Con un tigre de papel contra el dragón

Artículo publicado el 9 de Enero de 2004
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Artículo publicado el 9 de Enero de 2004

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El diálogo europeo sobre los derechos humanos está, ocho años después de su introducción, muy reñido, ejemplos como la violación de derechos humanos en la provincia Xinjiang muestran que no funciona.

China vive en el cambio. Ninguna economía crece tan rápida, ningún país cambia tan veloz como China en los últimos años. La muestra más visible de este crecimiento es la fiebre constructora que ha invadido el país. Las ciudades cambian de cara de la noche a la mañana, y muchas veces no recuerda nada a la China de hace diez años. El cambio de las ciudades se ha convertido en símbolo para el auge de China, pero también símbolo para la desigualdad creciente, tensiones sociales, nepotismo, corrupción y arbitrariedad estatal.

Ante este fondo tampoco ha mejorado la situación de los derechos humanos. El gobierno chino lo justifica con que los intereses individuales se deben someter al bien común. Mientras que inversores extranjeros están preocupados por la carencia de seguridad jurídica que conlleva, la opinión pública se preocupa por la violación de los derechos humanos. Por este motivo surgió en 1995 el dialogo europeo sobre derechos humanos.

El lema es cooperación en vez de confrontación. La presión pública debería ser sustituida por un diálogo constructivo. El desarrollo de la situación de los derechos humanos sería acompañado de manera crítica por los representantes del estado y civiles, conferencias conjuntas ayudarían a promulgar conocimientos técnicos y la traducción de bibliografía jurídica básica al chino apoyaría una reforma del sistema jurídico chino. El fin de este diálogo intercultural sería la mejora de la situación de los derechos humanos, la apertura política y la estructura de un Estado de Derecho. Policías chinos aprenden de sus colegas europeos cómo se comporta uno en tal Estado de Derecho y los jueces son familiarizados con los fundamentos de la separación de poderes.

Los intereses económicos tienen preferencia

En 1995 accedió China al diálogo pero sólo bajo la condición que los europeos a partir de entonces renunciasen a la condena pública de China en la comisión sobre los derechos humanos de Naciones Unidas. A consecuencia de la resistencia de Francia desde 1997 no se ha vuelto a formular dicha resolución, aunque pesaban más las consideraciones económicas que las políticas para tal decisión. Porque China se encontraba en negociaciones con el Airbus- Konsortium sobre un pedido de gran volumen.

También a continuación fue dirigida la política de los derechos humanos por intereses económicos. Faltaba una línea europea uniforme, ya que cada uno estaba principalmente interesado en vender su propia tecnología. Mientras que se mida el éxito de las visitas estatales a China en las cifras de contratos económicos cerrados, y predomine el pensamiento de competencia, seguirá siendo algo fácil para China aprovecharse de la rivalidad entre los europeos. Hoy, después de ocho años, está en tela de juicio la efectividad del dialogo de derechos humanos.

Sí, la situación de los derechos humanos ha mejorado. Sobre todo los derechos individuales, como el derecho a propiedad o la libertad de movimiento, que están hoy garantizados. Pero los derechos públicos, como la libertad de reunión o asociación, o la libertad de expresión y prensa siguen siendo limitados. Mientras crezca la economía y el individuo reciba más derechos. Así la estrategia de Pekín, se podrá controlar la oposición política. Pero del auge sólo se beneficia hoy una minoría, mientras que otras poblaciones son marginadas.

El fracaso en Xinjiang

El ejemplo de Xinjiang lo dice todo. Hasta 1949, cuando fue anexionado por China, estaba poblado principalmente por Uigures musulmanes. Pero a consecuencia de una política de colonización encauzada se ha movido el equilibrio a favor de los chinos Han.

Como muestra el impresionante horizonte de la capital de provincia Urumtschi, ha llegado el progreso también a Xinjiang. Pero en Kashgar, el centro cultural de los Uigures, se muestra su lado oscuro. Edificios nuevos sin cara sustituyen las construcciones de barro que formaban el casco antiguo, sus habitantes fueron expropiados, expulsados y engañados por sus indemnizaciones de por sí inapropiadas. Quien protesta, es encarcelado, quien demanda es enjuiciado él mismo. Para los Uigures ya no hay sitio en la China moderna. Sólo quien renuncia a su religión, a su lengua y a su cultura, se asimila totalmente, encuentra cabida en la universidad, economía y política.

Todo aquel que se defiende contra esta política es un separatista, y los separatistas son el lenguaje de la propaganda china terroristas. Siempre ha habido revueltas, que se ahogaban de manera sanguinaria, lo cual se justificaba con la guerra contra el terror. La estrategia se cumple, ya que en Europa el separatismo uigur se compara en su mayor parte al fundamentalismo islámico.

El diálogo europeo sobre derechos humanos ha fracasado en el caso de Xinjiang. Porque la negación de criticar en público a Pekín por su violación de derechos humanos en Xinjiang demuestra más una estrategia con un fin determinado que la indiferencia de Europa. Que los Uigures sean olvidados por la comunidad internacional, fomenta la radicalización y contribuye al escalamiento de la situación.

Europa no puede seguir observando cómo en China son ultrajados los derechos humanos. La posición de algunos Estados de, según la necesidad, someter los derechos humanos a las consideraciones económicas es de miras cortas. Porque sin libertad de prensa, sindicatos libres y una sociedad civil libre no se puede construir una economía eficiente o una sociedad justa. Para que el diálogo sobre derechos humanos deje de ser un tigre de papel, tiene que aprovechar Europa todos los medios del derecho internacional, para aumentar la presión pública hacia Pekín.