Crisis inmobiliarias sureñas: Florida se repone, España se empantana

Artículo publicado el 15 de Octubre de 2012
Artículo publicado el 15 de Octubre de 2012
Florida y España vivieron un “boom” inmobiliario cimentado en el crédito barato y que les reportó datos macroeconómicos brillantes. Sin embargo, sus economías se resintieron gravemente al reventar la burbuja. Mientras Florida se recupera, parece que España ha embarrancado en la crisis. ¿Por qué?

Antes de la crisis, España fue uno de los pocos Estados miembros de la Unión Europea que cumplió el objetivo de déficit del 3% desde su introducción tras Maastricht. Es más, España obtuvo en la mayoría de ejercicios importantes superávits. Al mismo tiempo, el sector privado, empresas y hogares se financiaron de forma excesiva con crédito extranjero. De acuerdo con los criterios de Maastricht, la economía española se comportaba de forma excelente; no obstante, la deuda extranjera masiva auspició una burbuja. Algo parecido sucedió con el mercado inmobiliario de Florida, en los Estados Unidos. El mensaje era el siguiente: siempre habrá demanda de casas en el soleado sur.

Cuando reventó la burbuja inmobiliaria, ambos estados debieron afrontar problemas similares. El precio de la vivienda entró en caída libre, la actividad económica se resintió, el desempleo subió notablemente y el déficit ascendió hasta niveles explosivos. En España, la tasa de desempleo se sitúa hoy en un doloroso 24,5% de la población activa, el déficit no desciende pese a brutales recortes y el sistema bancario es débil. Como el Estado no dispone de los mecanismos para apoyar a los bancos por sí solo, la UE acordó un plan de rescate para las entidades financieras españolas. A pesar de todo ello, el sistema bancario, debilitado, sigue dejando a la economía real en la estacada.

El paro en Florida asciende al 8,8% —una tasa muy elevada tratándose de un estado estadounidense— y su mercado inmobiliario sigue sin levantar cabeza. Sin embargo, las diferencias son notables. Mientras el Gobierno español —y la mayoría de autonomías— ejecutan un recorte tras otro y las protestas sacuden las calles, Florida se recupera sin prisa pero sin pausa. ¿Es esta la recompensa por el trabajo bien hecho durante años? De ninguna manera.

Ambas estallaron y golpearon estos dos estados; sin embargo, ¿por qué España sigue sumergida en la actual crisis?

Una de las diferencias más importantes entre ambos estados es la discutida unión fiscal estadounidense. En los años del “boom” inmobiliario, Florida contaba con tasas de paro bajísimas, un crecimiento económico fuerte y una alta recaudación de impuestos. Lo recaudado en Florida engrosaba de forma notable el presupuesto del Gobierno de Washington y era redistribuido, al menos en parte, a estados federales con economías más débiles. Ello sirivió también para enfriar una economía local sobrecalentada. Si en la Unión Europea se hubiera actuado conforme a los principios estadounidenses, eso habría significado, por ejemplo, que en los años en los que Alemania reformó su economía (a partir del año 2000), el país germano habría sido apoyado por una España con altas tasas de crecimiento, o, al menos, habría reducido su contribución a las arcas comunitarias.

El estado de Florida y su economía fueron de los más afectados por la crisis. El Gobierno de los EE. UU. destinó entonces partidas importantes del presupuesto federal a proyectos sociales y al subsidio de desempleo y, al mismo tiempo, apoyó el sistema financiero. De esta manera, se suavizaron los efectos negativos y la economía de Florida tuvo tiempo para reestructurarse. Nada de eso ha sucedido en España: las crisis golpearon al mismo tiempo varios países, lo que le ha impedido recibir ayuda exterior y ha conducido a una rápida pérdida de confianza en los bancos y en la economía del país, así como en el propio Estado español. Una coyuntura que finalmente ha sembrado dudas sobre la pertenencia de España a la eurozona.

Se trata de redistribuir recursos entre estados con un fuerte crecimiento y estados con una economía estancada.

Hay mecanismos de garantía comunes que podrían aliviar notablemente esos problemas. Por ejemplo, la posiblidad de introducir un montante reducido que pueda servir de base común para la prestación de desempleo y la cotización de la seguridad social, como propuso recientemente el ministro de Economía francés. A partir de ese mínimo, cada Estado podría aumentar la prestación con fondos propios. Financiar en una pequeña parte las cotizaciones de la seguridad social podría suavizar cambios de coyuntura económica fuertes en los distintos Estados miembros de la UE.

En esencia, este es un modelo que no trata de redistribuir recursos entre estados ricos y estados pobres, sino entre estados con un fuerte crecimiento económico y estados con una economía estancada o en recesión. El modelo puede concebirse como una suerte de válvula de compensación a escala europea. En la situación actual, un modelo así daría oxígeno a los Estados miembros en crisis, así como también algo de tiempo para llevar a cabo reformas económicas que no quedaran en papel mojado tras el siguiente paquete de recortes.

De todos modos, para avanzar en una pequeña unión fiscal como la propuesta, se requeriría tomar decisiones políticas valientes. Los Estados tendrían que consensuar a escala europea partes de la política social, así como dotarla de fondos. También deberían reforzarse las instituciones comunes y afianzar su responsabilidad democrática para con el pueblo, ya que solo así un modelo como el propuesto puede funcionar y obtener, al mismo tiempo, la aprobación ciudadana.

Imágenes: portada, © Adrien le Coärer; texto, (cc) Jorgemente.es/Flickr.