Conversaciones con mi abuela: una juventud sin error 404

Artículo publicado el 25 de Febrero de 2015
Artículo publicado el 25 de Febrero de 2015

Creo que tengo una indigestión digital. Tengo 24 años y mi día a día se parece cada vez más al circuito de un chip gigante. Abuelita, abuelita, ¿cómo era ser joven cuándo todos estos aparatos endiablados no existían?

Con mi edad, mi abuela Viviane era estudiante de Medicina en Marsella. Prometida desde hacía 4 años con mi difunto abuelo, ya era madre de su primer hijo, mi tío, que entonces tenía un año. Los tres vivían en un gran apartamento con sus padres, su tío y su tía. Es el mismo apartamento en el que sigue viviendo todavía hoy, 60 años más tarde.

Cafébabel: Yaya, ¿qué recuerdos conservas de tu juventud ?

Viviane A.: Fabulosos. Muy buenos recuerdos. Me llevaba bien con mis padres, no es que nos sobrara el dinero, más bien al contrario, pero me sentía a gusto en casa. No había problemas, no fui una adolescente atormentada.

Cafébabel: ¿Qué solías hacer en tu tiempo libre, el fin de semana, después de clase ?

Viviane A.: Lo primero pasear, salía mucho. Iba a mirar las tiendas, como todas las chicas de mi edad. Iba a la Corniche -bulevar marsellés a orillas del Mediterráneo- a bañarme. Salía con mis amigas, quedábamos, charlábamos. Pero vamos, una vida que se hace todavía hoy creo yo. Además de eso, leía muchas novelas y obras clásicas; iba a buscar por lo menos cinco libros por semana. También pasábamos mucho tiempo en familia.

Cafébabel: ¿Qué tipo de actividades hacíais en familia?

Viviane A.: Hablábamos mucho entre nosotros. Puede que más que ahora. Nos contábamos qué habíamos hecho, a quién habíamos visto, los amigos con los que nos habíamos cruzado, las clases que habíamos tenido. A veces había cosas que no entendía bien, así que le pedía a mi padre que me explicara que también era médico. Y luego, también teníamos muchos deberes para la universidad. Cuando había tiempo y a todo el mundo le apetecía, jugábamos. Jugábamos al dominó, a las cartas. También tejíamos, se cosía. La costura, eso ha desaparecido completamente. Ahora, si lo puedo decir, se compra "todo ya hecho"  y se tira "todo ya hecho". Mientras que antes, íbamos a comprar un patrón y se buscaba la tela. Yo sabía coser, rematar a máquina. Bordar no me gustaba tanto pero ¡tejer sí! El punto está bien porque se puede charlar al mismo tiempo. Con mi madre o incluso con mi padre si estaba por ahí, él hacía sus crucigramas, y yo tejiendo, y conversábamos. También escuchábamos mucho la radio. Escuchábamos algunos programas  pero sobre todo música. De hecho, yo tocaba el piano de joven, eso era también parte de mis actividades aunque al final no hice mucha música.

Cafébabel: ¿Y cómo hacías para quedar con tus amigos sin correo electrónico, sin teléfono ?

Viviane A.: nos veíamos en la facultad. Quedábamos y recorríamos la Canebière -la calle grande central que da al Puerto Viejo de Marsella- de arriba abajo, de abajo arriba. Recuerdo una de las primeras veces que tu abuelo vino a verme. Había salido y el había preguntado a mi padre dónde podía estar yo, para encontrarme. Y entonces papá le respondió, “ah, eso no es difícil, vaya usted a la Canebière y seguro que la encuentra en algún lado”. Algo que hoy ya no se hace en absoluto.

Cafébabel: Hoy en día, tú misma utilizas el móvil, el ordenador, la televisión. ¿Qué te parecen todas esas novedades ?

Viviane A.: Es muy interesante. A mi me gusta. Mientras que no lo conoces, pues no te prendas de ello. Ahora que las uso, sobre todo con mi edad, creo que es bastante agradable y muy cómodo. De hecho a tu edad e incluso más tarde, no teníamos televisión. Íbamos a verla a casa de una prima los jueves.

Cafébabel: ¿Qué piensas de esos jóvenes que tienen el teléfono móvil todo el día en la mano y los auriculares en las orejas ?

Viviane A.: Creo que es demasiado. Conozo algunos de abuelos que se quejan de que sus nietos pasan buena parte de la noche frente al ordenador. Están obligados de levantarse en plena noche para apagar el ordenador de sus nietos porque se han quedado dormidos encima. Es como con la tele, hay que limitarlo. Obviamente se debería leer mucho más, eso sí que es una pena. Dicho esto, tampoco es que en mis tiempos leyéramos novelas extraordinarias. Estaban también los clásicos, buenas novelas y bonitos libros. Pero había muchos libros, y cuando ahora los vuelvo a ver, me digo: "bueno…lo que se ve en la tele, ¡tampoco es mucho peor!".

Cafébabel  Si pudieras elegir, ¿en qué época te gustaría haber crecido ?

Viviane A.: Yo estoy muy contenta con mi época y con todo lo que he visto. Es cierto que me gustaría ser más joven para ver aún lo que va a pasar después pero eso es todo. Y eso que fui una niña que vivió la guerra. Pero yo estaba bien en mi casa, bien rodeada de una familia unida y bastante feliz. Puede que, al final, eso sea lo más importante.