Corrupción al poder

Artículo publicado el 5 de Febrero de 2004
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Artículo publicado el 5 de Febrero de 2004

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Quien ostenta el poder, tiene derecho al autoservicio –en cualquier caso parece que es así como piensa una parte de la élite política en Europa.

Alain Juppé, el ex primer ministro francés y príncipe heredero del presidente Chirac ha sido condenado a 18 meses de prisión con la ejecución de la pena en suspenso y a 10 años de inhabilitación especial para ser elegido por "toma ilegal de intereses". La élite política francesa lanza un grito: "la sentencia es despropocionada, hipócrita y cínica", afirma Eric Raoult, vicepresidente en funciones de la Asamblea Nacional. Jacques Chirac cuestiona la imparcialidad del tribunal y elogia las "ventajas excepcionales" de Juppé, sobre todo su "honestidad". Incluso el diario liberal de izquierdas "Le Monde" encuentra la sentencia "injusta".

La obstinación

Echemos, sin embargo, un vistazo a los hechos que estén mejor documentados y que hacen inevitable una sentencia: de 1990 a 1995 Juppé era adjunto de Finanzas en el ayuntamiento de París, al mismo tiempo era secretario general de su partido, el RPR (1). En aquella época se remuneraron con dinero de las arcas del estado a siete empleados del partido, por ejemplo a la secretaria personal de Chirac en el RPR, en aquel entonces alcalde parisino y presidente del partido. El perjuicio provocado a la ciudad de París y con ello a los contribuyentes asciende a al menos 1,2 millones de euros. Chirac está protegido por su inmunidad penal como presidente ante cualquier prosecución penal. Juppé se muestra obstinado y quiere interponer un recurso de apelación –y hasta ahí seguir a lo suyo como si no hubiese pasado nada.

La corrupción y el fraude parecen ser para algunos gobernantes peccata minuta. Silvio Berlusconi se ha hecho a sí mismo una ley de inmunidad a su medida para escapar de la prosecución penal por soborno. La ley fue derogada hace poco por el tribunal constitucional italiano -ésta infringe el principio de igualdad de todos ciudadanos ante la ley. En Alemania el antiguo Ministro de Interior Manfred Kanther tiene que justificarse ante el tribunal por desfalco. En los años 80 pasó a las arcas de la Unión Demócrata

Cristiana (CDU) más de 10 millones de euros en dinero negro, camuflados como "legado judío". Como Berlusconi Kanther reprochó a los jueces una cierta motivación política y se declaró inocente. Uno se pregunta entonces por qué huye de un procesamiento judicial.

Transparencia en lugar de nepotismo

La corrupción crece y prospera en secreto, en redes opacas y poco democráticas, que escapan a la luz pública. La Unión Europea con sus vías de decisión tan a menudo impenetrables se ofrece precisamente a la corrupción y el fraude. Tras el escándalo de Eurostat proseguirá a partir de ahora las diligencias contra la autoridad agrícola. Dos tercios de los ciudadanos de la UE opinan que la corrupción en la administración de la UE no constituye un acontecimiento fuera de lo normal. En lugar de reclamar "good governance" en los países en vías de desarrollo, los estados de la UE deberían en primer lugar resolver sus propios problemas. Acuerdos internacionales como la convención de la OCDE (2) para la lucha contra la corrupción tienen que ser trasplantados sin reservas. Para devolver la confianza en la política se necesitan estructuras transparentes y democráticas, que proporcionen al pueblo el control sobre los gobernantes, medios que investiguen y una justicia fructífera, que castigue con la misma dureza tanto los "white collar crimes"(3) como el simple robo. Los jueces franceses dieron un valiente paso en la dirección correcta.

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(1) RPR: Rassemblement pour la République, antiguo UMP, actual partido de Chirac y Juppé

(2) OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos

(3)N. del T.: Término en inglés para el delito de cuello blanco o económico