Conradi: es más eficaz un beso que una hostia

Artículo publicado el 14 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 14 de Diciembre de 2007
Acompañamos al artista español Gonzalo Conradi, un centrifugado de la experiencia Erasmus, mientras prepara los cuadros para una exposición que le consagrará en el Centro Andaluz del Flamenco de Jerez.

No hay en Sevilla cruce de avenidas más ruidoso y deslucido que el de Luís Montoto con Ruiz Cavestani, pero es donde el artista Gonzalo Conradi, de 31 años, tiene su estudio de trabajo. Colgando de una quinta planta, su balcón es una aspiradora de luz vomitada hacia dentro. Su salón es un fanal repleto de enormes cuadros desordenados. “Por la noche lo retiro todo, extiendo un colchón y me echo a dormir con mi pareja”, comenta de pasada. Al fondo de un angosto pasillo está la sala donde pinta y juega a los dardos para “aguzar la concentración y proyectar el pensamiento”.

El equilibrio del compás flamenco

El estudio rebosa de cuadros realizados con tinta china, gouache o espray sobre el mundo del flamenco, que se exponen en el Centro Andaluz del Flamenco desde el 21 de diciembre de 2007.“Fue en Alemania donde me atrapó el compás del flamenco”, precisa. De 2002 a 2004 estuvo viviendo en Dresde y Greiswald, siguiendo a su enamorada alemana, con quien se comunicaba en francés tras conocerse en Lyon, en donde Conradi finalizó sus estudios de Arte. “En Alemania me llevaba 50 euros diarios a casa tocando la guitarra y vendiendo cuadros en la calle. A fuerza de tocar en la calle me di cuenta de que en la música primero hay que dominar la técnica y sólo luego poner el corazón. Desde entonces, no he dejado de perfeccionar el compás –el ritmo- del flamenco.” Hoy, trata que ese equilibrio se traduzca en su obra pictórica, pues considera que la pintura “es el cuerpo de la música”. No en vano, su etapa más reciente está repleta de cantaores, bailaoras, músicos y toda clase de signos rítmicos.

Selección de cuadros sobre músicos y flamenco

La vida que duele

“Le debo mucho a mis años de trotaeuropas, durante los que pasé mucho frío exterior e interior”, subraya al hablar de su primera etapa pictórica: la etapa Me Duele. “Fue mi travesía del desierto tras un desengaño amoroso en España. No tenía amigos y sólo me comunicaba en francés con mi nueva enamorada y en alemán con mi jefe del Teatro Vornpommern de Greiswald, en donde trabajaba de cartelista.” El discurso de su obra en dicha etapa es desgarrador, doloroso, rabioso. “Yo era un puercoespín gruñón al que nadie podía abrazar, porque estaba peleado con el mundo.” Allí descubrió, decepcionado, que “al Estado no le interesa nuestro corazón, sino lo que contribuimos al Estado”.

Así que se fue a Londres uniéndose a un grupo de jóvenes artistas con la intención de ocupar casas y crear juntos. “Era en Hackney, unos de los peores barrios londineses, y nosotros teníamos una de las peores pintas del barrio: andaluces con muy poco dinero y mucha hambre”. En total, Conradi abrió siete casas: llegó como un novato y se fue con un máster en ocupación. “Recomiendo a todo el mundo el allanamiento de morada desocupada; es una actividad muy sana”, afirma sin ponderaciones.

Preocupado por “retirar el arte del mercado”, en seguida se cansó de Londres: “Es una puta tienda en la que todo se vende, y si no tienes dinero no interesas. Por otro lado, era un medio en el que circulaba demasiada droga y la gente se contentaba con ello. No es que yo esté en contra de las drogas, sino que estoy en contra de esconderse detrás de las drogas. Yo, cuando me drogo, es para hacer aflorar mis miedos y fantasmas interiores.”

Selección de cuadros Etapa Me Duele

Vitalismo en verde

“Harto de gruñir, decidí cambiar cuando me di cuenta de que en la vida es más eficaz un beso que una hostia.” Vuelta a España, vuelta a enamorarse y una nueva etapa: el Informalismo Vitalista, una inmersión en la abstracción absoluta. ¡Qué envidiable capacidad de enamorarse, ¿no?! “Mira: quien tenga envidia tiene una charla pendiente con su corazón. Hay gente que cuando se le muere el perro tras haberlo cuidado y querido toda su vida, siente tanto dolor que decide no volver a tener perro nunca más. Les pasa lo mismo con el amor”, argumenta a favor de abrirse al amor, sustento de la obra de un artista.

Ahora, los colores vivos y los grandes formatos priman en la obra de este pintor y escultor expansivo y gestual. “Antes, mis cuadros estaban repletos de blancos, rojos y negros, una combinación muy dramática”, explica. Más tarde, los árboles le hicieron descubrir el verde y le enseñaron a tener fe en la vida: “Me sigue alucinando que de una bellota salga una encina enorme”. Hoy, el árbol representa para él el símbolo de la perfección por el hecho de que “tire para arriba buscando luz y aire y también para abajo buscando agua y oscuridad”.

Selección de cuadros Etapa Informalismo Vitalista

Entre regalos y mercado

Sus cuadros están repartidos por todo el planeta: Australia, Japón, Mali, Alemania, Italia, Francia, Inglaterra, etc. Muchos de ellos los ha regalado, cosa que sus más cercanos le reprochan. “Dicen que no doy valor a mi obra, pero a mí me encanta regalar; el arte debe regalarse porque es amor”, se defiende. No obstante, ya no le hace ascos al mercado: la sede en Bucarest de la multinacional Tercialia, dedicada al negocio inmobiliario, posee un acabado interior artístico diseñado por Gonzalo Conradi y su actual pareja Raquel Maireles, bajo la firma Nosotros. Además, está embarcado en el diseño del nuevo disco de la célebre cantaora de flamenco Macanita de Jerez y, de la mano de Ricardo Pachón –el gran gurú de la industria del flamenco en España- trabajará posiblemente en la escenografía de un próximo espectáculo para la Bienal de Flamenco de Sevilla en 2008: “Algo que tengo casi definido en mi mente por completo”, concluye.