Comunidades gitanas: La integración pasa en Francia por la segregación

Artículo publicado el 27 de Julio de 2010
Artículo publicado el 27 de Julio de 2010
Cuatro años después de su creación en el país galo, los ‘pueblos de inserción’ se presentan como el ‘paraíso de los romaníes. Las asociaciones europeas de defensa de las minorías son no obstante mucho más escépticas en cuanto a su beneficio. Y continúan exponiendo los sinsabores de la comunidad más discriminada Europa

Una alambrada, casas prefabricados, vigilantes y grava. Todo junto al periférico, en el municipio de Aubervilliers, ubicado en el departamento Sena St-Denis, en las afueras de París. Se dice que nos guardan un secreto. Un secreto que permite a trece familias ir tirando desde hace cuatro años en viviendas amuebladas de tres habitaciones. Lejos de las caravanas y otros campamentos improvisados, los gitanos prosperan en un ‘pueblo de inserción’, un lugar protegido por perros y financiado por la administración pública. ¿Sueño o realidad?

Un remanso de paz

El problema es que solo acogen a 13 familias

Todo comienza con una hoguera. En diciembre de 2007, después de un incendio que asoló un barrio de chabolas en Aubervilliers, la prefectura de París construyó un ‘pueblo de inserción’. Administrado por las asociaciones Pactarim 93 y ALJ 93, el objetivo es acompañar a familias romaníes para ayudarlos a conseguir un empleo, requisito principal para poder conseguir el permiso de residencia. “El alcalde y el subprefecto de París querían construir un centro que ayudase a la regularización y la escolarización de varias familias”, precisa Nabil Bendami, encargado de desarrollo económico de los pueblos de inserción y miembro de la Asociación Vivienda Joven 93. Lejos de la insalubridad de los poblados de chabolas, Aubervilliers parece simbolizar un remanso de paz para los gitanos que viven allí.

Un diagnostico social para filtrar las demandas

Para gozar del relativo confort del lugar y ser vecino de este particular pueblo, sólo hay hay que saber ajustarse a las reglas de la administración. Comprometerse a encontrar un trabajo o escolarizar a los niños son dos de los tantos puntos que las asociaciones, autorizadas por la prefectura, toman en cuenta a la hora de evaluar la aptitud de cada familia que llega al ‘vecindario’. Un diagnóstico social que sirve además para filtrar las demandas. Así, algunos afortunados tendrán la oportunidad de tener un techo adecuado, mientras que se insta a las otras familias ‘filtradas’ a regresar a su país o unirse a las precarias chabolas de la periferia parisina.

Los pueblos que esconden el bosque

“La gente no conoce a los gitanos y, desgraciadamente, automáticamente tienen miedo de lo que ignoran”

Si no es la panacea universal, esta iniciativa, que cuenta hoy con cinco poblados similares en la región parisina (Montreuil, St Ouen, Aubervilliers, Bagnolet y St Denis), “permite conocer a los romaníes de una forma diferente a la que la sociedad vehicula”, según Nabil Bendami. El problema principal son los prejuicios. En la conciencia colectiva, el gitano es una persona poco civilizada. “Un gitano apesta. Un gitano no sabe leer. Un gitano es cleptómano”. Para Ivan Ivanov, director general de la Oficina Europea de Información Romaní (ERIO, por sus siglas en inglés), “la gente no conoce a los romaníes y, desgraciadamente, automáticamente tienen miedo de lo que ignoran. Si no se mezclan con los demás, los romaníes serán sistemáticamente discriminados”.

Para él, la política francesa está desubicada. Parece evidente que encerrar a las familias en casas prefabricadas, retiradas de toda vida social y custodiadas por centinelas no responde al modelo de la integración. De hecho, según Ivanov, “pueblos de inserción" rima con "guetos”: “Este tipo de iniciativas se dan principalmente en Francia, Eslovaquia y la República Checa. Son proyectos que no están orientados a la integración de los romaníes. Crean la segregación. El problema no se resuelve tratando de integrar a algunas familias en pueblos prefabricados. Los apartamos de la sociedad al imponerles un modelo. Y para mí, el reto es ante todo social", explica.

“De mal en peor”

Según las vagas estimaciones que la ERIO ha conseguido realizar, en Europa viven entre 10 y 12 millones de romaníes. La organización asegura que son la comunidad más discriminada en el continente. La culpa la tienen los Estados, según Ivanov, que son reacios a acoger a una población que no deja de aumentar tras la ampliación de la Unión Europea a 27 países. Ante las barreras sociales, es casi imposible instalarse en el país de acogida, lo que obliga a la mayoría de los romaníes a ir y venir en perpetuos “viajes pendulares”.

Es por eso que las asociaciones europeas de defensa de las minorías repiten constantemente que es necesario estudiar la situación de los gitanos. La UE han abordado dos veces la cuestión durante dos cumbres europeas consagradas a la integración de esta comunidad. Sin llegar a ninguna conclusión. “Vamos de mal en peor. En el Parlamento, todo el mundo habla de los romaníes. Muestran atención, pero nunca se toman decisiones concretas. La estrategia UE 2020 debe incluir un nuevo texto específico sobre la situación de los gitanos. Francamente, es urgente”.

Entre los ensueños políticos y una dura realidad social, los gitanos están en un duermevela constante que, según confiesa su representante, bien podría durar diez años.