando publiqué una guía de cómo ayudar a los refugiados en Dinamarca, en un grupo de Facebook para estudiantes internacionales en Aarhus, estos fueron algunos de los comentarios que recibí: "Vamos a ver todos juntos cómo abusan de las mujeres a plena luz del día". La entrada consiguió 17 likes. "Tercera guerra mundial, los Sirios en Europa", decía otra. 

El más preocupante: "Para describir el estado mental de esta gente, he acuñado un nombre: Refufilia- una irracional ( posiblemente peligrosa) empatía hacia las personas que supuestamente son refugiadas."

" Cuando no recibes comentarios, sabes que algo pasa"

Existe la preocupación de que, en el futuro, algunos temas sobre minorías recibirán menos cobertura informativa, debido al acoso cibernauta que las mismas pueden recibir. Se considera que las mujeres y las minorías son las principales víctimas de los acosadores, por lo que esta preocupación está más que fundada. Por otro lado, éste es sólo un lado de la historia.

Cuando llevé a cabo una encuesta online preguntando a los periodistas cómo tratan este tipo de comentarios, uno de los encuestados escribió: "Cuando tus artículos no reciben comentarios o la gente no le da a 'me gusta', algo no va bien." No todo el mundo sufre de negatividad. De hecho, los periodistas tratan este tema de maneras muy diferentes. Puedes encontrar un amplio rango de respuestas desde "Me siento mal algunos días" y "lo he consultado con mi psiquiatra", hasta "trato de ignorarlos", y "me río de ellos". "Continúo con mi trabajo". "No los leo sin antes prepararme para cualquier cosa".

Internet conecta a un amplio porcentaje de la población global. Eso es un montón de opiniones. Puede ser algo pretencioso esperar que toda la población mundial se ponga de acuerdo en una causa común, lo mismo que esperar que un periodista sea siempre inhumanamente imparcial. Ahora, la diferencia está en que, para conseguir esa objetividad, uno tiene que trabajar incluso más.

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Este artículo se publicó originalmente en cafébabel Aarhus.