Créditos basura: el BCE indeciso

Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2007
Ante la crisis de los créditos basura de EE UU, Trichet decide no mover ficha hasta que no compruebe el efecto en los mercados financieros. Zapatero considera que España no corre riesgos.

94.800 millones de euros. Es el 5% del PIB de Francia, 2.500 millones de veces el salario medio anual en el Reino Unido. Es también la cantidad más grande de dinero que ha inyectado nunca el Banco Central Europeo en el sistema financiero europeo para remediar la actual crisis económica provocada por el abuso de los créditos basura subprime en los Estados Unidos.

Una historia americana

¿Qué es la crisis conocida como “del mercado de las hipotecas”? Todo comenzó hace una década en Estados Unidos. El mercado estaba fuerte, los consumidores también. Numerosos americanos decidieron convertirse en propietarios. Les hacía falta dinero, y mucho. Según un estudio del Centro Político del Alojamiento de los EE UU, publicado en 2005, el salario mínimo anual necesario para comprar una vivienda en la época se elevaba a 71.000 dólares cuando el salario medio en el país era de 35.000 dólares.

Para responder a las expectativas inmobiliarias de los consumidores, florecieron a lo largo de todo el país generosas y poco escrupulosas sociedades de crédito inmobiliario. Miles. El préstamo era arriesgado y la población era pobre. Algunas tipos de préstamo llegaban hasta el 18% de interés. El precio de las viviendas no para de subir, mientras que los tipos de interés no bajaban. Los bancos no escatimaban a la hora de invertir en este lucrativo mercado. A cambio, transformaban los intereses de los préstamos en liquidez y esta liquidez se colocaba en el mercado de inversiones a corto plzo con demasiada precipitación.

Sin embargo, a partir de 2004, el Banco Central Americano (FED) aumentó sus tipos de interés de un 1%, hasta alcanzar el 5,25% en 2006. Los préstamos para comprar una vivienda se vuelven, a menudo, muy difíciles de liquidar. Los precios de las viviendas comienzan a bajar, mientras sus propietarios se quedan sin medios para pagar sus préstamos, como no sea vendiendo la casa, y no siempre cuadran las cuentas. Uno de cada tres millones de personas corre el riesgo de quedarse en la calle.

Enloquecimiento general

Esta catástrofe social aumenta el riesgo de una crisis bursátil para todas las sociedades de crédito inmobiliario. Grandes organizaciones prestamistas como American Home Mortgage están en quiebra. Despidos. Cese en las actividades. Crisis de bancos y nerviosismo en los mercados, que comienzan a estar aterrorizados. El dinero se evapora, los actores se convencen de que miles de préstamos nunca serán reembolsados. La crisis no se limita a los pobres o a los excluidos, sino que se propaga al conjunto de las economías de todos los sectores.

Es entonces cuando los Bancos Centrales, entre ellos el Banco Central Europeo, deciden coordinar su trabajo para tranquilizar a los mercados y reestablecer la serenidad. Este trabajo en común a escala mundial es una primicia y constituye para el BCE una prueba en un momento en el que su independencia está puesta en duda por algunos dirigentes europeos, como el francés Sarkozy. Para prevenir la falta de liquidez, los bancos inyectan masivamente dinero en los circuitos financieros. Más de 200 millones por parte del BCE, y más de 500 millones en total. Los bancos centrales de cada país se vuelven “prestamistas principales”, en términos del economista Elie Cohen.

Crítica alemana

Se trata en principio de tranquilizar, intentando que la economía esté saneada y no se trate sólo de un simple reajuste natural de la economía. El objetivo es evitar que los ciudadanos en general sean quienes paguen el precio de las quiebras. El dinero inyectado por el BCE es el que los ciudadanos europeos ponen sobre el mercado para sostener la economía americana y europea evitar una recesión que sería mala para todo el mundo.

De todas formas, rompiendo esta maquinaria bien engrasada, Alemania se muestra en desacuerdo y critica la actitud del BCE. Axel Nitschke, director de Economía de la Federación Alemana de las Cámaras de Comercio e Industria, acaba de sugerir también que el BCE mantenga los tipos de interés bajos para no frenar el crecimiento -muy perturbado por la crisis-. François Fillon, Primer Ministro francés, ha expresado la misma opinión, subrayando que el control de la inflación no debe ser el único objetivo del BCE.

Entre la espada y la pared, el BCE tiene que elegir: tranquilizar los mercados financieros de inmediato, lo que puede provocar un retroceso en el crecimiento de la Unión Europea; o bajar los tipos de interés y correr el riesgo de que se dispare la inflación y los precios de la vivienda y, con él, la burbuja inmobiliaria en países como España o el Reino Unido. Por ahora, el BCE se agarra a la indecisión: todos en stand by