Conozca a la élite Erasmus: ¿estrellas brillantes en una recesión global?

Artículo publicado el 1 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 1 de Febrero de 2010
¿Qué tienen en común un inglés gritón, una esbelta vampiresa ucraniana, un lanzado casanova polaco y un francés que toca la gaita? Bromas aparte, todos son miembros de YRN, la red juvenil de las regiones europeas. Aproximadamente 150 personas se encuentran cada año para ver cómo Europa puede ayudarles a superar la depresión económica

Charlotte Kudé, de 18 años, bastante resuelta, parece incluso intimidatoria cuando realiza su discurso de bienvenida en una pequeña sala de conferencias ante 'euro-jóvenes' que parpadean ante ella. En una edad en la que muchos de nosotros estábamos ocupados liando y fumando cigarrillos y teníamos una mirada malhumorada, ella ha logrado ser elegida presidente de una red juvenil que representa a 270 regiones de 33 países distintos. Su audiencia no proviene tan sólo de Milán, Frankfurt o Berlín, sino de regiones tan diversas como la tímidamente soleada Gavleborg, en Suecia, el archipiélago atlántico de las Azores y las regiones del este de Georgia. Ésta es la verdadera generación internacional de Europa: un manojo de veinteañeros que no dudan en subirse a un avión rumbo a París para asistir a una conferencia de tres días realizada completamente en inglés, y donde la mayor parte de ellos tiene un buen dominio de dos idiomas además del materno, como mínimo. La sociedad post-Erasmus, que se ha encontrado privada de su derecho a representación por la avaricia de los banqueros de mediana edad, está más lista que nunca para utilizar Europa para recuperar su futuro.

Cada recién llegado es acogido con gritos de alegría y de reconocimiento por los otros participantes; esta dispar colección de jóvenes regionales ha establecido una firme red de comunicación desde que se produjo la última reunión hace un año. Demasiados hombres de negocios excesivamente zalameros a la espera, como tiburones, alrededor del enorme cebo que resulta estos jóvenes ambiciosos, todos ellos conscientes de que es sólo cuestión de tiempo antes que estos novatos que se ríen tontamente lleguen a ser las piezas de ajedrez que encajen en la política europea.

El participante Mikko Savola es un corpulento granjero de 28 años, miembro del consejo regional del sur de Ostrobotnia, Finlandia. “En el futuro, toda esta gente estará en la política,” dice bruscamente. “Esto es como unas prácticas. Los jóvenes pueden entrar en puestos de poder, si trabajan para ello. Yo me uní al consejo regional con 19 años”. No se equivoca: El lituano Vaida encabeza un proyecto de regeneración internacional urbano en países bálticos; el melenudo adolescente británico Louis distribuye generosamente llamativas tarjetas de visita promoviendo su negocio de diseño de web; y cuando durante una mesa redonda se pregunta a los participantes cuántos tienen la intención de comenzar su propio negocio, la mayoría de las manos se alzan al instante. “Las distintas regiones tienen maneras de pensar diferentes”, explica Bart Lever, un holandés alto poco convincente. “El reunirnos supone encontrar nuevas soluciones a los problemas de los demás”

Si el cambio se produce aquí, no será de arriba a abajo. Por un lado, se escucha una cadena de discursos secos, repetivas charlas llenas de declaraciones insípidas, como “debemos crear las oportunidades” y “se deben encontrar soluciones”. El arrogante presidente de la Asamblea de las Regiones Europeas (AER, por sus siglas en inglés, y desde donde nació la red juvenil de las regiones) Michèle Sabban, a diferencia de su protegida YRN, era un verdadero depósito de retórica vacía. Del otro lado, el progreso real ocurre en los pasillos y durante las comidas, fuera de las salas de conferencias. Jóvenes participantes cambian silenciosamente sus tarjetas de visita, arreglan reuniones, hablan de cambios y comparten sus conocimientos. Con una confianza típicamente Erasmus, no parecen darse cuenta de su gran capacidad para las relaciones internacionales -algo que Europa apenas ha superado históricamente.

Probablemente no se les ocurrió pensar que charlar informalmente en otro idioma con alguien del otro lado del continente, quizás planeando una corta visita, es algo que la mayor parte de la generación de sus padres tan sólo pudo soñar. A medida que el sistema económico del siglo XX se derrumba ante nuestros ojos, esta colección de la élite Erasmus implica que los europeos de siglo XXI, sin ser conscientes de ello, nunca han tenido tantas oportunidades a su alcance.

Fotos : © AER/ Orangelog.eu