Consumidores del mundo: ¡uníos!

Artículo publicado el 11 de Julio de 2005
Artículo publicado el 11 de Julio de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

En los años del Mercado Único y de la libre competencia es fundamental una organización que garantice los derechos de los consumidores desde una perspectiva transfronteriza. A la UE le corresponde la tarea de armonizarlo.

Así hubiera terminado quizás Marx su "Manifiesto" si en vez de en 1874 lo hubiese escrito en nuestros días. De igual manera que los derechos de los trabajadores eran una prioridad para los obreros de la primera industria del s. XIX, los de los consumidores lo son para los ciudadanos de hoy. De hecho, la gama de derechos individuales está en expansión tanto como las posibilidades que la realidad actual ofrece.

De la industrialización al comercio electrónico

El proletariado fue la verdadera fuerza de la segunda Revolución industrial: fueron los obreros quienes consintieron la implantación de la industria, quienes fueron protagonistas del nacimiento de las metrópolis y quienes vivieron los cambios socioculturales luchando por sus propios derechos.

¿Y hoy? En el inicio del segundo milenio, la situación es completamente diferente: el consumo de servicios más que el de mercancías es el verdadero motor. El sector indispensable es el terciario, indispensable con una industria en crisis desde hace veinte años. Esta es la era de la globalización: ésa en la que un italiano compra una máquina digital de fotos japonesa mientras está de vacaciones en España, un alemán invierte en acciones de una multinacional americana cuya producción está en China o un inglés trabaja en Suecia y adquiere con una tarjeta de crédito de aquel país un billete aéreo de una empresa alemana. Y es así como a menudo comienzan los problemas.

Algo se mueve en la frontera franco-alemana

Recientemente se han producido algunos avances en este problemático tema. Gracias al apoyo de la Unión Europea, cada país miembro dispone de un Centro o Asociación de Consumidores a los que los ciudadanos pueden acudir por cuestiones no necesariamente relacionadas con su propio territorio nacional. Entre éstas resalta una asociación franco-alemana, sita en la ciudad alemana de Kehl -en la frontera con Francia-, que desde 1993 se preocupa de informar y aconsejar a los consumidores de esta región, vecina de Alsacia, dando también ayuda concreta en caso de procesos judiciales transfronterizos. La asociación es, desde enero de 2005, el Centro Europeo de los Consumidores para Francia: en total son más de 75.000 las reclamaciones tratadas desde su creación. ¿Pero de qué se ocupa un centro como éste? Al centro de Estrasburgo “le interesa formar a los actores del consumo sensibilizándoles sobre la problemática transnacional, por ello observamos y transmitimos regularmente informes sobre la aplicación del derecho comunitario a favor de los consumidores y estadística sobre la situación actual”, declara Christian Tirou, el experto jurídico de Euro-info-consumidores.

Centros como este son necesarios porque las organizaciones nacionales no son capaces de hacer frente a las necesidades actuales. Tirou precisa: “La movilidad de los europeos, la apertura de las fronteras y la concurrencia siempre más feroz, hacen indispensable una aproximación más internacional a la cuestión del consumo”.

El Centro publica folletos y consejos para quienes pretenden adquirir una casa en el extranjero, para quien precisa allí de asistencia médica, o quien deba presentar denuncia o demandar reembolso tras haber comprado de una compañía extranjera un billete aéreo inutilizado por overbooking, o un objeto electrónico roto pero aún en garantía. En conclusión, desenvolverse entre directivas nacionales y europeas, procedimientos y lenguas diversas no es tarea fácil.

La jungla del consumidor, sector a sector

¿Y la Unión Europea qué papel tiene? Si la Comisión europea participa en el mantenimiento de los Centros Europeos de los consumidores y el Parlamento provee con directivas y leyes, se puede decir que “la UE cumple el papel de armonizar tanto el funcionamiento de los varios centros del territorio como las condiciones en las cuales el ciudadano consumidor se encuentra para actuar” como suscribe Tirou.

En resumen: una máquina internacional es un modo de defender los derechos de los consumidores. Se ha hecho mucho en los últimos diez años, pero queda mucho por hacer. ¿En qué sectores están los consumidores más protegidos? Tirou responde que “actualmente se han dado resultados óptimos para las transacciones financieras transnacionales que han establecido condiciones más claras. El ámbito más dificultoso es el de los procedimientos judiciales: aún muy complejos y a menudo demasiado lentos. El comercio electrónico es otro sector crítico: no existe normativa reguladora exhaustiva aún, pero su creciente importancia hace que sea centro de interés incluso para quien debe elaborar los reglamentos y procedimientos para la difusión de los derechos de los consumidores”.

En definitiva, la jungla de los obstáculos y de los reglamentos con los que los consumidores deben hacer las cuentas se espesa con el ensanche del mercado y de la economía. Defenderse en un ámbito transnacional de actuación es tan importante como lo fue para los marxistas de hace dos siglos afirmar los derechos propios de los proletarios internacionalmente.