Crisis en Tailandia: ¿Quién puede parar la represión?

Artículo publicado el 2 de Octubre de 2015
Artículo publicado el 2 de Octubre de 2015

El 17 de agosto, un atentado causaba 20 muertos en Bangkok. Aunque la investigación para encontrar a los autores de ese ataque con bomba aún está en curso, este episodio sangriento refuerza el clima de inseguridad que reina desde hace más de un año en Tailandia, y que la UE sigue a demasiada distancia. Lo desciframos.

Represivas, las fuerzas armadas controlan a los tailandeses en un ambiente que roza el de las peores dictaduras. Un proceso que Europa mira de lejos.

Las fuerzas armadas se burlan de los derechos humanos

Desde que el ejército tailandés dio un golpe de Estado y confiscó el poder el 22 de mayo de 2014, el régimen dirigido por el general Prayut Cha-O-Cha no para de aplicar medidas cada vez más represivas, que se traducen en un número creciente de arrestos arbitrarios dirigidos a toda persona que cuestione la monarquía o el poder militar. La palabra, proveniente de los ciudadanos o de los medios, está amordazada. 

Los periodistas son, de hecho, directamente atacados por las fuerzas armadas que desean ahogar todas las formas de resistencia. "¡No estás obligado a apoyar al gobierno pero debes contar la verdad!", habría espetado el general a un periodista. Una frase que dice mucho sobre el hundimiento de Tailandia en un clima inquietante, similar al que podemos encontrar en las grandes dictaduras mundiales.

Es en este sentido, las manifestaciones o las concentraciones pacíficas están ahora estictamente prohibidas bajo pena de prisión. Desde la instauración de la ley marcial, las reuniones de más de cinco personas están igualmente prohibidas. "Estos arrestos arbitrarios masivos son una violación flagrante de los compromisos internacionales de Tailandia en materia de derechos humanos. Se trata claramente de una política de persecución y de una tentativa de reducir la oposición al silencio", declara Richard Bennett, director de Amnistía Internacional

Las acusaciones de crímines de lesa humanidad se han multiplicado desde la llegada del régimen militar al poder. Lejos de permanecer ajeno a esta crisis, el rey Bhumibol, considerado como un semi-dios en Tailandia, apoya la acción llevada a cabo por Prayut Chan-ocha, quien la justifica precisamente como una voluntad de preservar la monarquía.

Según la junta militar, la democracia es una amenaza para la monarquía. Una amenaza que simbolizan los dos últimos primeros ministros elegidos por el pueblo, los hermanos Shinawatra, ambos destituidos después por golpes de Estado. Bajo el pretexto de querer favorecer la "reconciliación nacional" entre los pros y los anti-Shinawatra, las fuerzas armadas extienden desde hace más de un año su influencia sobre el pueblo tailandés y debilitan cada día más el aparato democrático establecido. Las próximas elecciones han sido aplazadas y el general Prayut no muestra, por el momento, intención alguna de querer soltar los mandos del poder.

A día de hoy, cientos de personas han sido forzadas a seguir unas "sesiones de ajuste del comportamiento", unas llamadas al orden intensivas en comisaría que tendrían como objetivo poner en su lugar a todos los individuos que se hayan atrevido a levantar la voz contra el régimen militar. La libertad de expresión y de actuación es un recuerdo lejano para los tailandeses que permanecen impotentes frente a este aumento de la represión. En plena angustia e incapaces de luchar bajo pena de acabar en prisión o de verse condenados a muerte, el pueblo tailandés se encuentra igualmente muy solo frente a la instauración de lo que parece una dictadura. La comunidad internacional, por el momento, desempeña el papel de observadora, dejando que el caos se instale en el territorio tailandés.

Los vínculos con la UE, rotos

Desde la llegada de la junta militar al poder, los vínculos entre Tailandia y la Unión Europea se han empobrecido considerablemente. Socio comercial importador del Reino, la Unión ha hecho saber desde el principio que solo un plan preciso de vuelta a la democracia podría permitir garantizar de nuevo su apoyo.

"Seguimos el desarrollo actual con gran inquietud", declaró el año pasado la alta representante de la diplomacia europea Catherine Ashton, para después añadir: "Llamamos a los dirigentes militares a que liberen a todos aquellos que han sido arrestados por razones políticas estos últimos días y a que abolan la censura".

Por el momento, los acuerdos, ya sean de naturaleza diplomática o comercial, entre la UE y Tailandia están suspendidos. Las negociaciones entre ambas partes en el seno de la ANSA permanecen en punto muerto, penalizando a la economía tailandesa. Las visitas oficiales han sido igualmente interrumpidas en espera de la promesa de una vuelta al orden constitucional.

Frente a la crisis en Tailandia, la UE ha elegido cesar todo diálogo con el Reino, esperando que esto ejerza presión sobre el régimen dictatorial. Los últimos meses han demostrado que esto no era suficiente y que la influencia del ejército sobre el pueblo tailandés iba in crescendo. Esperando influir sobre el poder establecido y favorecer la vuelta a la democracia en el país, la Unión debe, pues, volver a la mesa de negociaciones con una estrategia más ofensiva y no puede contentarse con sacar a Tailandia de su círculo de socios para debilitar al general Payut y sus fuerzas armadas.