Cortinas de petróleo: la cruda realidad de Bakú

Artículo publicado el 21 de Junio de 2012
Artículo publicado el 21 de Junio de 2012
El leviatán de relaciones públicas que el gobierno de Azerbaiyán inició con los preparativos del Festival de Eurovisión 2012 no debería silenciar las voces de la mayoría de azeríes. Puesto que la cobertura mediática de dicho certamen no parece peligrar, dejamos el asunto a los expertos en la materia y nos disponemos a conocer a los protagonistas olvidados de Bakú.
Primera parte: patrocinadores de petróleo.

Azerbaiyán, el país anfitrión del Festival de Eurovisión de 2012, ya tenía una ruta preparada para la prensa. De hecho, las autoridades del país no querían que nadie se desviase del camino de ladrillo amarillo que tanto se habían esmerado en pavimentar. A pesar de ser uno de los principales exportadores de petróleo –un millón de barriles diarios–, Azerbaiyán suele lograr escaparse de la atención mediática. Comprendido entre Rusia e Irán, y prácticamente colgando de un extremo de Europa, nunca ha sido considerado un destino turístico tradicional. Étnicamente turco con deje persa, Azerbaiyán fue ocupado por los soviéticos y actualmente se ha convertido en el punto de mira de las multinacionales. No cabe duda de que este estado a orillas del Caspio ha sido moldeado por una multitud de contrastes.

Érase una vez el petróleo…

Sin lugar a dudas, el petróleo ha catalizado el crecimiento de Bakú. Todo empezó en Balakhani, una población de 11.000 habitantes a las afueras de la capital que es considerada como uno de los primeros lugares donde el petróleo comenzó a manar. Pese a que los yacimientos se descubrieron hace cientos de años, Balakhani parece haberse quedado estancada en el tiempo. Al salir de la estación de metro, enlazamos con una serie de marshrutkas, a cuál más destartalada, que se zarandean lentamente al dejar la autopista. Atravesamos asentamientos cuyos tejados de estaño están completamente oxidados y el estado de los caminos es tan pésimo que, a nuestro paso, se levantan grandes polvaredas. Al girar una esquina, por fin los vemos. Irguiéndose en la distancia como una selva negra, centenares de bombas de petróleo, cuyo movimiento se asemeja al de un asno afirmando con la cabeza, absorben los dólares restantes de una tierra abrasada: aquí es donde la gente vive a la sombra de la considerable riqueza de Azerbaiyán. Tan cerca y a la vez tan lejos.

“Quienes tienen tierras donde se descubre petróleo se vuelven ricos”. Zaka, un zapatero local, enseña su sonrisa medio hecha de oro. “Aun así, aquí se vende primero a los extranjeros mientras que los demás vivimos en la mugre”. En la casa de un vecino, nos reciben con un té y una delicada bandeja repleta de dulces. Un bebé de cuatro meses duerme en la esquina mientras Zaka y sus amigos fuman indiferentemente: juegan al nard (una especie de chaquete, toda una obsesión nacional) mientras me cuentan lo que piensan acerca del Bakú contemporáneo: “La gente como nosotros ahora no tiene acceso al centro de la ciudad debido a Eurovisión. Solo quieren que los extranjeros vean a la gente bien vestida y que presume de tener dinero”. Los últimos rumores aseguran que varios aldeanos han sido forzados a subir en autobuses para ser devueltos a sus casas en los confines de Bakú.

Una tierra próspera

Los tanques que transportan agua circulan repitiendo el mismo ruido atronador cada cinco minutos: el abastecimiento externo es esencial debido a la total contaminación de la tierra. El consumo mensual de agua es de alrededor 15 euros; por su parte, una pensión media gana tan solo unos cincuenta y cinco. Zaka y sus amigos son considerados desplazados internos, es decir, quienes huyeron de sus hogares en 1993 a raíz de la guerra con Armenia por el dominio del Alto Karabaj. Son de Ağdam, antiguamente hogar de 150.000 personas convertido en la actualidad en una ciudad fantasmagórica donde los escombros y la maleza campan a sus anchas. Durante el colapso de la Unión Soviética en 1988, lo que comenzó como una pequeña refriega en la región terminó propagándose en forma de un extenso conflicto en el que violaciones, pogromos y masacres tuvieron lugar en ambos bandos. Finalizada la contienda, Azerbaiyán había perdido el 10% de su territorio tras tener que abandonar la República de Najicheván, que pasaría a considerarse “territorio ocupado armenio”. Casi un millón de azeríes fueron desplazados y su difícil situación continúa siendo aún un tema recurrente en los discursos públicos.

“Antes de la guerra, Ağdam era un lugar vibrante y lleno de color donde cultivábamos frutas y verduras, y criábamos pollos”, dice Mehman. “Si ahora tuviésemos animales aquí, morirían. Todos los días el gobierno habla de Armenia y de la guerra. Todos luchamos por nuestro país pero no nos dan nada a cambio. Espero volver a casa. No me siento a gusto aquí". El lamento de Mehman queda interrumpido por un coche de color negro que se acerca. Algunos de los amigos de Zaka se aproximan para ver qué ocurre. Mientras hablan, a través de las gafas de sol, los ocupantes observan desde el interior del vehículo: escudriñan por todas partes hasta que se percatan de nosotros, los extranjeros. Los amigos de Zaka vuelven: “No sabemos realmente lo que querían. Dijeron que estaban buscando a un amigo pero nunca les habíamos visto antes”.

Estado de vigilancia

Hay muchas razones por las que tener cuidado con los servicios de seguridad. En abril, el periodista Idrak Abbasov fue brutalmente golpeado hasta quedar en coma por los guardias contratados por SOCAR, la compañía petrolera estatal. Fue descubierto mientras grababa la demolición de viviendas en el barrio. Pese a ello, tras dirigirnos hacia los yacimientos, deambulamos entre surtidores de petróleo cuyo movimiento oscilante resulta ser pura hipnosis. Algunas casas están situadas justo al lado de esta maquinaria. Vivir allí no ofrece seguridad alguna, ya que pueden ser revendidas y destruidas en cualquier momento. Subiendo una colina, flanqueada por asentamientos precarios donde residen más refugiados procedentes de Karabaj, se observa un lago al otro lado de un viejo cementerio cuyas tumbas de piedra contienen la cara en escayola de los fallecidos. Cuando llegamos a la laguna, avistamos que, a la vez que esta se extiende hacia el horizonte, diminutas chabolas dibujan una línea de puntos. En la costa, una especie de ciénaga ennegrecida por el petróleo se encuentra repleta de bolsas de plástico, zapatos de niño y aves prácticamente fosilizadas.

Al día siguiente, en el Crystal Hall, abro el lote de Eurovisión que han entregado a la prensa. Entre los llamativos folletos promocionales y discos que anuncian diversos actos eurovisivos, hay una pequeña caja cubierta de terciopelo. La abro y retiro una especie de cristal de plástico: justo en el centro hay una pequeña gota de crudo puro. Cortesía de SOCAR, uno de los patrocinadores oficiales de Eurovisión.

Fotos: portada, la Isla Pirallahi, conocida por sus yacimientos de petróleo, al noreste de Bakú (cc) Marco Fieber/Flickr/marco-fieber.com; texto: © Andrew Connelly; vídeo (cc) Obyektivtv/YouTube.