Constitución, ahora comienza el juego

Artículo publicado el 9 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 9 de Agosto de 2005

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La ratificación del tratado constitucional en Roma supone el inicio de un largo vía crucis. Una vez aprobada por referéndum, el éxito se da por descontado. Análisis.

¿Supone la ratificación del Tratado Constitucional el día 29 de octubre en Roma la coronación simbólica del sueño europeo, el modelo cultural y político del Viejo Continente al que alude el ultimo best-seller del sociólogo americano Jeremy Rifkin? Más bien al contrario, pues el nuevo tratado reorganiza el ya existente. Del mismo modo, las dificultades que se han ido acumulando a lo largo del proceso de ratificación son más bien una expresión de la crisis política que atraviesa la UE, una crisis para la que parece imposible encontrar una solución.

Una bomba de relojería

El Tratado de Niza, actualmente en vigor, ya presenta problemas para la Unión con 15 Estados miembro, por lo cual, es imposible que pueda garantizar la vida política de un organismo compuesto ahora por 25 Estados. Si el nuevo tratado no entrara en vigor (para lo cual sólo bastaría la negativa de uno de los Estados), el contragolpe político sería enorme y animaría a muchos a celebrar el consabido dicho: "cada uno en su casa y Dios en la de todos".

Tras las profundas divisiones provocadas por la guerra de Iraq y la escasa participación en las últimas elecciones al Parlamento Europeo celebradas en toda Europa, los vientos no parecen muy favorables. En medio de este clima de polémica y escándalo desarrollados con relación a la Convención Europea y a la Conferencia Intergubernamental, diez de los Estados miembro han decidido convocar el referéndum, lo cual podría transformarse en una bomba de relojería de camino a la ratificación del Tratado. En Gran Bretaña, donde la mayoría euroescéptica del país está liderada por la oposición y por el prestigioso semanario The Economist, se quiere explotar la cuestión del referéndum para hundir definitivamente al Primer Ministro, Tony Blair, bajo el altar de una de sus piezas clave: la del europeísmo.

Perseverar es diabólico o el síndrome irlandés

En Francia la cosa no es para menos, donde el Presidente Chirac, tras haber ganado las últimas elecciones, ha anunciado el referéndum sabiendo que la cuestión dividiría a la izquierda francesa, que últimamente gozaba de mayor apoyo electoral. El debate se ha complicado aún más debido al tema de la adhesión de Turquía a la UE, que puede empeorar la situación en cuanto a las posibilidades de éxito, por otra parte extremadamente inciertas.

La negativa francesa, que finalmente se evitó en 1992 con el Tratado de Maastricht en un clima totalmente diferente, daría lugar a una crisis sin precedentes en el corazón de Europa.

Las mismas dudas recaen sobre Irlanda y Dinamarca, que ya han sido protagonistas de escandalosas negativas a los tratados y también hoy atraviesan momentos de fuerte euroescepticismo. En caso de que la ratificación no se produjera, ahora sería más difícil que en ocasiones anteriores dirigirse a la ciudadanía para que se pronunciara de nuevo, como se hizo en el pasado. Sin embargo, en otros países en los que también se ha decidido llamar a los ciudadanos a las urnas, la situación es positiva, como en el caso del Bélgica, Holanda, Luxemburgo, España, Portugal y la República Checa, donde la constitución se aprobará sin sorpresas.

En el caso de Italia, uno de los países más pro-europeístas de la UE, la ratificación por medio de un referéndum, que en un principio fue apoyada por muchos, habría requerido una reforma constitucional hace mucho tiempo. De modo que se ha escogido la vía parlamentaria, ciertamente más rápida, que permitirá a Italia convertirse en el primer Estado en ratificar el nuevo Tratado, probablemente bien entrado el mes de diciembre. Este hecho es de un claro, y presumimos que positivo, significado político que pone fin al aún amplio debate nacional. La Constitución europea encara, pues, meses y quizás años difíciles.

La postura de aquellos europeístas desilusionados que confían en un rechazo del tratado para después reformular uno mejor, es una posición suicida. Si no se aprueba este tratado, no se aprobará ningún otro. El sector de la clase dirigente europea que usa el delicadísimo tema de la ratificación pensando sólo en términos de política nacional demuestra no comprender el valor de lo que está en juego. Especialmente ahora que se apuesta tan fuerte.