Corea del Norte: ¿mucho ruido y pocas nueces?

Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2006

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Dos meses después del ensayo nuclear norcoreano, las conversaciones del grupo de los seis retoman bajo la presión de China. ¿Hay algo que negociar?

“¿Piensan ustedes que hemos llevado a la práctica un ensayo nuclear para tirar la toalla ahora?”. La pregunta la lanza Kang Sok-ju, portavoz del ministrp de asuntos exteriores de Corea del Norte. Aunque el grupo de los seis -Rusia, Estados Unidos, Japón, China y las dos Coreas- acaban de sentarse de nuevo en torno a la mesa de negociaciones bajo el auspicio de Pekín, el pulso nuclear no está ganado de antemano. Una mesa de la que la UE está completamente ausente.

Retorno a los hechos. Entre 2003 y 2006, hablar de negociaciones con Corea de Norte significaba intentar disuadirla de proseguir con el desarrollo de su programa nuclear, orientado sin ambages hacia una vertiente militar. Durante mucho tiempo, las grandes potencias mundiales han alternado el palo y la zanahoria. Entretanto, China, otra de las participantes en las negociaciones a seis bandas, ha tratado de mantenerse en equilibrio entre su papel de aliado natural de su hermano comunista y el de nueva potencia mundial responsable.

En septiembre de 2005, sorpresa: Washington decide congelar de forma unilateral los activos norcoreanos colocados en bancos extranjeros. Una sanción injusta según Pyongyang, quien condiciona desde entonces la continuación de las conversaciones multilaterales a la eliminación de estas sanciones.

No es sino hasta este otoño de 2006 cuando el último régimen estalinista del planeta logra su objetivo de entrar en el selecto club de las potencias nucleares. El 9 de octubre, su líder, Kim Jong-il, desafió a la comunidad internacional procediendo a una serie de ensayos nucleares. El ministerio norcoreano de asuntos exteriores declaró entonces: “La amenaza extrema de los Estados Unidos de desencadenar una guerra nuclear, las sanciones y las presiones nos compelen a proceder a realizar un ensayo nuclear, un proceso esencial para reforzar nuestro poder disuasorio nuclear, como contramedida de defensa”.

Sanciones superfluas

¿Qué hacer ahora? La pregunta abrasa en los labios de todas las diplomacias implicadas. Aunque la opción de una intervención armada sigue siendo una posibilidad real, ¿cómo atacar a un país que ya posee el arma atómica? El riesgo se percibe como demasiado grande. El misil Taepodong II, con un alcance de 6.700 kilómetros, permitiría a Corea del Norte tocar Alaska. Otros expertos afirman que existe otra versión de este misil capaz de alcanzar un objetivo a 15.000 kilómetros de distancia, poniendo en peligro al conjunto del territorio americano.

En cuanto a la confrontación militar, no existe país con medios suficientes para atacar a un ejército con más de un millón de soldados, si no son los EE UU, que por ahora andan atascados en Irak.

El conjunto de la comunidad internacional se ha apresurado en condenar los ensayos nucleares norcoreanos, votando la Resolución 1718 de la ONU, surtida con escasas sanciones: un embargo sobre todos los productos y tecnologías militares que pudieran convenir al régimen de Pyongyang y sobre los productos de lujo. Una de las nuevas estrategias tiene por objetivo privar al dictador Kim Jong-Il y a las 600 familias que componen su corte cuasi-feodal de sus juguetes favoritos: coches alemanes, alcoholes franceses, productos japoneses o estadounidenses de alta tecnología, por ejemplo. Las sanciones persiguen también la congelación de más haberes norcoreanos en bancos extranjeros, así como suspensión de la ayuda tecnológica al país.

Encontrar un punto intermedio

En este panorama, la Unión Europea podría jugar un papel relevante. Aunque apoye la resolución de la ONU contra Corea del Norte, la UE ha manifestado su deseo de seguir con su programa de ayuda humanitaria evaluado en 8 millones de euros para 2007. Las ONG europeas están presentes en aquel país desde los años noventa y la regla principal es la de no castigar a un pueblo ya de por sí oprimido desde hace décadas por su gobierno.

Un alto funcionario del ministerio de asuntos exteriores norcoreano declaraba al diario francés Le Monde: “Deseamos que la UE prosiga con su política de estabilización de la península, y estamos dispuestos a responder a sus preocupaciones suministrando toda clase de garantías para la no proliferación atómica”. De lo que se trata, sobre todo, es de encontrar un punto intermedio entre los norteamericanos y los japoneses, algo intransigentes, y los norcoreanos, enfoscados en su imaginario guerrero y antiimperialista.

Y es que otro de los temores del Grupo de los seis es que Pyongyang transfiera o venda secretos nucleares a países como Irán, por ejemplo, o a grupos terroristas. Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía Atómica considera que las sanciones tomadas contra este hermético país son insuficientes. Sin Europa en la mesa de los 6, de todos modos, va a ser dificir influir.