Conexiones peligrosas: los populistas del Este quedan con la izquierda del Oeste

Artículo publicado el 20 de Octubre de 2006
Artículo publicado el 20 de Octubre de 2006
El debate suscitado en Alemania por la aparición de Peter Handke en funeral de Slobodan Milosevic sigue en el aire.

¿Acaso los populistas de la Europa del Este se han posicionado con los activistas anti-globalización del Oeste? El 18 de marzo de 2006, Peter Handke se fundió con la multitud en el funeral de Slobodan Milosevic. El ex-dictador, acusado de genocidio y de instigar asesinatos políticos, había perdido hacia ya tiempo su poder a raíz de las multitudinarias manifestaciones que sucedieron al escándalo de las elecciones de 2000 en su país. Coroneles rusos retirados, líderes comunistas, políticos serbios acusados de crímenes de guerra y sombríos miembros de la "nueva aristocracia" acudieron a presentar sus respetos. La extrema derecha cerraba la marcha fúnebre. Para ellos, Milosevic era un Robin Hood anti-americano, el luchador definitivo contra la globalización. Una lucha que abrazan intelectuales anti-globalización como Handke.

Anti-globalización con derecho de pernada

La presencia de Handke en el funeral no prueba que apoye el populismo de extrema derecha. Al contrario, Handke pertenece a un grupo de intelectuales alemanes que distan mucho de ser populistas y que promueven el legado de la generación de 1968. Estos nuevos intelectuales de izquierdas de la Europa Occidental han dejado de poner en cuestión el capitalismo tras la caída de los regímenes de la Europa Central y del Este. En respuesta, su espíritu alternativo se ha visto integrado en juegos globales y engañosos. Al final, las ideas del 68 se erosionaron y sus partidarios ya no son revolucionarios, sino simples reformistas desilusionados.

Su enfoque de la globalización es tan tímido como su oposición al capitalismo. No son activistas radicales ni guerreros combatiendo el capitalismo. No quieren nuevos choques de clases: lo único que persiguen es que el capitalismo y la globalización sean más humanos. La suya es una lucha moral. Sin embargo esto ya basta para posicionarles con los activistas anti-globalización de los Balcanes.

No obstante, tan sólo se limitan a compartir ciertas características comunes. En el Oeste, las tendencias anti-americanas nacen de una cultura democrática que critica al capitalismo y a las actitudes antidemocráticas. Estos activistas no sólo son independientes de la noción de Estado-nación, sino que además se enfrentan a las elites de los mismos. Su razonamiento se nutre de la ética socio-liberal y de ciertas nociones marxistas.

De las cenizas del comunismo

La historia de los movimientos antiglobalización de la Europa del Este es completamente distinta. Su retórica es populista y son más autoritarios que subversivos. ¿Cómo se puede explicar tan extraño encuentro entre los activistas del Oeste, liberales y antiautoritarios, con los movimientos de extrema derecha del Este?

Las causas se remontan a antes del cambio de régimen en el Este. Cuando el bloque del Este se encontraba todavía bajo dominio comunista, los intelectuales inconformistas del Oeste no podían comprender por qué sus colegas del Este, liberales y de izquierdas, eran anticomunistas. Tras las transiciones democráticas de Hungría, Polonia y otros países del Centro y Este de Europa, aquella tensión evolucionó hacia algo distinto.

De 1989 en adelante, la intelligentsia liberal de izquierdas abrazó la economía de mercado y estableció las nuevas instituciones pluralistas en los Estados ex-comunistas. Lucharon por valores que habían sido, y aún son, criticados por intelectuales radicales del Oeste. Pese a sus creencias, los intelectuales de Europa Central y del Este, junto con los de los Balcanes, no pueden permitirse ser tan críticos como sus colegas del Oeste: tienen que defender las instituciones democráticas contra los populistas de extrema derecha y los nacionalistas. En Europa del Este, los políticos de extrema derecha han de ser demagogos por necesidad, pues carecen de las sólidas tradiciones conservadoras que prevalecen en el Oeste. Además, su crítica a la globalización nace del deseo de aumentar el poder autoritario del Estado en lugar de la defensa de valores democráticos universales. Sus líderes preconizan la democracia de masas y rechazan el liberalismo argumentando que se trata de una peste que viene del Oeste. Rechazan el individualismo y deifican el arcano y puro espíritu de la comunidad.

Malas compañías

Los discursos de los activistas anti-globalización y de los militantes de extrema derecha convergen en ciertos temas pero sus significados entran en conflicto y son fundamentalmente diferentes. El encuentro de los intelectuales del Oeste y los populistas del Este es una alianza con límites, pero dinámica. Esta misma alianza se hizo visible a raíz del debate sobre Handke.

En Serbia, tanto los activistas de derechas como la extrema derecha opinan que la derrota de Serbia tuvo su origen en la conspiración llevada a cabo por los medios de comunicación del Oeste. A pesar de estas declaraciones, los derechistas están dispuestos a ratificar leyes que dan alas a las inversiones extranjeras. Su oposición a la globalización tiene un carácter nacional pero adolece de una dimensión social o económica.

Tanto los demócratas del Oeste como los populistas del Este combaten la influencia americana. El partido político mas radicalmente antiamericano es el Partido Radical Serbio, la mayor fuerza política en el parlamento de Serbia. Ningún otro partido antiglobalización en Europa goza de una base social tan amplia. Este partido usa una retórica antiamericana por puro interés electoral interno, mientras que los antiglobalización de Europa Occidental la emplean para defender valores democráticos.

Handke, un Ulises de los Balcanes

Para los derechistas serbios, extremistas y nacionalistas, Handke es un caballero que lucha por "Justicia para los serbios". Los viajes de Handke por territorios serbios étnicamente puros no han hecho sino acrecentar esta creencia. Este Ulises de los Balcanes busca sus antiguas e intactas raíces: sus hallazgos no tienen nada que ver con sus expectativas.

Es un hecho incuestionable que la descripción que hace Handke de los campesinos serbios en su libro Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina o Justicia para Serbia despliega sensaciones antiglobalización marcadamente románticas. Sin embargo, las bucólicas imágenes de Handke evocan la literatura etnográfica de los tardíos años ochenta más que la retórica de los políticos serbios.

El debate Handke tiene más que ver con la extraña relación entre el “populismo del Este” y los intelectuales críticos del Oeste que con Handke. En los países ex comunistas, la gente se ha desilusionado paulatinamente y ha perdido la fe en los ideales que espolearon su lucha contra dictaduras y partidos únicos autoritarios. Los intelectuales antiautoritarios e inconformistas critican a su propio régimen desde un punto de vista distinto. El encuentro de los intelectuales críticos del Oeste con los populistas de los Balcanes es producto de una “situación trampa”.

Esta relación tiene sus límites pero a la vista del ascenso de los fundamentalistas islámicos y de los partidos populistas de extrema derecha en los países europeos..., hay que buscar nuevos aliados.

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