Contra el discurso antiinmigración en el Reino Unido

Artículo publicado el 3 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 3 de Marzo de 2015

A medida que se acercan las elecciones generales de mayo en Reino Unido, Londres se llena de carteles y vallas publicitarias para combatir el discurso antiinmigración del que está impregnado el debate político en todo el país. Los inmigrantes representan una parte importante de la población. ¿Conseguirá esta campaña mejorar la percepción que los británicos tienen de ellos?

En noviembre de 2014, de visita a una fábrica del centro de Inglaterra, el primer ministro británico, David Cameron, se comprometió a acabar, en caso de ser reelegido, con la llegada de inmigrantes europeos que se establecen en  Reino Unido para beneficiarse de sus políticas sociales, como el alojamiento social o las prestaciones por cada hijo. Esta promesa se fundamentaba en la sentencia que un mes antes dictó el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, según la cual los gobiernos nacionales pueden denegar prestaciones sociales a los ciudadanos procedentes de otro Estado europeo que se hayan mudado a su país con el único fin de percibirlas.

Desde el comienzo de la crisis financiera en Europa, Reino Unido se ha convertido en un destino atrayente para desempleados del resto de países europeos, especialmente del sur y del este, que buscan un puesto de trabajo huyendo del estancamiento económico de la Eurozona.

En esta situación, según un estudio reciente, la percepción de los británicos sobre los inmigrantes se aleja de la realidad, ya que tienden a rechazarlos al creer que abusan de la asistencia que reciben del gobierno y de los servicios sociales. Esta visión, favorecida por un sentido distorsionado de la justicia y de los derechos de la población autóctona, alimenta la creencia de que los inmigrantes gozan efectivamente de prioridad sobre los británicos de nacimiento.

Desde sus inicios, los partidos antiinmigración, como el Partido Nacional Británico (BNP) y el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), se han valido del enfado de muchos británicos para avivar un discurso intensamente racista y xenófobo.

El objetivo de este racismo es cultivar el resentimiento, haciendo creer que los inmigrantes se apropian de bienes de la población nativa, ya sean puestos de trabajo, prestaciones sociales o, incluso, apoyo social, provocando la sensación de que “gente indigna” viene a “invadirnos” y a “vivir a nuestra costa”. Según diversos estudios, los más propensos a este resentimiento nacionalista son las clases medias y obreras que llevan arrastrando decenios de declive económico.

Mientras que el BNP pierde apoyos (pasó de obtener el 4,95 % de los votos y dos eurodiputados en 2009 a perderlos y cosechar solamente el 1,09% de los sufragios en 2014), el UKIP ganó las últimas elecciones europeas con 4,3 millones de votos; sigue en racha alcista y descuella de cara a las elecciones generales de mayo.

El ascenso del UKIP, para el que abandonar la Unión Europea supone la única manera de detener la llegada de inmigrantes europeos y los “inconvenientes” que estos ocasionan, ha empujado a los dos partidos mayoritarios del Reino Unido -el Laborista y el Conservador- a deslizar hacia la derecha su posición sobre la Unión Europea y la inmigración.

El eurobarómetro de noviembre de 2014 revela que la mayoría de los británicos tiene una opinión negativa tanto de la inmigración procedente de países de la Unión Europea (52%) como de la originaria de países extracomunitarios (57%).

Hay que señalar, no obstante, que aunque aproximadamente el 75 % de la población británica se muestra a favor de reducir la inmigración, las encuestas señalan también que la mayor parte de los que manifiestan una opinión negativa sobre este fenómeno no ha tenido nunca una experiencia negativa con ella. Es más, en zonas con mayor concentración de inmigrantes, el rechazo a la inmigración tiende a ser menor, lo cual parece indicar que la convivencia con inmigrantes juega a favor de la opinión que se tiene sobre ellos.

Los inmigrantes componen una parte nada despreciable de la población británica. Según datos de 2013, los nacionalizados forman el 12,5% del censo total (13,5% si se cuentan los indocumentados) y los demás extranjeros, el 7,9%, aunque a los británicos estos últimos les parecen mucho más numerosos. En Londres, también en 2013, los extranjeros nacionalizados representaron hasta el 37 % de la población, constituyendo la mayor proporción de todas las regiones con cifras comparables.

Con todos estos datos, no sorprende que la inmigración encabece la lista de temas de los debates políticos y suponga una cuestión ineludible en la carrera para las elecciones de mayo.

Para Stephen Tall, editor de Liberal Democrat Voice, un sitio web independiente de simpatizantes del Partido Liberal-Demócrata, “la inmigración ha contribuido al crecimiento económico de Londres y, probablemente, a ella se deba en parte la enorme mejora que han experimentado los centros educativos londinenses en los últimos diez años, convirtiendo Londres en una de las capitales con más éxito en el terreno educativo del mundo, en lo cual tiene mucho que ver el afán de los inmigrantes que se han establecido allí”.

Esta visión sobre la inmigración es justo la que quiere promover el Movimiento Contra la Xenofobia. Esta organización está recaudando fondos para poner en marcha una campaña que demuestre que los inmigrantes “no solo contribuyen al tejido social británico, sino que pertenecen a él y constituyen una parte fundamental de un Reino Unido multicultural”.

La organización tiene previsto colocar, antes de las elecciones, cientos de carteles con fotografías de inmigrantes reales de diversas profesiones en estaciones de metro y de tren de todo el Reino Unido para “celebrar” la huella que la inmigración ha dejado en el día a día del país. Su objetivo, “suscitar un debate abierto e incluyente sobre la política de inmigración basadas en la igualdad y los derechos humanos”.

En las declaraciones que Cameron realizó en noviembre de 2014, no olvidó ensalzar la aportación de los inmigrantes, afirmando que Reino Unido es lo que es por los inmigrantes, no a pesar de ellos. En el mantenimiento de esta receptividad y multiculturalidad, también los inmigrantes tienen voz, como parte que son de la sociedad a la que contribuyen y en la que viven y trabajan.