¿Corre peligro la diversidad lingüística europea?

Artículo publicado el 21 de Abril de 2015
Artículo publicado el 21 de Abril de 2015

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A Jean Quatremer le indigna la lenta desaparición de la lengua de Molière en beneficio de la de Shakespeare en el seno de las instituciones europeas. En un momento en el que el inglés reafirma su supremacía, ¿hay que ver en ello una amenaza contra la diversidad lingüística europea? 

El origen del enfado de Jean Quatremer es una carta escrita en inglés que el ministro francés de Finanzas, Michel Sapin, habría enviado al comisario europeo encargado de los asuntos económicos y monetarios, Pierre Moscovici, francés como él.

Lo que entristece al periodista de Libération, y que recoge en su artículo «El monolingüismo anglófono: una mala acción contra Europa», es por un lado la dominación del inglés considerada casi «natural», y por otro la casi desaparición del francés, una de las tres lenguas de trabajo de las instituciones europeas junto con el inglés y el alemán.

Lo que podemos decir, en primer lugar, es que la constatación expresada por Quatremer es difícilmente discutible a la luz de los hechos. El lugar del francés en las instituciones europeas ha ido retrocediendo considerablemente desde hace veinte años y, más concretamente, a raíz de la ampliación de 1995 con la entrada de AustriaFinlandia y Suecia. En esa misma fecha, Jacques Delors suprimía una Comisión tradicionalmente francófona.

Todo se acelera en el año 2004 con la entrada de países de Europa Central y del Este, pasándose así de 15 25 Estados miembros y, sobre todo, pasándose de 1124 lenguas oficiales. Un quebradero de cabeza para la Unión Europea que se resuelve dando una importancia excepcional al inglés, la lengua extranjera de referencia para los recién llegados.

«La complicidad activa de las autoridades alemanas»

Sin embargo, Quatremer no se contenta simplemente con dejar constancia por escrito del hecho. Incluso va más allá y denuncia «la complicidad activa de las autoridades alemanas, que consideran que la lengua de Molière tiene que correr la misma suerte que la de Goethe, marginada desde hace mucho tiempo». Una batalla a tres bandas en la que Shakespeare resultaría vencedor por KO.  

Una mala acción contra Europa que conduciría siempre, según él, al empobrecimiento de la calidad de los textos del ejecutivo europeo, debido a que los altos funcionarios europeos se verían obligados a comunicarse en inglés antes que en su lengua materna. Los que solo dominan parcialmente el inglés quedan así automáticamente excluidos de la «burbuja europea».

No es la primera vez que Quatremer denuncia la «anglicanización a marchas forzadas» en el seno de la Unión Europea. El periodista de Libération ya había intentado boicotear una conferencia de prensa que tuvo lugar en Dublín en 2013, con el pretexto de que se iba a desarrollar exclusivamente en inglés. Un hecho intolerable para Quatremer, que se negó  a ir a Irlanda  como signo de protesta.

Una «chance» para Europa según G.Harding, director de Clear Europe

Aunque a algunos les preocupa esta supremacía anglosajona, otros ven en ella una verdadera suerte para la UE. Es el caso del periodista galo Gareth Harding, que ha respondido a Quatremer con otro artículo, titulado «La Unión Europea: 28 países, una lengua común», publicado en el EU Observer. «Por primera vez, desde la caída del Imperio Romano, el continente europeo tiene ahora una lengua común que el conjunto de su población puede utilizar para comunicarse», ha declarado al respecto el director y fundador de Clear Europe. 

Este último aprovechó la ocasión para dejar caer sutilmente el «chovinismo» del que Quatremer hace gala, según él, en su artículo: «Sería posible imaginarse a los miembros de la Academia Francesa atragantarse con su cruasán al leer ese artículo. El problema es que añorar una Europa en la que predomine el francés, como ocurría hace 25 años, es casi tan útil  como afirmar que el Muro de Berlín no ha caído».

El tema lingüístico: un asunto delicado

Desde su creación, la Unión Europea ha dedicado mucho esfuerzo a la coexistencia en armonía de las lenguas, algo de lo que da prueba su eslogan «Unida en la diversidad». Pero la difusión y la dominación del inglés como lengua predominante dentro de las instituciones europeas ha alcanzado unas dimensiones nunca vistas anteriormente.

Si bien el Parlamento es la institución que respeta plenamente la igualdad de las lenguas, la Comisión por su parte solo funciona con las tres lenguas de trabajo y, en el Consejo, la ampliación vino acompañada de un nuevo régimen de interpretación. Con excepción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, donde la lengua de referencia todavía es el francés, la ausencia de una normativa lingüística homogénea en los demás organismos europeos se traduce en una dominación aplastante del inglés.

El tema de las lenguas es un asunto delicado que ha provocado largas negociaciones durante la ampliación de la Unión Europea hacia el Este. ¿Es, por tanto, una «mala acción contra Europa» como sostiene Quatremer en su artículo? ¿Puede ser el monolingüismo anglófono una solución para una Europa más unida? Juzgar vosotros mismos.