Cooperativas de consumo: ¡Bio para todos!

Artículo publicado el 7 de Septiembre de 2009
Artículo publicado el 7 de Septiembre de 2009
Quien crea que los alimentos ecológicos solo se dirigen a amas de casa sibaritas y a ricos gurmés, se equivoca. Lo demuestran los muy activos grupos de consumo, presentes en toda Europa. Gracias a sus iniciativas, los productos ecológicos y de comercio justo son asequibles incluso para los estudiantes becarios de presupuestos ajustados

¿Qué tal hoy una lasaña de verdura? De postre, ¿un sorbete de melocotón con mermelada de arándanos? ¿Y qué tal si todo estuviera elaborado con productos regionales de producción ecológica? Ante esta perspectiva, se les hace la boca agua incluso a los incondicionales de la comida precocinada. El convencido del bio-gurmé no tiene ya que pasar por el supermercado, ¡puede unirse a un grupo de consumo!

Las cooperativas de consumo o los grupos de consumo se guían por un principio sencillo: la asociación de consumidores concentra el poder de compra y hace aumentar la demanda. Los grupos de autoconsumo pueden reducir en gran medida el precio de los alimentos ecológicos que adquieren, por lo que los productores y proveedores de alimentos como Bioland o Rapunzel se están preparando para una bajada de precios. Los miembros del grupo con esta iniciativa comunitaria no solo ahorran dinero, sino que encuentran una alternativa a la compra individual en un supermercado.

El sueño de alimentos ecológicos al alcance de todos los bolsillos

Los pioneros del movimiento de cooperativismo alimentario comenzaron en los años 70 con el sueño de hacer posible el acceso a todo el mundo de alimentos ecológicos. La idea se extendió rápidamente en toda Europa, si bien mientras en Alemania e Inglaterra se creaban continuamente nuevas cooperativas, en Francia todavía no constituyen una alternativa a la oferta de las cadenas de supermercados. Ocurre cada vez con mayor frecuencia que los consumidores en zonas rurales compran directamente a los productores. La idea que subyace es, sin embargo, la misma: los alimentos ecológicos son mejores para el hombre y para la naturaleza y más baratos si se obtienen directamente desde el productor.

El credo de los grupos de consumo es revolucionario aun en tiempos de la locura bio, cuyos pregoneros venden con el sello ecológico en Europa incluso kiwis de Sudáfrica: la producción de alimentos tiene que preservar los recursos naturales y proteger el medio ambiente. Lo que llega al plato de los socios de cooperativas debería haber sido producido según criterios ecológicos y estar libre de tóxicos. El grupo de trabajo alemán de cooperativas de consumo (Bundes A G), no obstante, pretende generalizar el acceso a los productos libres de pesticidas más allá de las estanterias de las asociaciones de consumidores, por lo que intenta cambiar los hábitos de consumo del ciudadano medio. Importantes premisas de partida como la reducción de los envoltorios, la minimización de las distancias que han de recorrer los productos y la preferencia por productos regionales y de temporadas se sitúan en lo más alto de la lista. ¡Se puede vivir sin duda alguna sin naranjas importadas de España o piñas de Brasil!

El autoabastecimiento de alimentos reduce la sobreproducción

El portavoz de prensa de la agencia nacional de empleo, Tom Albrecht, tiene la impresión que los grupos de consumo frecuentemente reúnen a “gente con más tiempo que dinero”. Las personas con mayor poder adquisitivo que se interesan por los alimentos ecológicos prefieren mayoritariamente hacer sus compras en tiendas especializadas. “Los grupos de consumo son la variante más ecológica”, asegura Albrecht, pues son las que satisfacen más plenamente las demandas de sus socios. Cuanto más productores locales se encarguen de la provisión de alimentos, menor será la incidencia del transporte: el agricultor o mayorista que trabaje con un grupo de consumo descarga los pedidos de los socios en un lugar central que es fácilmente accesible para todos. Las tiendas especializadas, por el contrario, tienen que obtener beneficios y pueden verse forzadas a ofrecer en granel solo productos que se compran muy ocasionalmente.

Una idea del 68 que da frutos inesperados

La organización de grupos de consumo recuerda un poco a los viejos y buenos años 70: las cooperativas se basan en el trabajo voluntario de sus miembros. Daniela, estudiante de Etnología de Münster, lleva a cabo su parte del compromiso con el colectivo permitiendo que se reciba en su casa el pedido. Los productos encargados se distribuyen entre los miembros que van pasando a recogerlos. Los grupos de consumo en Münster han desarrollado incluso un sistema de pedido por Internet. Desde su página web uno puede no solo llenar la cesta de la compra sino también hacer el pago. Cuando cada miembro del grupo ha transferido una cantidad inicial, ya se puede pedir a discreción. Los costes se cargan a las cuentas individuales –no se controla el total. El sistema de grupos de consumo se construye sobre la mutua confianza de los miembros y quien quiere adherirse a un grupo no tiene que presentarse personalmente a los demás miembros, sino solo acudir a las reuniones tanto como le sea posible.

Quien muestre interés real y haga creíble su convencimiento ecologista puede disfrutar cada semana de verdura fresca de explotaciones cercanas e incluso pan ecológico. En la cesta de la compra del mes de septiembre se incluye col, setas, hinojos junto con moras y rosquillas ecológicas. Las piñas van a faltar, pero en vista de la rica oferta regional, seguro que no se les echa en falta.