Crisis en Hungría: la extrema derecha quiere enterrar al Primer Ministro

Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2006
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Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2006
En la plaza Kossoth de Budapest, manifestantes de extrema derecha y líderes opositores exigen juntos que el primer ministro Ferenc Gyurcsány dimita. Una semana después de que sus mentiras se desvelaran, sigue la crisis.

Llevamos ya seis días de protestas violentas en la calle con la capital húngara en una difícil situación y sin signos de que la cosa vaya a menos. Los enfrentamientos entre jóvenes y la policía se prolongan hasta altas horas de la noche. Ya hay 200 heridos y alrededor de 160 arrestados. El Primer Ministro ha declarado que el país se encuentra ante “la noche más oscura y más larga” desde la transición democrática en 1989. El lunes pasado, los manifestantes llegaron incluso a asaltar la sede de la Televisión Pública húngara, mientras uno de ellos gritaba: “Me siento como nuestros padres en 1956, hace 50 años. Esto es la revolución”.

Por la mañana temprano decido volver a la plaza Kossuth. De madrugada, 15.000 personas se plantaron delante del Parlamento exigiendo la dimisión de Gyurcsány, Ahora sólo el murmullo de las máquinas de limpieza en la tranquilidad de la plaza nos recuerda el trasiego nocturno. Me acerco a los pocos manifestantes que quedan y aún exteriorizan el shock y la excitación de la noche.

Picnics, ataúdes y mentiras

La agitación de toda esta semana en la plaza Kossuth la provocaron unas declaraciones del primer Ministro socialista Gyurcsány el domingo pasado. En ellas admitía que “ningún otro país en Europa ha montado la mascarada que hemos montado nosotros. El gobierno ha tenido que mentir durante los últimos dos años para ganar la selecciones.” Añadiendo: “Hemos mentido mañana, tarde y noche. No quiero seguir con esto”. Justo después de la reelección de Gyurcsány como primer ministro hace unos meses, el gobierno emprendió serias medidas de ajuste presupuestario para contener el déficit público y lanzar todas las reformas económicas necesarias. Aunque estos grandes recortes anunciados no son tan significativos como los que realizó en 1995 el ex primer ministro Bokros, van a pesar fuerte entre las clases medias.

Ahora bien, a la clase media no se la ve por ninguna parte. Unos 50 manifestantes permanecen tendidos sobre el césped de la plaza, frente al imponente edificio del parlamento. Los ultraderechistas y ultranacionalistas se han hecho dueños de este espacio. Pertenecen al Frente Nacional Húngaro, al Movimiento juvenil 64 condados, al Jobbik (Movimiento por una Hungría Mejor) y otros grupos venidos a desahogar su insatisfacción. Aquí y allá ondean banderas nacionales y símbolos ultraderechistas asediando uno de los símbolos arquitectónicos de Budapest, su Parlamento. En mitad de la plaza podemos ver sendos retratos del primer ministro socialista y del su socio de gobierno del partido liberal, Gábor Kuncze, como metidos en un ataúd y vestidos de negro bajo el siguiente lema: "Estamos enterrando el gobierno de Gyurcsany y no habrá resurrección para él”. Entretanto, siempre hay gente turnándose para lanzar sus soflamas continuas a través de un micrófono.

A pesar del carácter extremista de algunos manifestantes, en las calles adyacentes se sigue vendiendo como si nada galletas saladas (las famosas Pretzels) y banderas a los paseantes. Hay ambiente de tarde primaveral y de gente haciendo picnic de los años setenta. Algunos turistas entusiastas se acercan con cuidado a los manifestantes. Los medios de comunicación también se han reunido aquí: a veces, el número de periodistas y cadenas supera al de los manifestantes. Detrás del cordón de seguridad, uno 30 policías permanecen en guardia. Sus tiendas de campaña levantadas indican que piensan quedarse por un tiempo; por lo menos hasta después de las elecciones municipales del 1 de octubre.

Aprovechándose del escándalo

Según Viktor Orbán, líder del partido conservador y principal en la oposición, Fidesz, estas elecciones locales serán como un “referendo”. Los votantes dirán si quieren seguir con este gobierno o no. A su entender, las mentiras admitidas por los socialistas cuestionan “la legitimidad del actual gobierno”. Mientras tanto, dos otros parlamentarios del Fidesz arengan a los presentes venidos a desafiar al gobierno socialista.

A pesar de las manifestaciones aún activas, el primer ministro asegura que no dimitirá y que no se arrepiente de sus declaraciones. La reacción de los mercados de valores anuncian serias consecuencias sobre la economía y según un sondeo del Századvég Centre of Political Analysis’s and Forsene, el 45% de los húngaros encuestados desean que Gyurcsány dimita, mientras otro 48% prefiere que se mantenga en el gobierno. La mayoría condena los ataques a la sede parlamentaria.

Nadie sabe si los socialistas lograrán capear las revueltas que han sacudido la capital de Hungría. Fidesz, el principal partido de la oposición, podría cosechar los beneficios de este escándalo. Sea como sea, sus relaciones con la extrema derecha en la plaza de Kossuth no auguran nada bueno. El amplio despliegue policial nos sugiere que el enfrentamiento está lejos de saldarse aún.

Fotos: Judit Jàradi