Constitución: los socialistas franceses dan el sí

Artículo publicado el 10 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 10 de Diciembre de 2004

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Desde Francia llega el vía libre de los militantes socialistas a la Constitución Europea. Influirá (positivamente) en un proceso de ratificación al que aún le queda mucho camino por recorrer. Análisis.

Europa y Francia pueden respirar aliviadas: el tan esperado referéndum del Partido Socialista francés sobre la Constitución Europea ha sido un éxito. Es la señal que muchas capitales esperaban para calibrar el futuro de un tratado que acaba de ser firmado, pero sobre cuya entrada en vigor no todos están dispuestos a apostar.

2005: la estación de los referendos

Transcurrido sólo un mes desde la solemne ceremonia de Roma, sólo un país ha ratificado el Tratado: Lituania. Es significativo que se trate de un nuevo Estado miembro, además excomunista: es otra prueba de que el Este puede aportar savia nueva al proyecto europeo. Pero se trata de una ratificación simbólica, sobretodo porque ha sido parlamentaria: los auténticos desafíos comienzan ahora.

El sí de la gauche constituye un óptimo viático de la ratificación de Francia: ésto, en el mejor de los casos, excluiría un rechazo del Tratado por parte de los seis países fundadores, que hubiera convertido la Constitución en papel mojado. Italia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo parecen encaminados hacia una ratificación segura; algún resurgimiento de euroescepticismo holandés podría aún provocar problemas, pero en cualquier caso menores que un “no” de París. ¿Cuáles son, entonces, los escenarios en juego?

2005 verá cómo se abre la decisiva estación de los referendos: en el programa aparecen el español, el portugués, el francés y -probablemente- el polaco. Otros, en cambio, están aún por determinar. En total se presentan algo más de una decena de consultas. Las más temidas son la británica y la danesa, que podrían resolverse con resultado negativo.

Constitución en riesgo sólo si…

Sin embargo, si prevemos –como hemos dicho- un “sí” generalizado de los seis países fundadores, se podría considerar que la Constitución sólo estará realmente en peligro en dos supuestos: en caso de que dos o más países grandes no la aprueben, o en caso de rechazo por parte de numerosos Estados miembro. En el primer supuesto, el voto en Gran Bretaña, España y Polonia resultará decisivo; en el segundo nos referimos a una cuestión puramente numérica y relativamente improbable. En todos los demás casos el “no” a la Constitución podría suponer nuevos referendos, o bien revisiones del tratado, o incluso –caso extremo- la salida del país en cuestión de la Unión. Difícilmente significarían el fin y la anulación del Tratado.

En cualquier caso el destino de la Constitución Europea se mantiene incierto, aunque sea lícito un cierto optimismo: es probable que se vea influido por un “efecto avalancha” entre las opiniones públicas. Una serie de “síes” en los primeros referendos empujaría inevitablemente a los otros países a la ratificación, ejerciendo presiones sobre los electorados más refractarios, mientras que algún “no” podría –al contrario- tener efectos desastrosos. Es por eso que los países con un electorado más incierto no tienen previstas consultas hasta el 2006.

Tampoco podemos ignorar que todas las próximas campañas de referéndum estarán también inevitablemente influenciadas por temas extraños a la propia Constitución: tensiones políticas internas, cuestiones nacionales y -¿por qué no?- la adhesión turca podrían tener repercusiones negativas sobre el voto.

Pero son las reglas del juego político: esto no quita –tal como ha demostrado el voto francés- que consultar a los ciudadanos sobre un tema tan importante sea justo y tal vez hasta necesario, incluso a costa de cambiar las reglas electorales. Una ratificación parlamentaria sin debate social, basada en un supuesto e implícito europeísmo de la opinión pública, puede no ser necesariamente buena para Europa.