¿Con qué sueñan los jóvenes bosnios? 

Artículo publicado el 5 de Febrero de 2018
Artículo publicado el 5 de Febrero de 2018

Dos décadas después de la guerra que ha dividido al país, los habitantes de Bosnia Herzegovina siguen esperando su entrada en la Unión Europea. Un sueño que muchos prefieren no esperar, y optan por huir hacia el oeste con la esperanza de una vida mejor. Otros, una minoría, eligen quedarse para reconstruir todo

Sarajevo, noviembre de 2017. Tarik, sentado en un café del corazón del barrio otomano, bebe tranquilamente un café bosnio, "una especie de café turco, pero mejor", explica. En esta primera hora de una tarde soleada, se oye a lo lejos la llamada a la oración del Dhour. Más temprano ese mismo día, habían sonado las campanas de la catedral de Sarajevo. Veintidós años después de la guerra que dividió a Bosnia y Herzegovina y que dejó más de 100.000 muertos, el país todavía sigue curando sus heridas. "Cuando estalló la guerra, en 1992, conseguí escapar. Afortunadamente, nuestra vecina croata, que era católica, nos escondió en su casa", recuerda Tarik, cuya familia musulmana iba a ser exterminada, al igual que otras religiones. Las cicatrices de este periodo están presentes en la ciudad, visibles en los edificios perforados por impactos de bala del oeste Sarajevo.  

Fuera del café, en la calle Ferhadija, Tarik pasa delante del Museo de Crímenes contra la Humanidad, abierto hace poco más de un año. Estudia un máster en la Universidad de Sarajevo y quiere ser ingeniero. "Me gustaría quedarme en Bosnia y hacer mi vida. Personalmente, no aspiro a inmigrar, ni aunque pudiera irme a Alemania, como hace la mayoría de la gente", explica. Una posición casi marginal para un joven bosnio, ya que la mayoría sueña con huir hacia la Unión Europea.  

 "Un problema nacional importante" 

Lo mismo dice Peter Van Der Auweraert: "El principal problema de Bosnia son los bosnios que se van a trabajar a la Unión Europea". Desde la sede de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el coordinador de los Balcanes occidentales añade que "en los cuatro últimos años se han ido 150.000 personas. Es un problema nacional importante", explica. Este diplomático, que se encarga de los asuntos migratorios de Bosnia y Herzegovina, Serbia, Macedonia y Montenegro, lamenta la marcha de la población hacia la UE, a la que Bosnia y Herzegovina es candidata desde 2016.  

Además de la tasa de desempleo que supera el 20%, los jóvenes señalan principalmente la falta de perspectivas económicas: "Con mi diploma de ingeniero, puedo encontrar un trabajo aquí pero soy la excepción", explica Tarik. Le hubiera gustado ser periodista pero sabe muy bien que pocas disciplinas le permitirían encontrar empleo en su país. No importa, pues lo que más preocupa en Bosnia y Herzegovina es el aumento de las tensiones entre las tres religiones que componen la federación (el 50,7% son musulmanes, el 30,7% son ortodoxos y el 15,2% son católicos, según el Ministerio Francés de Asuntos Exteriores, nda). Una división confesional que se corresponde con las divisiones étnicas entre bosnios, serbios y croatas. Desde la guerra de los años 90, el país ha perdido a uno de cada cinco habitantes, lo que supone el 19,3% de la población. En 2016, Bosnia y Herzegovina tenía una población de 3.531.159 habitantes contra los 4,4 millones de 1991, un año antes del estallido de la violencia.

"La guerra no era un conflicto religioso. Los políticos usaron la religión para favorecer sus intereses", explica el padre Hrvoje Vranjes, representante católico en el Consejo Interreligioso de Bosnia y Herzegovina, fundado en 1997. A los miembros de esta institución, compuesta por representantes del culto musulmán, ortodoxo, católico y judío, les preocupan las tensiones persistentes entre las diferentes comunidades. Para ellos, que facilitan el diálogo interreligioso, los políticos usan la religión y avivan las tensiones heredadas de la guerra para favorecer sus propios intereses. "Nadie quiere revivir la guerra, todos prefieren irse", explica Tarik. Tanto jóvenes como adultos proyectan su futuro en la Unión Europea, principalmente en Alemania, sobre todo cuando tienen familiares que ya se han instalado en el extranjero. Ante esta búsqueda de El Dorado, el Gobierno alemán adoptó en 2015 un reglamento destinado a regular la inmigración de personas procedentes de los Balcanes. Según este documento, sólo 2.2000 bosnios estarán autorizados a trabajar hasta 2020.  

Tráfico, tránsito y revolución de bebés 

Mientras espera su entrada en la UE, Bosnia Herzegovina se contenta con ser un "un lugar de paso" tanto para los nacionales como para los que buscan una ruta que les permita entrar en la Unión. Desde que se cerró la "ruta de los inmigrantes", en 2016, por donde pasaron más de un millón de refugiados que huían de la guerra y de la miseria, Bosnia Herzegovina se ha convertido en una ruta alternativa para los que intentan entrar en la UE. Entre 2016 y 2017, el tránsito de inmigrantes ilegales por el país ha aumentado un 350%, según las estadísticas de la OIM, que censa los flujos migratorios de la región. 

Sin embargo, desde que obtuvo el estatus de candidata oficial a la adhesión a la UE, el 20 de septiembre de 2016, el país ha establecido una especie de trato con Europa. Si el Gobierno bosnio quiere ofrecer a sus residentes la posibilidad de circular dentro del espacio Schengen (por una duración máxima de tres meses, editora), deberá movilizarse para que el Estado desempeñe su papel de guardia fronteriza y frene la inmigración ilegal. Algo que es muy difícil de hacer, según Amela Efendic, directora del Foro International para la Solidaridad- Emaús. "Los traficantes usan Bosnia como país de tránsito para llegar a la UE, y el tráfico de seres humanos es cada vez más difícil de detectar. La policía no pone los medios necesarios para frenarlo, sólo basta salir a la calle para ver cómo los niños son obligados a mendigar". 

Al igual que Tarik, muchos jóvenes dicen estar cansados de tener que luchar contra la máquina burocrática de su país para que los cambios de estatuto administrativo (residencia, trabajo) se hagan a tiempo. Hasta él, que trabajó durante un tiempo en la administración local de Sarajevo, ha decidido alejarse de la política: "Todo es tan complicado y está tan descentralizado que no importa la función pública que se ejerza, apenas tenemos impacto para cambiar las cosas".  

Además de estar dividida en dos federaciones (la Federación de Bosnia y la República de Sprska, editora), Bosnia Herzegovina también está muy descentralizada, ya que cuenta con tres presidentes, uno para cada pueblo (croata, bosnio, serbio), con sus respectivos gobiernos, parlamentos y administraciones. Un embrollo administrativo que estaba pensado para garantizar la representación de todos pero que, en la práctica, complica la vida cotidiana de los ciudadanos y agota su paciencia. Por poner un ejemplo, en febrero de 2013, un desacuerdo entre las entidades hizo que fuese imposible otorgar el número de identificación nacional a los recién nacidos. Este hecho provocó manifestaciones multitudinarias conocidas como la "Revolución de los bebés". Y esto no es más que un ejemplo de las complicaciones a las que deben enfrentarse los ciudadanos en su día a día. 

El coraje de esperar

En el barrio otomano de Sarajevo, entre las tiendas de los callejones que parecen un bazar, Tarik celebra un encuentro de su periódico, Preventeen, donde participan los jóvenes. El joven bosnio, editor de esta revista distribuida de forma gratuita en los colegios de Bosnia Herzegovina, participa en un proyecto que pretende concienciar a los estudiantes contra las adicciones. "Es un asunto primordial. Es importante centrarse en los jóvenes bosnios porque son el futuro del país", dice. Una posición que comparte el sacerdote católico Simo Marsic, responsable del centro de la pastoral de jóvenes de Sarajevo, que participa en el diálogo interreligioso: "Queremos ayudar a los jóvenes a construir un futuro aquí, aunque sea duro. Estos jóvenes pronto empezarán a trabajar en el ámbito político o económico y serán los pilares de la sociedad del futuro". Sin embargo, las perspectivas no son alentadoras con una tasa de desempleo superior al 20%, que afecta principalmente a los jóvenes.

Muchos quieren irse de Bosnia y otros vuelven, como el joven sacerdote Pavle Mijovic, profesor de teología en la Universidad Católica de Sarajevo. Hace 8 años, su familia huyó de la guerra para refugiarse en Croacia, donde realizó sus estudios y se formó como como sacerdote en Roma. "Cuando estaba en Roma y me propusieron enseñar en Sarajevo, mi ciudad natal, supe que el Señor me había llamado a Bosnia Herzegovina para hacer algo", explica. Su implicación en el diálogo entre las diferentes religiones de Bosnia (católicos, musulmanes, ortodoxos), le ha llevado a lanzar una formación en estudios interreligiosos y de paz, en colaboración con las tres facultades teológicas de Sarajevo. Con esto espera aportar su granito de arena en la reconstrucción de su país natal. Una hazaña en la que Tarik participará de forma más activa cuando obtenga su diploma de ingeniero. "Si me fuese, estoy seguro de que no encontraría un café como este en otro lugar", concluye con una sonrisa.

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