Con Europa pero no de Europa

Artículo publicado el 9 de Mayo de 2005
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Artículo publicado el 9 de Mayo de 2005

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¿Podría la indiferencia británica hacia la integración europea deberse a las diferentes experiencias sufridas durante la Segunda Guerra Mundial por el Reino Unido y el resto de países europeos?

Los racionamientos, las evacuaciones a la campiña, la Home Guard (Fuerzas voluntarias), las canciones de Vera Lynn y la emotiva oratoria de Churchill son elementos que pesan mucho en la memoria colectiva británica sobre la Segunda Guerra Mundial, pero quizás lo que más asocia la gente con esa guerra sean el Blitz (palabra alemana para designar el rayo, adoptada por la prensa británica para referirse a sus bombardeos) de las principales ciudades inglesas desde septiembre de 1940 hasta mayo de 1941, las sirenas antiaéreas y las carreras a los refugios que traían consigo. En cambio, las oleadas de bombardeos británicos sobre Alemania rara vez aparecen en su imaginario. En este tipo de situaciones, la memoria colectiva nacional (de todos los países) es selectiva. Pero ya que las percepciones nacionales sobre el pasado puede que no sean más siniestras que una colección de hechos y recuerdos meramente personales, conviene no olvidar su tendencia a exagerar ciertos aspectos y a omitir otros.

La "época dorada" de Gran Bretaña

Al ser uno de los pocos países no ocupados durante la Segunda Guerra Mundial y además no perteneciente a la Europa continental, la conciencia colectiva británica es diferente de la de los otros países europeos. Las afectuosas reminiscencias de la retórica patriótica de Winston Churchill así como su ensalzada amistad con el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt han generado que los británicos perciban la guerra como una victoria anglosajona sobre las fuerzas del mal continentales. En su discurso ante la Cámara de los Comunes el 18 de julio de 1940 Churchill enardeció a la nación proclamando que si le hacían frente a Hitler, entonces "toda Europa podría ser libre y la vida del mundo podría discurrir por una amplio camino de rosas".

En muchos de sus numerosos discursos, Churchill aludió con precisión al estatuto insular de Gran Bretaña para preparar a los británicos para "luchar solos" toda vez que Francia ya había sucumbido. Siendo esto así, los británicos de aquella época contemplaban la Segunda Guerra Mundial casi como una cruzada solidaria, según Churchill, que los demás recordarían como la "época dorada" de Gran Bretaña.

Sentimientos cruzados

Tras la Segunda Guerra Mundial, la alianza franco-británica duró poco y su relación pronto regresó a ser de tormentosa rivalidad. A día de hoy, el antagonismo anglo-francés se alimenta de la memoria nacional colectiva sobre la guerra a ambos lados del Canal. A pesar de no ser un sentimiento universalmente extendido entre los británicos de a pie, aún hay algunos que disfrutan con un supuesto estatus superior como nación vencedora. También podemos encontrar todavía vestigios de estereotipos de los alemanes con el nazismo, siguiendo un encuentro futbolístico Alemania-Inglaterra, o en las ocasionales series cómicas británicas, de entre las cuales el caso más infame se da en el capítulo seis de Fawlty Towers (Hotel Fawlty, 1975), titulado "Los Alemanes" y cuya coletilla -"No menciones la guerra"- se ha afianzado en el lenguaje popular.

Por fortuna, esta retrasada costumbre nacional de encasillar así está desapareciendo, pero en lo que respecta a la integración europea, la memoria colectiva británica sobre la guerra ha dejado una marca más profunda en la actitud nacional hacia la unión de lo que lo ha hecho en sus vecinos.

El legado de Churchill

El mismo Churchill fue un entusiasta promotor de la integración europea, pero aun así no creía que Gran Bretaña debiese tomar parte de esos "Estados Unidos de Europa" que él con tanto fervor defendía. Más bien, en un principio, debía ser un proyecto franco-alemán para afianzar la paz en el continente. La histórica negativa de Churchill a unirse a la Comunidad Europea del Acero y el Carbón (CECA) en 1951, subyace sin duda en la subsiguiente ambivalencia británica hacia Europa. No debemos subestimar la influencia del enunciado de Churchill "estamos con Europa, pero no somos de Europa", sobre la forma popular de pensar británica en la actualidad. No en vano, fue elegido "Británico más importante de todos los tiempos" en una encuesta nacional realizada en 2002.

Algo que es poco conocido y sobre lo que los historiadores cada vez insisten más, es que el punto de vista de Churchill sobre la posición del Reino Unido en Europa ha sido muy mal interpretado. El primer ministro conservador, Sir Edward Heath, argumentó que Churchill se opuso a la participación británica en la fundación de las Comunidades Europeas más por las circunstancias que por principios. Como un realista convencido, a día de hoy, Churchill reconocería en la menguante "relación especial" con los EE UU la señal para adaptarse a los tiempos y abrazar la integración europea. De hecho, el mismo Churchill sostuvo un temprano intento de Unión Europea en junio de 1940 cuando se presentó ante el General De Gaulle con la asombrosa propuesta de una unión política, económica y militar entre Francia y el Reino Unido. Esta disposición, tras la guerra, da más que pistas sobre cómo actuaría ante las circunstancias internacionales que tiene que afrontar Gran Bretaña en el presente. Es posible que si esta innovadora propuesta se hubiera hecho pública en aquella época también hubiera pasado a formar parte de la memoria colectiva británica y estaría influenciando en nuestros días sobre la opinión publica de las islas.